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Viernes
11 de marzo de 2005
España
tiene previsto firmar acuerdos con Perú, Costa Rica, Bolivia,
El Salvador, Ecuador y Bulgaria para fomentar inversiones limpias
de empresas españolas
Historia
y balance del Protocolo de Kioto
Por
Alberto Miguel Arruti
El Protocolo de Kioto, que afecta a gran parte de la industria,
como es, por ejemplo, la siderúrgica, constituye uno de los
proyectos más ambiciosos para luchar contra la contaminación
del planeta, al tiempo que para establecer cierta racionalización
del progreso y una determinada igualdad entre las naciones de la
Tierra. Después de un largo proceso de negociación,
auspiciado por la ONU, fue firmado en 1997 por más de 180
países. Pretende reducir las emisiones a la atmósfera
de gases, que producen el efecto invernadero. De estos gases, el
más importante es el dióxido de carbono (CO2).
No
limitar estas emisiones pone en peligro la estabilidad del clima
e, incluso, el equilibrio ambiental en el que vivimos. A la larga,
y según algunos científicos, corre peligro la propia
supervivencia de nuestra especie. Después de la firma era
necesaria la ratificación del Protocolo por los propios países
firmantes. Se establece una doble condición para su entrada
en vigor. Ha de ser ratificado por un conjunto de países
no inferior a 55, cuando éstos sean responsables del 55%
del total de las emisiones a reducir.
La
Unión Europea (UE) lo ratificó en 2002. Hasta el año
pasado, era ratificado por un total de 121 países. Pero cumplir
con la segunda condición, es decir, que los países
firmantes sean responsables del 55% del total de las emisiones,
sólo podía conseguirse, si Rusia o EEUU entraban en
el Protocolo. Este último país ya había manifestado,
en 2001, su rechazo a ratificar el mencionado Protocolo. Después
de duras negociaciones, en las que tuvo un papel importante la UE,
el Protocolo fue ratificado, el pasado octubre, por las dos cámaras
del Parlamento ruso.
Dentro
de las negociaciones internas en la UE para un adecuado reparto
de compromisos de reducción de estos gases, España
se comprometió a no aumentar sus emisiones por encima del
15% sobre los niveles de 1990, pues el país se encontraba
por debajo de la media europea en cuanto a desarrollo económico.
Para conseguir entrar en el Protocolo, ha elaborado el Plan de Infraestructuras
de Electricidad y Gas para 2002-2011 y la estrategia española
de ahorro y eficiencia energética para el período
2004-2012.
Para
que España cumpla el Protocolo, al menor coste posible, el
Gobierno establece unos fondos de carbono e inversiones limpias
en Latinoamérica y Europa del Este. El Plan Nacional de Asignación
(PNA), que reparte 174,56 millones de toneladas de CO2
al año entre 957 industrias, prevé
obtener 100 millones de toneladas entre los años 2008 y 2012.
La financiación de estos 100 millones corresponderá
al sector público y al sector privado. Por ejemplo, España
tiene previsto firmar acuerdos con Perú, Costa Rica, Bolivia,
El Salvador, Ecuador y Bulgaria para fomentar inversiones limpias
de empresas españolas.
El
cumplimiento del Protocolo establece y regula un determinado comercio
de emisiones, que entrará en funcionamiento a escala mundial
en el año 2008. Desde enero de 2005, entra en vigor un comercio
de emisiones para el ámbito de la UE. Es evidente que el
establecimiento de un mercado de emisiones constituye un mecanismo
para reducir la emisión de gases de efecto invernadero por
parte de las empresas, haciéndolo menos gravoso para la economía
y pretendiendo llevar a cabo aquel principio, tantas veces enunciado,
de que "quien contamina, paga".
Que
el establecimiento y la regulación del Protocolo es algo
muy complejo, resulta evidente, pero también es evidente,
que constituye un paso decisivo, como nunca se había dado
antes, de lucha contra la contaminación ambiental.
INT
TRC
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