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Viernes, 8 de abril de 2005
'aDIOS' Juan
Varde Roma, colapsada por una increíble masa humana sin precedente que aspira sólo a dar el último adiós a un gran hombre. Judíos, musulmanes, budistas, anglicanos, ateos, lo respetan, fue un líder excepcional, un grande en un mundo sin liderazgos ejemplificadores. En un tiempo de decadencia y pérdida de valores, Juan Pablo II, significaba la altura de una dimensión espiritual, un hombre soportado por la fe que desplegó su misión en un mundo agobiado y cercado por la incredulidad, obró con admirable responsabilidad, porque así se la impuso su vocación, que se inspiró por el incondicional amor al prójimo, de modo como el semejante clama por consideración, por justicia, por una mirada que lo atenúe y lo considere como persona. El
papa, ya a la vera del Padre, vivió la experiencia de todos: errores,
horrores y dolores de nuestra época. Muy pocos a lo largo de 2.000
años asumieron con la misma palabra de Cristo, tan fortalecida
por la capacidad de encarnarla, y fue que con esa palabra, comulgando
con ella, viviéndola hasta su mayor hondura, que Juan Pablo II,
enfrentó el deterioro moral y espiritual de nuestro tiempo. Y
además, pidió perdón. América Latina te llora
y extrañará por siempre.
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| Edita Asesores de Publicaciones S.L.
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