Miércoles 23 de marzo de 2005


La Cumbre con Canadá y México organizada por el presidente de EEUU, última oportunidad para intentar relanzar el ALCA

Bush evita a Fox

Por María Blasco

El
presidente de EEUU, George Bush, el primer ministro de Canadá, Paul Martin, y el presidente de México, Vicente Fox, han almorzado juntos hoy miércoles 23 de marzo en el rancho Praire Chapel situado en Crawfort (Texas, EEUU), que es propiedad del mandatario estadounidense. Nada se ha dicho de lo que hablaron durante esa comida, que se supuso tensa. Pero quizá estuvo en juego el futuro de Latinoamérica.

Ese almuerzo fue el colofón de una Cumbre organizada por Bush para intentar reflotar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el único momento en el que el anfitrión y sus invitados hablaron de las agrias disputas que mantienen en el sector comercial y sobre la migración, un tema que preocupa especialmente a Fox y sobre el que no pudo discutir a solas con Bush porque, al parecer, no ha sido posible organizar una cita entre ambos presidentes, a pesar de que sí estaba previsto, eso al menos decían en México.

Al mandatario estadounidense parece que le dió miedo quedarse a solas con Fox. Según anunció el canciller mexicano, Luis Ernesto Dérbez, la esperada reunión no pudo finalmente concretarse. Una pena porque se perdió una oportunidad para avanzar en el acuerdo migratorio entre EEUU y México, un convenio que permanece estancado desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Tampoco sirvió esta fugaz Cumbre para avanzar demasiado en la integración regional, puesto que no han estado en la agenda oficial las disputas comerciales, como la que mantienen Canadá y EEUU por los medicamentos baratos que comercializan y que compran los estados estadounidenses para sus programas de asistencia a las personas necesitadas o el que enfrenta al país norteamericano con México por los subsidios agrarios. Problemas todos ellos que están impidiendo que el proyecto del ALCA que impulsa Washington cuaje en la región.

La única posibilidad, por tanto, de que se avanzara en estos temas era aprovechar el mencionado almuerzo, a puerta cerrada y sin cámaras, que se celebró tras la reunión de trabajo que mantuvieron los tres mandatarios y sus respectivas comitivas en la Universidad de Baylor en Texas (EEUU) y del cual, de momento, poco ha trascendido. En la posterior rueda de prensa que se celebró tras el encuentro de trabajo sólo hubo buenas intenciones y declaraciones institucionales.

El ALCA. De forma que esta histórica reunión tan sólo ha servido, al menos oficialmente, para sacar adelante un anodino documento titulado "Alianza para la seguridad y la prosperidad de América del Norte", con el que se pretende avanzar en la integración regional.

En definitiva, lo que quiere EEUU es relanzar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), la piedra angular del ALCA, un proyecto que está bloqueado, entre otras cosas, por la negativa del Mercosur a dejar las riendas del comercio del continente en manos de Bush y sus sucesores.

Este proyecto es muy importante para el mandatario estadounidense. Y su intento de relanzarlo coincide precisamente con su decisión de endurecer su política hacia Latinoamérica. Así al menos se interpreta en algunos ámbitos el hecho de que Bush haya nombrado como responsable de las relaciones comerciales internacionales a Rob Portman, un hombre bastante más duro que su predecesor, Robert Zoellick, y que haya elegido como nuevo presidente del Banco Mundial (BM) a Paul Wolfowitz, nada menos que el inspirador de la guerra de Irak.

Con la intención de relajar el ambiente, Bush envió al secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, a hacer una gira por los países latinoamericanos. El alto funcionario estadounidense consiguió arrancar a Argentina unas palabras de apoyo a Wolfowitz, todo un triunfo de la diplomacia estadounidense. Luego estuvo en Brasil y Nicaragua, donde probablemente se repita la escena dentro de unos días. Menos complicado ha sido que Wolfowitz recibiera el apoyo explícito de Alemania y Reino Unido.

Migración. Pero, sin duda, es el tema de la migración el que más preocupa a EEUU, y sobre todo al presidente Fox. Un asunto en el que no parece que se haya avanzado mucho, entre otras cosas porque tampoco Bush estaba por la labor, quizá consciente de que le iba a ser difícil salir airoso a pesar de que acudió a Texas tras haber preparado minuciosamente los argumentos para bloquear las aspiraciones en esta materia del presidente azteca, con quien Bush ha tenido varios roces recientes debido a la política migratoria del Gobierno de EEUU.

El encuentro fue precedido, y no parece casualidad, de la publicación de un informe elaborado a partir de datos oficiales por la consultora Pew Hispanic Center, de orientación republicana, y en el que se afirma que los inmigrantes indocumentados en EEUU han crecido desde 2000 un 23% hasta los 10,3 millones. Y de esa cifra, más del 50% son mexicanos.

Con estos datos, Bush no tiene problemas para demostrar que los flujos de migración no están controlados y que, por tanto, son necesarias medidas más drásticas para hacerlo. Según este informe, el ratio de inmigrantes ilegales en EEUU continúa creciendo en estos momentos al mismo ritmo que en la década de los 90, unos 485.000 por año.

Además, el mandatario estadounidense ha tenido una ayuda inesperada. Justo cuando Bush, Martin y Fox se encontraban almorzando se publicó la noticia de que nueve inmigrantes ilegales de nacionalidad mexicana habían sido detenidos en Arizona (EEUU). Todo parece dar la razón a Bush.

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