Viernes 18 de marzo de 2005


El presidente boliviano decide quedarse al frente del país tras el rechazo del Congreso de anticipar las elecciones generales

Carlos Mesa vuelve a intentarlo otra vez

Por Gema Velasco

Todo vuelve a empezar de nuevo en Bolivia. Carlos Mesa sigue siendo presidente del país a pesar de todos los avatares ocurridos durante los últimos 15 días. El Congreso ha rechazado su propuesta de convocar elecciones anticipadas y, en contra de lo anunciado y prometido, en lugar de presentar su dimisión irrevocable ha decidido permanecer en el cargo hasta el final de su mandato. Ante esta situación, los movimientos de protesta, que se habían paralizado tras la aprobación en el Parlamento de una Ley de Hidrocarburos del gusto de los sectores sociales que reclaman la nacionalización del gas y el petróleo, han vuelto a salir a las calles y a organizar movilizaciones en contra de lo que consideran "una nueva arremetida del Gobierno para tratar de imponer su ley petrolera", según afirman fuentes sindicales a este diario.

La pelea comienza de nuevo. Las convulsiones políticas de estas dos últimas semanas no han servido para cambiar nada. Carlos Mesa sigue siendo presidente, a pesar de haber presentado primero su dimisión y luego un proyecto para adelantar las elecciones al 28 de agosto, ambas propuestas rechazadas por la Cámara baja.

También los movimientos indígenas, campesinos, y sindicales, contrarios a la política de hidrocarburos del Gobierno continuarán con sus movilizaciones y protestas tras haber renunciado a ellas tan sólo durante unas horas, el tiempo que tardó el Congreso en rechazar el adelantamiento de las elecciones por no ajustarse a la legalidad y el presidente Mesa en anunciar que seguía en el cargo para "no dar la espalda al país".

Ley de Hidrocarburos. La nación vuelve a encontrarse en la misma situación de hace 15 días. Sólo hay una diferencia. Ahora existe una Ley de Hidrocarburos aprobada por el Congreso y que satisface, aunque no del todo, al Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales, uno de los principales protagonistas, junto a la Central Obrera Boliviana (COB), de las protestas y cortes de carreteras que acabaron con la paciencia de Mesa cuando hace unos 10 días presentó su dimisión.

El nuevo texto, en su artículo 53 establece que las firmas extranjeras presentes en el país, como la española Repsol YPF, tendrán que pagar en concepto de regalías el 18% de lo producido y un impuesto especial del 32%.

En apariencia se trata de la propuesta que había planteado el presidente Carlos Mesa. Pero no es así. Ese impuesto deberá aplicarse de forma inmediata y en ningún caso se podrá deducir con el pago de otros tributos. Y eso no era lo que quería Mesa.

El mandatario boliviano pretendía que ese impuesto se comenzara a aplicar de forma gradual y que fuera posible deducirlo del impuesto sobre los beneficios. Además, quería que existiera una discriminación entre los grandes y los pequeños productores.

Las diferencias con lo planteado por el Gobierno son bastante grandes como lo demuestra su reacción. La Administración de Mesa ha criticado duramente esta Ley de Hidrocarburos y mantiene que si sale así no durará ni quince días porque teme que si no se corrige las empresas extranjeras acudan al arbitraje internacional.

De hecho, ya hay una compañía que ha amenazado con hacerlo, la británica British Gas (BG) que ha asegurado que denunciará a Bolivia para conseguir que se respeten los acuerdos firmados. Hay muchas otras que podrían seguir su ejemplo. En total, en el país hay 25 empresas foráneas que operan en el sector de hidrocarburos y que tienen firmados 70 contratos.

El problema. Y efectivamente el Gobierno de Mesa se prepara para pelear de nuevo para imponer su Ley de Hidrocarburos. Su oportunidad está en el Senado, por eso se han vuelto a poner tan tensos los sectores sociales contrarios a la política del Ejecutivo.

En la Cámara alta, según afirman fuentes sindicales a Americaeconomica.com, "los sectores que defienden los intereses de las petroleras más los tránsfugas de Mesa tienen la mayoría absoluta", y agregan que "si el presidente ha aceptado seguir en el poder es porque sabe que cuenta con ese respaldo en el Senado". Otras fuentes afirman que Mesa lo tenía todo fríamente calculado y "que actúa bajo la presión de la Embajada de EEUU, de las empresas petroleras y los movimientos de derecha del país".

En la Embajada estadounidense en La Paz no han querido hacer ningún comentario sobre los últimos acontecimientos porque esperaban el pronunciamiento del Departamento de Estado, unas declaraciones que al cierre de esta edición no se habían realizado.

Ante esta situación la COB, y los movimientos sociales que luchan por la nacionalización de los recursos naturales como objetivo último, se preparan para hacer frente "a esta nueva arremetida del Gobierno". En estos momentos se están organizando para empezar a tomar decisiones a partir del lunes con el fin de intentar evitar que el Senado eche para atrás la nueva Ley de Hidrocarburos.

La pelea. Pero aunque así fuera, la pelea no se termina ahí. En el caso de que la Cámara alta aprobara alguna modificación, de nuevo el texto tendría que pasar al Congreso, donde Mesa no cuenta con la mayoría absoluta. Y si no hay acuerdo se tendría que convocar un congreso conjunto con los senadores. De forma que parece que el asunto está bastante complicado y la solución todavía muy lejana.

La situación que atraviesa Bolivia es seguida muy de cerca por los países vecinos, especialmente por Argentina que confiaba en el gas boliviano para superar la crisis energética. De hecho, el país austral ya ha comenzado a tener problemas.

El proyecto para construir el gasoducto del Nordeste que la argentina Techint y la española Repsol YPF habían previsto acabar en mayo de 2006 se ha paralizado. El Gobierno de Kirchner pretendía traer a través de este gasoducto 20 millones de metros cúbicos de gas al día procedente de Bolivia.

Parece que habrá que estar pendiente de lo que ocurre en el país que aún dirige Carlos Mesa durante bastante tiempo. Los países del Mercosur, al que pertenece Bolivia como estado asociado, y las naciones de las empresas con intereses allí, como España o EEUU, están alerta por lo que pudiera pasar. De momento, todo está tan confuso como al principio.

BLV PLT NPM

 

   

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