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Viernes
18 de febrero de 2005
El
Protocolo de Kioto entra en vigor sin EEUU
Kiotismo,
como fascismo y comunismo
Por
Óscar Gutiérrez*
El
Protocolo de Kioto elaborado por Naciones Unidas para la reducción
de las emisiones de gases de efecto invernadero ha entrado en vigor
(16 de febrero). Doce años después de que Río
de Janeiro celebrase la primera Cumbre de la Tierra, Kioto es una
realidad con el apoyo de 141 países firmantes. EEUU ocupa
el primer puesto en el ranking de contaminantes (25% de
emisiones de CO2), pero no está en
Kioto. Y esto a pesar de que el estadounidense es el ciudadano que
más contamina del mundo. La negativa de EEUU es defendida
por las grandes petroleras estadounidenses a través de loobys
de científicos que han enumerado los supuestos perjuicios
de Kioto para la humanidad.
Los mismos perjuicios que, según estos científicos,
trajeron consigo comunismos y fascismos.
"El protocolo de Kioto es destructivo para la ciencia y el
medio ambiente, para la salud pública, la seguridad, la economía
y la lucha internacional contra el hambre y la pobreza". Son
palabras extraídas de un artículo publicado en Financial
Times (14 de noviembre de 2004) por Andrei Illarionov, miembro
de la Scientific Alliance, organización británica
de científicos escépticos con el cambio climático.
Illarionov añade: "El kiotismo es una cortina de humo
que como el fascismo y el comunismo ataca las libertades fundamentales
del hombre". Las palabras de Illarionov son un ejemplo no aislado
de lo que Bob May, presidente de la Royal Society británica,
ha denominado "lobby de escépticos profesionales"
y que financiados por las compañías petroleras de
EEUU, sobre todo en los años 90, sigue hoy aún "activo".
Entre las petroleras que señala May está Exxon Mobil,
valuarte financiero del Instituto George C. Marshall (al que aportó
90.000 dólares en 2003) y que en su último trabajo
minimiza los efectos del calentamiento global. Su colaborador en
ese estudio: la Scientific Alliance de Andrei Illarionov.
¿Por qué los lobbistas estadounidenses miran
ahora hacia Londres? Porque el primer ministro británico,
Tony Blair, lidera el G-8 (las siete mayores potencias más
Rusia) justo en el momento en el que el protocolo de Kioto ha entrado
en vigor para que 30 países empiecen ya a reducir el efecto
invernadero de la Tierra. EEUU no está entre ellos. Y esto
a pesar de que su anterior presidente, el demócrata Bill
Clinton, dejó una patata caliente a George W. Bush con la
firma de Kioto. Bush se limitó a retirar la firma a principios
de 2001. Kioto, ha defendido el actual inquilino de la Casa Blanca,
es un protocolo injusto si sólo mira a los países
industriales (no exige nada a China), además de que puede
causar la pérdida de millones de puestos de trabajo. Y aunque
hoy la tasa de desempleo en Estado Unidos se sitúa ligeramente
por encima del 5%, en los dos primeros años de su mandato,
sin que Kioto tuviera nada que ver, más de tres millones
de estadounidenses se quedaron sin trabajo.
Dudas
sobre el calentamiento global. Kioto establece que los
países firmantes reduzcan sus emisiones contaminantes para
el periodo 2008-2012 en una media del 5,2% con respecto a 1990.
EEUU, si no se hubiera desvinculado, tendría que reducirlas
un 6%. Pero Washington ha elaborado un plan alternativo en el que
se ha comprometido a reducir hasta un 12% la ‘intensidad’
de sus emisiones. Intensidad medida en relación al PIB, en
relación a la marcha de su economía y, por tanto,
en relación a algo que poco tiene que ver con el medioambiente.
La actual Administración republicana se ha atrevido incluso
a poner en entredicho la gravedad del calentamiento de la tierra.
Hoy ya pocos lo hacen.
"No hay duda de que el clima del planeta está cambiando".
Dennis Tispak ha sido el presidente de la cita ‘Evitar el
peligroso cambio climático’ celebrada los primeros
días de febrero en Exeter (Reino Unido). Entre las conclusiones
más alarmantes: nueve de los últimos 12 años
han sido los más cálidos desde que hay mediciones
de temperatura; se prevé un aumento de la temperatura de
entre 1,4 y 5,8 grados centígrados hasta 2100; el 75% de
los glaciares de la península antártica están
en regresión; el nivel del mar ha subido entre uno y dos
milímetros al año el último siglo; la acidez
del CO2 en el mar, a unos niveles que no se
conocían en 20 millones de años, está acabando
con los corales; y plantas y animales aceleran su reproducción.
Pruebas del cambio climático hay muchas, como también
hay consecuencias: deshielo, subida del nivel del mar, riadas, sequías,
especies en extinción, nomadismo, inundación de poblaciones
de bajo litoral, desaparición de cultivos básicos.
El
estadounidense, el que más contamina. Incluso en
la Agencia de Protección del Medioambiente de EEUU (EPA),
que ya en 2002 reconoció que existe calentamiento global
gracias a los abusos del hombre en el refino del petróleo,
la generación de electricidad y la combustión de los
vehículos, se reconoce que la Tierra se calienta. Según
sus datos, el estadounidense medio emite cada año 6,6 toneladas
de gases de efecto invernadero, una cantidad que no supera el ciudadano
de ninguna otra nacionalidad. Como tampoco es superable EEUU como
el mayor contaminante mundial con un cuarta parte de las emisiones
totales de CO2.
La EPA es la misma agencia a la que los presupuestos que Bush acaba
de llevar al Congreso recortan un 6% en detrimento del gasto general
en defensa más el extra de la campaña Irak-Afganistán.
Otros indicadores sobre contaminación medioambiental no dejan
en tan mal lugar a Estados Unidos. Expertos de las Universidades
de Yale y Columbia (EEUU) han presentado el ‘Índice
de Sostenibilidad Ambiental 2005’, un ranking de
146 países en el que se mide, entre otras cosas, la emisión
de gases de efecto invernadero o la calidad del agua. EEUU se encuentra
en el puesto 45, no muy mal situado (Reino Unido está en
el 66), pero muy lejos de su octavo lugar entre los países
más desarrollados según los criterios de Naciones
Unidas.
La negativa de EEUU a Kioto, sin embargo, no es unánime.
Han sido ya muchas las transnacionales estadounidenses que han guiñado
un ojo a la compra-venta de emisiones de efecto invernadero que
prevé Kioto para facilitar su cumplimiento (los países
que superen su nivel de emisiones tienen la ‘oportunidad’
de comprar derechos de emisión a otros países menos
contaminantes). Y lo han hecho reunidas en torno al programa ‘Intercambio
Climático de Chicago’ en el que participan firmas como
Ford, Baxter, Dupont, Motorola o IBM.
El motivo de este guiño es que estas empresas nacen en EEUU,
pero negocian con países donde Kioto entra en vigor. Empresas
que dan un empujón más al país que más
contribuye al efecto invernadero para que el vigor de Kioto, con
EEUU de su lado, frene de verdad el calentamiento de la Tierra.
* Periodista
de la Agencia de Información Solidaria (AIS)
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