Viernes, 11 de marzo de 2005

 

Bolivia, dos modelos de país

Por Juan Varde
(La Paz)

 

Lamentablemente Bolivia vuelve a verse sacudida por la inestabilidad social y política, lo que amenaza nuevamente el normal funcionamiento de su régimen democrático. El presidente Carlos Mesa, tras su evidente apuesta política, ha triunfado sólo en parte. La peligrosa convulsión que vive el país, desde hace varios meses y que preocupa sumamente a la región, está lejos de ceder, todo lo contrario.

El verdadero trasfondo del conflicto boliviano es sin lugar a ninguna duda el voraz enfrentamiento entre dos modelos, uno el del incentivo a las inversiones extranjeras y otro nacionalista y estatizador, por el don tan preciado, el gas.

A lo largo de interminables pulseadas, lo único que verdaderamente han conseguido es polarizar al país arrastrándolo a una severa crisis institucional cuya solución aún se ve de lo más incierta.

El primer modelo lo encarna el propio Carlos Mesa; el segundo, líderes sociales, como el cocalero Evo Morales, quien se negó, afirmando su postura, a suscribir un pacto social, y el dirigente vecinal Abel Mamani, cuya figura e influencia sobre los sectores bajos ha crecido significadamente en los últimos tiempos.

A partir de la sorpresiva renuncia que presentó el presidente, se produjo un reacomodamiento de fuerzas políticas que ha colocado a Mesa y a Morales en una difícil situación.

El presidente, que se caracterizaba por su carácter independiente, se desplazó hacia una posición de centro-derecha y depende ahora de los partidos políticos tradicionales para asegurar su gobernabilidad, mientras que Morales, que ha abandonado su postura intransigente para pactar con el resto de las fuerzas políticas, se vio obligado a alinearse con sectores considerados de extrema izquierda, los que igualmente podría poner limites a sus reconocidas ambiciones políticas.

Este enfrentamiento sin matices entre Mesa y Morales polariza evidentemente a la sociedad boliviana, lo que acentúa inexorablemente la división social política y económica. La situación puede conducir a más estallidos si ambos bandos continúan radicalizándose en extremo en sus posiciones sin encontrar la manera de llegar a un mínimo acercamiento.

No se observa, por el momento, ninguna fuerza de centro que pueda mediar en el conflicto, que parece encaminar a los líderes a un callejón sin salida. Los fantasmas de octubre de 2003, cuando cayó Gonzalo Sánchez de Lozada, rondan por el altiplano.


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