| |
|
Viernes 4 de marzo de
2005
Un informe del Fondo desata una agria polémica en el
sector financiero del país latinoamericano
El FMI ataca y los
bancos brasileños responden
Por Gema
Velasco
Cuatro párrafos
de un informe de 120 páginas elaborado por el FMI han bastado
para generar un gran revuelo, y un gran enfado, en el sector
bancario de Brasil. Entre otras lindezas, el FMI afirma
que las entidades financieras del país latinoamericano prefieren
comprar títulos de deuda antes que prestar, que la concentración
es excesiva y la intermediación demasiado cara. Y todo esto
se da a conocer precisamente en el momento en el que los bancos
están presentando sus cuentas de 2004, los mejores resultados
de su historia. Fuentes del sector aseguran a Americaeconomica.com
que la información del FMI es "sensacionalista" y que algunos
de los problemas de los bancos brasileños tienen su origen en
las políticas del Gobierno de Lula.
El momento
elegido por el FMI para publicar su informe no podía haber sido
más inoportuno. Mientras el Fondo asegura que el sector no es
competitivo, que cobra demasiado y que no presta al sector productivo,
la prensa internacional se hace eco de los espectaculares resultados
obtenidos por las entidades brasileñas en 2004. Algunos
titulares hablan incluso de "los mimados" de Lula, en referencia
al hecho de que desde que el presidente brasileño llegó al poder
su rentabilidad no ha dejado de crecer.
La rentabilidad
del sector (descontada la inflación) fue del 18,4% en 2004,
más de tres puntos porcentuales por encima de la media conseguida
por las entidades estadounidenses. Los beneficios de los 15
principales bancos brasileños aumentaron un 32,9% respecto
al año anterior hasta los 1.461 millones de dólares (1.112 millones
de euros), según la consultora Austin Record.
Pero a los
bancos brasileños no les gusta esa imagen de generadores de
'super beneficios' y quieren matizar los datos. En un comunicado
oficial, la Federación de Bancos de Brasil (Febraban) habla
incluso de bajadas de rentabilid y se señala que en el propio
informe en el que el FMI critica a los bancos aparece una tabla
en la que se muestra que las entidades brasileñas son las que
tienen la menor rentabilidad patrimonial (ROE) de toda la muestra
(que incluye a Argentina, Chile, Colombia, México, Paraguay,
Perú, Venezuela, EEUU, Japón y Europa), con una caída del 0,4%
frente al 3,2% de Argentina o el 12,4% de Paraguay. Claro que
no explican que los datos de la tabla se refieren al año 2000.
En 2004,
las cosas fueron mucho mejor, pero no tanto como se dice. Eso
opina el analista
jefe de la Federación de Bancos de Brasil (Febraban), Roberto
Luis Troster, quien ha asegurado a Americaeconomica.com
que los "resultados obtenidos no son tan espectaculares
ni el sector es el más rentable del país". De hecho, afirma
que entre 1994 y 2003, la rentabilidad de los bancos superó
a la de las empresas, pero precisamente este año se han invertido
las cosas y la rentabilidad del sector productivo, liderado
por las empresas siderúrgicas y metalúrgicas, se incrementó
un 19% frente al 18,4% del financiero.
Los
créditos. Y esta evolución ha sido posible precisamente
porque los bancos han expandido un 20% su oferta de crédito,
de forma "que hay más recursos para que la industria invierta
y más dinero para que el consumidor compre", comenta Troster.
Con esta afirmación se rebate otro de los argumentos que ha
utilizado el FMI para criticar al sector bancario brasileño.
Según el
organismo, los préstamos representan una mínima parte respecto
a sus activos totales, un 30% frente al 68% de sistema en EEUU,
y eso a pesar de que la cuota de activos en porcentaje del PIB
es similar en los dos países, en torno al 60%.
Desde el
sector responden a esta afirmación y recuerdan que en 2004 se
ha avanzado mucho en respecto a la expansión del crédito,
en general creció un 17,6% y el concedido a las personas físicas
un 28,9% "gracias a las mejoras económicas y a la posibilidad
que se ha dado este año a las entidades de comercializar créditos
de consignación", señala un experto. Estos últimos son
préstamos concedidos a los empleados que las empresas van descontando
de la nómina.
Inversión en deuda. En cualquier caso, los
propios banqueros reconocen que, a pesar de los avances, la
relación crédito/PIB es muy baja y uno de los motivos es que
a las entidades financieras le sale más rentable invertir en
deuda pública que financiar la economía del país. El porcentaje
de beneficio que consigue el banco cuando la fuente de ingresos
son las comisiones (que representan ya el 20% de los resultados
totales) o los préstamos es del 8%, mientras que en el caso
de los bonos es del 11%.
Esta actitud
también ha sido críticada por el Fondo. Y en este caso, las
entidades financieras también se defienden. Roberto Luis Troster
afirma que en 1994 por cada 1,2 reales que prestaban los bancos,
uno iba destinado a financiar al Estado, mientras que en 2004
esa relación se ha reducido hasta destinar sólo 0,5 reales.
Además, aseguran que el negocio es tan jugoso porque los intereses
son muy altos "debido a que el Gobierno gasta mucho", pero que
no se trata de un comportamiento "que incentiven los bancos
sino que simplemente las entidades se adaptan".
Demasiado caro. Otro de los aspectos
negativos que destaca el FMI es el hecho de que la intermediación
es demasiado cara, pero los bancos explican que de los costes
no se habla. Según algunas estimaciones, de cada real que ingresan
los bancos, 0,925 reales son costes y sólo 0,075 se transforman
en beneficios. Factores como la alta fiscalidad o el hecho de
que el Gobierno dirija parte de la cartera de crédito (por ejemplo,
obliga a que el 8,75% del volumen total de préstamos se destine
al sector agrario) son los que explican estos excesivos costes,
según explican fuentes del sector bancario.
Sin embargo,
para el Fondo esta situación se genera por el hecho de que el
sistema no es competitivo: A pesar de que mantienen
una cartera pequeña de préstamos, los beneficios obtenidos por
cobros de intereses son la principal fuente de ingresos, "son
mucho más elevados que en EEUU o el área euro, donde la competencia
introducida por la globalización de los servicios bancarios
se ha traducido en una reducción de los spreads", afirma
el informe del FMI.
Concentración.
Uno de los motivos por los que el sistema no es competitivo
es el hecho de que el sector está muy concentrado, según el FMI. Una
afirmación que niegan tajantamente los banqueros brasileños que
critican el hecho de que en el estudio se "induce al lector a pensar
que las entidades financieras brasileñas actúan como un cártel,
cuando en los propios datos que ofrece el informe se niega que
exista esta posibilidad".
Sin embargo,
sí que es cierto que el sector experimentó una notable
transformación, la más importante de su historia, entre 1994 y 2003.
El número de bancos se redujo desde 246 a 164. Este incremento de la
concentración se explica en parte, según un estudio publicado por
Febraban, debido a la introdución de la Resolución 2099 que exige a
los bancos, además de mantener un determinado porcentaje de recursos
propios en relación a sus activos, apalancar también una cantidad
mínima de capital en términos absolutos, lo que obligó a muchos
bancos a cerrar.
Los banqueros
destacan el hecho de que en todo ese proceso, Brasil supo mantener
a raya a los bancos extranjeros y en estos momentos "la participación
de las entidades foráneas en el sistema en relación con los
activos, los depósitos y los créditos" es la segunda menor de
los principales países del subcontinente, sólo por detrás
de Colombia.
Exigencias al Gobierno.
A
pesar del enfado de los bancos brasileños con el FMI, hay varios
asuntos en los que están de acuerdo. Aunque en público no se
oyen las quejas, en el sector bancario privado hay cierto malestar
por el "monopolio" que ejerce la banca pública, entidades que
consiguen la financiación más barata debido a que se les exige
una prima inferior al contar con el aval del Estado.
También
coinciden en que la intermediación financiera en el país es
escasa. Según los bancos brasileños, está manos del Gobierno
corregir esta situación. Las reclamaciones son básicamente cinco:
Quieren una reducción de la presión fiscal, acabar con los subsidios
cruzados (cobran tarifas por debajo del precio de coste a determinados
grupos de población), mejoras institucionales urgentes para
que los bancos tengan más garantías a la hora de cobrar deudas,
acabar con la economía sumergida en el sector laboral
porque supone que las empresas que operan en negro no dan la
información adecuada a las entidades financieras, y una reducción
de los tipos de interés. Este
último asunto depende del Banco Central y el sector confía en
que la tasa selic comience a caer en el medio plazo.
EUR PLT
|
|
|