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Jueves 17 de marzo
de 2005 El consejero delegado de General Motors, Rick Wagoner, pasó el miércoles uno de los días más amargos en sus cinco años de gestión de la compañía, cuando tuvo que reconocer que en los últimos seis meses la firma automovilística había perdido más de 1.000 millones de dólares. Rick Wagoner achacó este desastre de las cuentas de su compañía a dos circunstancias. En primer lugar, el consejero delegado de General Motors aseguró que la obligación de solventar la cobertura sanitaria de todos sus empleados, tanto los que permanecen en activo, como los que ya se han jubilado había minado la salud financiera de la empresa. La compañía
invirtió el pasado año 2.100 millones de dólares
en pagar los gastos sanitarios de 1,1 millones de individuos, lo que
supone el 0,4% de la población de EEUU. El consejero delegado
recriminó a la Administración Bush no haber hecho nada
al respecto. Sin embargo, es en EEUU donde se perciben de forma más nítida las débiles ventas de General Motors, mientras que en otros mercados evolucionan de forma correcta. Por este motivo, el Consejo de la multinacional, que según palabras de Wagover, siguen apoyando su gestión, han aprobado una reducción de la producción para el mercado estadounidense del 10% y no se descarta que se realicen otros recortes adicionales en los próximos meses. Un
día negro. El precio de las acciones de la firma cayó
un 14%, el mayor descenso en una sola sesión desde octubre de
1987.Además los títulos cerraron a 29 dólares,
lo que supone la cotización más baja de General Motors
desde noviembre de 1994. Por si fuera poco, Fitch y S&P le rebajaron
el rating de deuda viva a la compañía, que está
a un solo paso de convertirse en bonos basura.
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