Viernes, 18 de marzo de 2005

 

América Latina: por la tierra

Por quien sea
(Lima)



Como si a nuestra atribulada región no le faltasen problemas, y tras la crisis política que casi termina con el Gobierno de Carlos Mesa en Bolivia, ha vuelto a salir a escena un tema que cada vez provoca más inquietud en América Latina: la lucha por la tierra.

Es que en distintas geografías y situaciones políticas, los campesinos de la región ejercen cada vez mayor presión sobre los propietarios de tierras, fenómeno que encierra factores potencialmente explosivos y a futuro fuera de control.

Mientras el Movimiento Sin Tierra brasileño (MST) planea masivas invasiones de fincas en abril, el Gobierno de Chávez amenaza expropiar millones de hectáreas en los próximos meses y en Paraguay, las violentas ocupaciones llevaron a la Administración de Duarte Frutos a enviar al ejército para proteger los campos.

Con el tiempo lo que ha cambiado, y que ha llegado a favorecer esta delicada situación, son las condiciones políticas que ahora fomentan estos movimientos y que no dejan de utilizarlos como herramienta política, qué sólo sus instigadores y propulsores conocen.

En Bolivia, el problema de las ocupaciones ilegales de campos, que han aumentado y se hacen cada vez más violentas, se han convertido en uno de los principales motivos por los cuales los empresarios del departamento de Santa Cruz, el más rico del país, exigen su autonomía, siendo en estos momentos uno de los puntos de fricción más importante en el divorcio entre el Gobierno central y el oriente del país, particularmente entre los sectores empresariales, que inclusive ya han comenzado a formar grupos paramilitares a efectos de contrarrestar la invasión campesina.

En Paraguay se ha determinado una solución extrema para detener las ocupaciones, el envío de efectivos militares para proteger la cosecha y evitar la quema de siembras y los cortes de rutas por donde pasan las maquinarias.

Una situación diferente se vive en Brasil, ya que el Gobierno de Lula es un aliado histórico del MST, que comanda las invasiones, por eso, el eje del conflicto, desde la elección de Lula en el año 2002, es la sistemática presión que ejerce el MST sobre el propio Gobierno para forzar una reforma agraria más rápida. Desde la asunción de Ignacio Lula Da Silva las invasiones aumentaron un 47% respecto de años anteriores y, según voceros del MST, esta es la última oportunidad para que el Gobierno demuestre que está realmente comprometido con la reforma agraria.

El tema no es distribuir tierra, sino lograr que concuerden puntos sustentables para la producción y que se incorporen personas al trabajo de la tierra con el respaldo de la ley y con una planificación estratégica, a los efectos de convertirlos en productores y no en marginados rurales.

La decisión corre por cuenta de los políticos, el pueblo, espera.


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