Viernes 1 de abril de 2005

 

Halcones y palomas

Por Rafael Alba
(Madrid)

Seguro que el ex presidente español José María Aznar lo sabe. Pero no lo va a contar. El político de Valladolid, según dicen, forma parte del equipo con el que George Bush está dispuesto a reconquistar Latinoamérica y eliminar los brotes de populismo izquierdista que surgen en cada urna situada por debajo de la frontera del Río Grande cuando hay elecciones. Quizá no lo consiga, porque los nuevos caudillos latinoamericanos, con independencia de sus discursos de puro consumo interno, si algo tienen claro, es precisamente eso, el latido exacto de las preocupaciones de la población que les apoya y que desea, fundamentalmente, una vida mejor. Más dinero, que decía un antiguo grupo de rock español.

Conocen a su público y saben lo que quiere. Las ollas arroceras de Fidel Castro pueden parecer desde algunos puntos de vista una nueva demostración de la falta de conexión del comandante con el mundo. Sin embargo, es todo lo contrario. Para la mayoría de los cubanos, en el interior y en el exterior, se trata de un nuevo logro de la Revolución, de una demostración de que pueden acceder a productos que antes estaban fuera de su alcance, del mejor ejemplo que se podría haber utilizado para explicar que la situación económica mejora. Aunque, posiblemente no sea cierto.

Y, justamente, más dinero, es lo que no está dispuesto a gastarse el actual inquilino de la Casa Blanca en la región. Porque su país ya acumula un déficit presupuestario gigantesco. De modo que tiene que optar por otra opción, una que siempre ha funcionado. Cuando no hay dólares, quedan los marines, y el triste recuerdo que la diplomacia estadounidense ha dejado en la región tras años de proporcionar su apoyo a Gobiernos dictatoriales y corruptos y a individuos como Pinochet, que metían la mano en la caja, mientras aplastaban a sus rivales políticos.

Vuelven los antiguos usos. La advertencia de que no se va a ver con buenos ojos a ningún Gobierno que ose comprar armas o vender petróleo a otros países. La velada amenaza de un poderoso ejército. Pero esta vez hay un contrapeso. La Unión Europea. Y hay democracia, votos de palomas que ya no parecen dispuestas a dejarse devorar por los halcones de Washington. q

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