Viernes 4 de marzo de 2005


El ex presidente de WorldCom, a punto de ser condenado

Bernard Ebbers, el presidente que no sabía nada

Por El Boletín de las Telecomunicaciones

Durante cinco semanas, el juicio caratulado "el Estado contra Bernard Ebbers y otros" ha repasado una de las historias de ascenso y caída más espectaculares que haya vivido el sector de las telecos. Protagonista: el hombre que, partiendo de una minúscula telefónica local en Mississippi construyó WorldCom, absorbió MCI arrebatándosela a la entonces todopoderosa BT, las fusionó para crear el segundo operador telefónico de EEUU y, desde lo más alto, la llevó a la quiebra.

Acusación: fraude fiscal, falsificación de documentos y manipulación contable, por valor de 11.000 millones de dólares. Veredicto: pendiente de sentencia al cierre de esta edición.

Uno de los seis inculpados, Scott Sullivan, director financiero y número dos de la compañía, de entrada se reconoció culpable y aceptó declarar como testigo contra Ebbers, con quien dijo haber concertado la maniobra para falsear la contabilidad y así evitar la pérdida de confianza de los analistas, que estaban mosqueados. Sullivan pactó colaborar con el Departamento de Justicia a cambio de un trato más benévolo en el proceso judicial.

La acusación pública sostuvo que aquella conspiración fue motivada por la presión que los bancos ejercían sobre Ebbers, a quien habían prestado 400 millones de dólares con garantía de sus acciones de la empresa. El fiscal cerró su alegato con un burlón juego de palabras: "WorldCom se convirtió en WorldCon" [traducción: Timo Mundial]

Ebbers, según se expuso en el juicio, era un hombre tan obsesionado con el recorte de costes, que decidió cancelar el servicio de café al personal para ahorrar cuatro millones de dólares. Pero cuando su director financiero reclasificó pagos a proveedores por miles de millones, apuntándolos como inversiones, no se dio cuenta de lo que estaba pasando, según su peculiar línea de defensa.

El empresario fallido, al que se conocía como el ‘vaquero’, optó por mostrar al tribunal un perfil de hombre hecho a sí mismo, que trabajó como lechero y entrenador de baloncesto tras fracasar en sus estudios secundarios y, casi por casualidad, probó suerte en los negocios.

El único mérito de su carrera - según explicó - consistió en contratar colaboradores de talento para ocuparse de asuntos sobre los que no entendía gran cosa. "No sé nada de contabilidad y apenas comprendo la tecnología", declaró Ebbers. Cuando su abogado defensor le preguntó intencionadamente por la contradicción entre su ignorancia y la gestión de una gran empresa, el acusado se puso socrático "Sólo sé lo que no sé".

Villalonga. Como es natural, durante el juicio no se mencionó para nada un pequeño detalle en la biografía de Ebbers (Bernie para los amigos). En marzo de 1998, firmó un acuerdo con Juan Villalonga, a la sazón presidente de Telefónica, en virtud del cual ambos grupos habrían de "abordar en común oportunidades de negocio en Europa, EEUU y Latinoamérica".

Aquel acuerdo no dio más frutos que la incorporación de altos directivos de WorldCom (exactamente el ex presidente de MCI, Bert Roberts) al consejo de administración Telefónica.

No obstante, en dos años, Roberts acudió un par de veces a la sede de Telefónica en Madrid, que se encuentra en Gran Vía 28, hasta que en noviembre de 2000, cuatro meses después de la salida de su aliado Villalonga, cesó en el cargo y nunca más se supo.

 

 


   

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