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Viernes 1 de abril de 2005
DESDE EL MALECON CON... Cervecera, 107 años después Por
Aurelio Pedroso
Ciento siete años más tarde de aquella caricatura de combate naval frente a la escuadra gringa, -un Trafalgar caribeño-, a la que marchó vestido de gala el valiente almirante Pascual Cervera Topete, los restos aún desafiantes de la torreta del “Almirante Oquendo” parecen advertir que tal historia bien pudiera repetirse. Esa es al menos la sensación que uno se lleva cuando, hace sólo unos días, este cronista fue testigo de primera línea de la llegada a Cuba de una treintena de descendientes del marino español, encabezada por cuatro bisnietos. El “capitán” de esta singular comitiva era Pascual Cervera de la Chica, empresario empeñado en mantener unida nada menos que a una familia con más de 1.600 miembros y convocados a congreso cada tres años. Otro Cervera, de nombre Ángel Luis, tuvo a su cargo la confección de un dossier muy bien documentado acerca de la historia del Almirante y los pormenores del singular enfrentamiento frente a la bahía de Santiago de Cuba, al tiempo que la escultora Paz Fígares, también de la familia, se trajo consigo desde Madrid un busto del héroe para ser colocado en el sitio del museo enclavado en el morro santiaguero donde se da cuenta de aquel combate. Un gesto enaltecedor que contó con el beneplácito y apoyo del general de cuerpo de ejército Raúl Castro, número dos en la isla, y de un asturiano devenido cubano -aunque el acento le traicione- y que hoy día es vicepresidente del Gobierno: José Ramón Fernández. Raúl Castro acudió al encuentro con la familia Cervera y presidió un acto cargado de simbolismo, de inseparable fusión entre los pueblos de Cuba y España. Habrá que no olvidar que tanto Raúl como su hermano Fidel son hijos de un militar español que una vez terminada la guerra de independencia se convirtió en un floreciente empresario, precisamente no muy lejos de Santiago de Cuba. El carácter andaluz de Cervera de la Chica, del que supo contagiarse el resto de la comitiva, más ese don tan propio de la gente que le atendió en la siempre hospitalaria Santiago de Cuba marcaron tan singular visita que habrá de repetirse, pues ya en ocasión del centenario (1898) también acudió un ‘grupo Cervera’ a la isla nada menos que para escuchar de boca del presidente Fidel Castro aquello de que “hay que recordar aquella batalla como una gran victoria del honor y el heroísmo”. Y luego: “Yo veo a aquella batalla como una victoria de España, no como una victoria de EEUU”. A la torreta del crucero “Almirante Oquendo”, con su cañón principal por proa, las aguas no han logrado cubrirla. Apunta indefinidamente al cielo mientras espera al agresor. Este año la familia Cervera se encargó de inundarla con flores. CBB PLT
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