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Viernes
4 de marzo de 2005
El
país latinoamericano derrota a Washington en la OMC
Las
extrañas conexiones entre Brasil y EEUU
Por
María Blasco
El Gobierno
de George Bush ha vuelto a sufrir una derrota en la Organización
Mundial del Comercio (OMC). Brasil ha ganado la batalla legal contra
los subsidios que concede Washington a los productores de algodón.
Pero curiosamente este fallo se conoce un día después
de que la Administración de Lula tomara dos decisiones clave
que favorecen a empresas estadounidenses: eliminar las tarifas para
la importación de una multitud de productos de acero y autorizar
el cultivo de productos transgénicos.
De hecho, Lula
tiene mucho que agradecer a EEUU por su triunfo en la OMC, organismo
que acaba de declarar que los subsidios que concede Washington a
los productores de algodón estadounidenses (más de
25.000), que tanto perjudican a los campesinos brasileños,
son contrarios a las leyes comerciales.
EEUU ha perdido,
en parte, su batalla porque la compañía más
activa del lobby estadounidense que presionaba en la OMC
a favor de los intereses de EEUU quedó fuera de juego justo
en el momento oportuno. Esa empresa es Emergent Genetics (EG), una
compañía estadounidense que controla el 12% del mercado
del algodón en EEUU y que el pasado 17 de febrero fue adquirida
por Monsanto, otra firma norteamericana, con lo que la estrategia
de lobby de EG quedó prácticamente desactivada.
Y curiosamente
Monsanto es un gigante del sector de la biotecnología, con
lo que es también una de las empresas que más se van
a beneficiar de la reciente aprobación en el Congreso brasileño
de una ley que legaliza la investigación, el cultivo y la
comercialización de productos genéticamente modificados
(transgénicos), proyecto que se aprobó tan sólo
un día antes de conocerse el fallo de la OMC.
Parece por tanto
que Monsanto ha hecho un favor a Brasil y el Gobierno de Lula se
lo ha devuelto. Pero hay alguna coincidencia curiosa más.
También
poco antes de que se hiciera pública la decisión de
la OMC respecto al algodón, Brasil anunció la eliminación
de las barreras arancelarias para 15 productos de acero de los que
se utilizan en la fabricación, por ejemplo, de vehículos
o maquinaria. Hasta ahora estas compras eran gravadas con una tasa
que oscilaba entre el 12% y el 14% de su valor.
El argumento
con el que el Gobierno de Lula ha justificado esta decisión
tiene que ver con la situación de los precios en Brasil.
Esperan que la eliminación de estas barreras a la adquisición
de bienes en el exterior impidan el aumento de los precios del acero
en el mercado doméstico. De esta manera se contribuiría
a controlar la inflación y daría margen al Banco Central
para reducir la tipos de interés de referencia, recortes
que demandan las empresas, los consumidores, los banqueros y miembros
del propio Ejecutivo brasileño.
Pero, en definitiva,
¿a quién beneficia esta decisión? Pues entre
otras, a las empresas estadounidenses del sector siderúrgico
y metalúrgico, compañías que han pasado muchos
apuros financieros y a las que Bush ha dedicado una especial atención
desde que llegó al poder. De hecho, creó para ellas
un arancel similar al que Brasil acaba de eliminar con el fin de
preservarlas de la competencia extranjera. Ahora, esas firmas tendrán
un nuevo y gran mercado que explotar, Brasil.
Parece que Bush
ha perdido una batalla en la OMC que perjudica a los algodoneros,
pero a cambio dos de los sectores estratégicos de la industria
estadounidense, el biotecnológico y el siderúrgico,
acaban de llevarse una gran alegría de la mano de Brasil,
el país que ha derrotado a Washington.
Además,
no parece que el presidente estadounidense esté ahora tan
interesado en defender a los productores de algodón. Basta
recordar que en el Presupuesto que se ha presentado para el ejercicio
fiscal de 2006 (que todavía tiene que ser debatido y aprobado),
el Gobierno ha propuesto ya un recorte de sus subsidios del 5%.
Brasil tampoco
sale mal parada de este cruce de intereses. Monsanto le ha hecho
un gran favor en la OMC y, además, sus empresas han iniciado
una lenta pero segura incursión en el mercado estadounidense.
Ese es el caso
de Votorantim que recientemente ha adquirido a la empresa mexicana
Cemex dos plantas de fabricación de cemento en EEUU o el
Grupo Gerdau, que fue pionera en la penetración norteamericana
con la compra hace 10 años de la siderúrgica de Florida,
Ameristeel, el sector que curiosamente más esta tirando de
la producción brasileña. Su rentabilidad en 2004 fue
del 19%, la mayor de todos los sectores industriales.
BSL
USA MCR
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