Viernes, 4 de marzo de 2005

 

Tabaré: giro Moderado

Por Juan Varde
(Montevideo)

 

Por primera vez en 174 años se rompe el bipartidismo en Uruguay, nación acostumbrada a colorados y blancos, hoy la centroizquierda, de la mano de Tabaré Vázquez, llega al poder. Los grandes desafíos que lo esperan son la deuda externa y la reducción de la pobreza.

En un clima de esperanza y alegría popular, el doctor Tabaré Vázquez asumió la Presidencia del Uruguay y produjo con sus primeras acciones un tranquilizante mensaje de moderación. Si de cambios se habla, dejó algunos temas en claro: que el giro histórico iniciado en Uruguay no será sólo una cuestión de forma, que el centroizquierda tiene un proyecto alternativo que no pasará, seguramente, por aristas extremas y que hará lo imposible en honrar la esperanza que la mayoría de los uruguayos depositó en el en octubre pasado.

Su compromiso será encaminar al país en una reforma progresista y responsable, demostrando coherencia con sus anteriores declaraciones, tanto en la campaña presidencial, como durante la larga transición.

Todo hace suponer que el camino a transitar por Tabaré lo ubica hacia el pragmatismo de la izquierda republicana que hoy demuestra Chile, que indudablemente le ha resultado de lo más `rentable’, hasta tal punto que Chile se jacta de ser, junto a México, de lo más confiable dentro de la región.

Vázquez representa a una nueva clase de izquierdistas pragmáticos de América Latina que esperan combinar la calidez humana de los objetivos sociales de la izquierda ortodoxa con un renovado aprecio por el delicado equilibrio del cálculo económico. De hecho la designación del Dr. Danilo Astori, encargado de conducir el difícil camino de las reformas estructurales que necesita la economía uruguaya para mantener el crecimiento y hacer frente a los compromisos contraídos, es un dato más que tranquilizador, lo que marca cuál es el camino del presidente Vázquez.

Vázquez se comprometió a combatir frontalmente la corrupción, garantizar el respeto por los derechos humanos en un amplio sentido, priorizando tres valores fundamentales: libertad, solidaridad e igualdad de oportunidades. La alimentación, la salud y la educación serán derechos indelegables de todos lo uruguayos.

Por cierto el desafío es enorme, pero lo es no sólo para la nueva Administración, sino para toda la sociedad uruguaya y fundamentalmente para los tradicionales partidos Colorado y Blanco, que desde ahora deberán aprender a convivir como oposición, en un clima de total madurez y convivencia política.

El pueblo uruguayo, así lo espera.

RGY PLT

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