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Miércoles
23de marzo de 2005
El
Gobierno de Bush ha congelado la ayuda militar al país centroamericano
EEUU
quiere imponer su poder en Nicaragua
Por
Alba Gil
El Gobierno
de Nicaragua quizá ahora está convencido de ello.
Durante algunos años, muchos expertos han defendido la idea
de que el apoyo estadounidense a los países latinoamericanos
tiene el precio de la sumisión a las decisiones de la gran
potencia mundial.
Washington
ha suspendido la ayuda militar a Nicaragua, que asciende a 2,1 millones
de dólares (1,59 millones de euros) y que
el Pentágono había destinado este año a financiar
becas, seminarios, conferencias y al mantenimiento de la flota militar.
La medida
se debe a la negativa del Gobierno centroamericano a la eliminación
total de los misiles SAM-7
de procedencia rusa que el Ejército de Nicaragua guarda en
sus arsenales.
EEUU argumenta que esas armas podrían caer en manos del terrorismo
internacional. Los observadores valoran la tesis de que los misiles
podrían ser vendidos a organizaciones criminales, o bien,
no confían en la seguridad del Ejército de Nicaragua,
a quienes podrían robar esos misiles.
El
anuncio de EEUU se ha producido días después de que
el jefe del Ejército de Nicaragua, el general Omar Halleslevens,
admitiera que las relaciones con el Gobierno estadounidense pasaban
por "un momento de frialdad", dada la insistente presión
de Washington al Gobierno nicaragüense para que se deshaga
de las armas, que fueron acumuladas por el Gobierno sandinista (1979-90).
El acuerdo entre Nicaragua y EEUU exigía la destrucción
de 2.051 cohetes rusos que el Ejército de Nicaragua almacena
en sus arsenales. El Ejército eliminó 1.000 de esos
dispositivos y planeaba continuar este año con la destrucción
de 651 cohetes más para quedarse con 400. La decisión
de conservar el 20%, como reserva estratégica para la defensa
nacional, es la que ha generado el conflicto.
Pero este acuerdo de desarme total colisiona con la Ley General
de Armas de Nicaragua, aprobada el 23 de noviembre de 2004. El pasado
mes de febrero, el presidente Bolaños propuso el veto de
la Ley General de Armas, pero la oposición del Frente Sandinista
de Liberación Nacional (FSLM) impidió la modificación
de la Ley. En la práctica, para destruir los misiles rusos
se necesita el apoyo político del Frente Sandinista.
Los sandinistas se oponen a la destrucción de los SAM-7
no sólo porque para ellos son un símbolo político,
sino porque también los consideran como un instrumento de
lucha contra el “imperialismo yanqui” si el FSLN volviera
al poder.
La actitud de EEUU responde a la relevancia que ha otorgado a los
temas de seguridad después del atroz atentado del 11-S en
el año 2001.
Los parlamentarios nicaragüenses han respondido al envite del
país norteamericano. Ahora tanto desde el PLC como desde
el FSLM se dice que van a tomarse su tiempo para revisar el Tratado
de Libre Comercio que el país latinoamericano firmó
con EEUU antes de ratificarlo en las cámaras. Si Bolaños
o los suyos pierden las próximas elecciones, las relaciones
bilaterales cambiarán de signo.
NCG USA PLT
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