| |
|
Viernes
11 de marzo de 2005
A
pesar de los avances, la lucha contra el narcotráfico en
América Latina no logra sus objetivos
Batallas
ganadas en una guerra que se pierde
Por
Juan Carlos Galindo
El
caso viene de atrás. En septiembre de 2004 la policía
española se incautó de 60 kilos de cocaína
de gran pureza que entraban en el país a bordo de un avión
de la compañía argentina Southern Winds. Durante estas
últimas semanas, cuando se ha descubierto que no se trata
de un hecho aislado y que las fuerzas de seguridad argentinas están
plenamente implicadas en el tema, el asunto ha tomado especial relevancia.
Sin embargo, no se trata sino del penúltimo caso de narcotráfico
en el continente americano. Un caso paradigmático que esconde
varias claves: cocaína colombiana, transportada por "mulas"
peruanas en connivencia con los cárteles mexicanos. Todo
un repaso al submundo del narcotráfico, un entramado que,
a pesar de los esfuerzos y los millones de dólares empleados,
se mantiene en pleno auge.
En efecto, según
el informe "Drogas y Democracia en Latinoamérica. El
impacto de la política de EEUU", publicado por la Oficina
en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), EEUU ha gastado
más de 25.000 millones de dólares en la lucha contra
el narcotráfico en el último cuarto de siglo. Inversión
que ha servido para dar algunos pasos adelante pero que no ha supuesto
una mejora significativa.
El efecto Colombia. Desde la Administración
Clinton, Colombia es el principal objetivo de EEUU en su lucha contra
el narcotráfico. Las cifras lo justifican: el 70 por ciento
de la producción mundial de pasta de coca provenía
de Colombia, producción que financiaba a grupos terroristas
como las FARC y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Esta
cifra se ha reducido en los últimos años a partir
de una política militarista estructurada alrededor del Plan
Colombia y cuyos efectos positivos están aún por ver.
Las cifras aportadas por la Oficina para la Política Nacional
de Control de Drogas en EEUU (Ondcp) son espectaculares: de 2000
a 2003, el área cultivada se redujo de 163.000 a 83.000 hectáreas
y sólo en 2003 se destruyeron 1.900 laboratorios de cocaína.
Sin embargo, detrás de estos datos se esconde una realidad
bien diferente. Así, de los 742 millones de dólares
destinados por EEUU al Plan Colombia para este año, la mayor
parte están dedicados a la ayuda militar. Además,
la utilización de defoliantes lanzados desde aviones para
destruir los cultivos de coca destruyen también otros cultivos
y amenazan la diversidad biológica de la zona. Por último,
a pesar de la reducción en la producción, el precio
mundial y la disponibilidad de la cocaína en los mercados
occidentales no ha variado. Eso significa que lo que se deja de
producir en un lugar, se empieza a producir en otro.
Este proceso se conoce como "Efecto Colombia" y ha afectado
seriamente a Perú. El zar antidrogas del país andino,
Nils Ericsson, denunció a principios de febrero que Perú
corre el peligro de convertirse en un narcoestado si en 2005 continúa
la tendencia iniciada durante el último año. En efecto,
según la agencia antidroga peruana (Devida) las 42.000 hectáreas
de cultivo existentes a principios de 2004 se convirtieron en 48.000
en enero de este año. Y eso que el Gobierno peruano ha destruido
casi 2.000 laboratorios en los últimos dos años. El
aumento en la producción ilegal de coca continuará
en 2005 y 2006 si EEUU cumple con su promesa y reduce de 60 a 42
millones de euros la ayuda que recibe Perú. Los 18 millones
de dólares de reducción (que coinciden con un aumento
del presupuesto del Plan Colombia) iban destinados al fomento de
ámbitos de desarrollo alternativos.
Amenaza para la democracia. El objetivo de Perú
para 2006 es conseguir erradicar todas las hectáreas de cultivo
ilegal excepto las 10.000 que quedarían reservadas para el
cultivo tradicional de hoja de coca. Sin embargo, los intereses
creados, la preferencia de los agricultores por un cultivo que es
mucho más rentable y, sobre todo, la corrupción generada
en torno al narcotráfico convierten en imposible cualquier
estrategia al respecto. De esta manera, Perú, que ya de por
sí es un país ciertamente inestable, se ve amenazado
por poderosas mafias y ve socavada su legitimidad democrática.
Es decir, se pone al borde de convertirse en un estado fallido.
Pero, si bien es el segundo productor continental, el caso de Perú
no es único. Bolivia se encuentra en una situación
parecida. Allí, durante los últimos años la
destrucción de cultivos sin la previa creación de
otros modelos de desarrollo ha generado una situación de
pobreza e inestabilidad, situación que acabó con el
Gobierno del pro estadounidense Sánchez Losada y puso al
país al borde del colapso.
Ecuador, que nunca ha sido un país productor, se ha convertido
en un lugar de paso esencial para las redes de narcotráfico.
De hecho, en la actualidad un tercio de la droga producida en Colombia
pasa por Ecuador, especialmente por el puerto de Guayaquil.
Por su parte, en México, durante las décadas de los
ochenta y los noventa el poder de los cárteles tuvo en jaque
al Estado. Paradójicamente, la destrucción de las
grandes redes de narcotraficantes no ha tenido como resultado una
disminución de la actividad puesto que, en la mayoría
de los casos, se han convertido en grupos más pequeños
y difíciles de detectar.
E incluso Costa Rica, considerada la Suiza de América por
su estabilidad, se ha convertido en una plataforma para hacer llegar
la cocaína hasta el lucrativo mercado estadounidense. Las
autoridades costarricenses afirman que en 2004 pasaron por el estado
centroamericano más de 40 toneladas de cocaína, que
produjeron beneficios por valor de 120 millones de dólares.
Mucho dinero con el que sobornar a jueces, corromper a las fuerzas
de seguridad, comprar armas y, en definitiva, convertirse en una
amenaza para la estabilidad y la seguridad de la región.
Como afirma el informe de la WOLA, una política militarista
basada en la destrucción no es un método efectivo
ni suficiente. El narcotráfico es una amenaza para el desarrollo,
la democracia y la estabilidad de todo el continente. Sin embargo,
sólo estrategias globales y a largo plazo pueden suponer
un avance en la lucha contra el tráfico de drogas. Estrategias
que, entre otras cosas, impliquen el desarrollo de los agricultores,
víctimas de un sistema que les condena al hambre: mientras
una hectárea de café produce unos ingresos anuales
por valor de 600 dólares, una de coca aumenta esa cifra hasta
los 7.500 dólares. En lo que no mejoren estas perspectivas,
la guerra contra el narcotráfico está perdida.
DTC
RGN USA PLT
|
|
|