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Viernes 11 de marzo de 2005
DESDE EL MALECON CON... Las ollas del Comandante Por
Aurelio Pedroso
Quien el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en Cuba se fue temprano a la cama y no se plantó frente al televisor cuatro horas y 20 minutos para escuchar el discurso del presidente cubano, Fidel Castro, al siguiente día hubo que explicarle, pero que muy despacio, que desde ya cada núcleo familiar recibiría un par de ollas: una de presión y otra arrocera. El anuncio del líder ya era bautizado popularmente como “las ollas del Comandante”. En menos de 48 horas del anuncio, ya el diario Granma en su primera página anunciaba: “Inician la venta de ollas a la población” Uno de los motivos del asombro es que la Aduana General de la República (AGR) confisca cuanta olla arrocera entra al país, así la traiga un médico internacionalista que con parte de sus ahorros la ha embalado hacia a la isla como decisión de vital importancia para el consumo diario de arroz –y casi religioso- de cada miembro de su hogar. La disposición de la AGR es, como se sabe, que tales equipos son de alto consumo de electricidad. Pero el asunto es que Fidel Castro se tomó todo el tiempo del mundo para explicar que los cortes de luz prácticamente irían a cero y que con la entrega de la olla arrocera, y china por demás, se desactivarían toda una suerte de inventos caseros que consumen grandes cantidades de electricidad, amén del ahorro considerable en muchas familias que cocinan aún con keroseno y que está ya comprobado el bajo consumo de los aparatos chinos. Recuerden los televisores marca Panda (chinos). Ya nadie debe dudar aquello atribuido a Carlos Marx en el sentido de que el hombre piensa según vive. En el discurso mencionado se abordaron aspectos tan claves como la invulnerabilidad económica de la isla, la seguridad bancaria y las excelentes perspectivas de esos nuevos socios venezolanos y chinos, pero la gente en la calle no comentó nada acerca de esos temas. Todo estaba centrado en las ollas. Y si se trata de bocas femeninas para qué contar. En el propio acto conmemorativo, cada mujer presente se largó a casa con una olla gratuita bajo el brazo. El resto, la pagarán a 150 pesos cubanos (unos siete dólares). Aquellos que se vean en aprietos tendrán otras facilidades. Tantas, como si al final no las pagan. A muchos en este mundo puede asombrar que un hombre como Fidel Castro, investido de los cuatro grandes poderes de la nación (presidente de los consejos de Estado y Ministros, Comandante en Jefe del Ejército y primer secretario del Comité Central del Partido Comunista) haya sido el que decidiera el asunto y fuera el portavoz de la nueva buena, además de comprobar personalmente el funcionamiento y ahorro de las ollas Cuba y su Revolución son así. Fidel Castro, otro tanto |
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