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Viernes
18 de marzo de 2005

Se
conmemora el nacimiento de Miguel Mihura, uno de los escritores
más importantes de la literatura española
Centenario
de un humorista
Por
Alberto Miguel Arruti
El humor es
el género más difícil en la literatura, en
el teatro y en el cine. Se ha dicho, y muchas veces, que todo el
humor se encuentra en Charlot, que los demás humoristas,
sobre todo si hacen cine, se inspiran en el gran maestro.
Este año,
España conmemora el nacimiento de Miguel Mihura, uno de los
escritores de humor más importantes de la literatura española.
Comparable, y en algunos aspectos superior, a humoristas de la talla
de Wodehouse o Guareschi. Mihura nació en Madrid de una familia
andaluza. Desde muy pequeño, respiró el ambiente teatral,
pues su padre trabajaba en el teatro en distintos papeles, Mihura
colaboró, asiduamente, en una serie de revistas de humor
de la época. Entre éstas merecen citarse tres especialmente:
"Gutiérrez", "La ametralladora" y "La
Codorniz". Su humor huye de lo fácil y de lo chabacano.
Es un humor elegante, que hace ironía de las contracciones
de la vida. Ataca a lo cursi, término tan difícil
de definir, pero que todos intuimos lo que significa. Lo cursi es
lo "kitsch" a la española. Su humor ataca las convenciones
sociales, pero dentro de unos límites, sin la menor acritud,
con compresión y, a veces, hasta una compasión sobre
la condición humana. Tal vez, su obra de teatro más
importante sea "Tres sombreros de copa" donde los protagonistas
proceden del mundo artístico, que siempre trató con
benevolencia. La obra, cargada de ternura, describe, a un joven
que descubre el amor. Si tuviéramos que definir esta obra
con un par de palabras escogeríamos las de ternura y compresión.
Las pequeñas debilidades, los pequeños fracasos, la
vida de todos los días, la cotidianeidad, construyen el marco
en el que se mueven estos personajes de vidas sencillas, pero que,
frecuentemente, encierran un deseo, una frustración, una
ilusión, con frecuencia malograda. Para remidirlos, se les
podría aplicar el pensamiento de Unamuno: "Felices los
que hacen todos los días la misma cosa. Aunque, en el fondo,
no hay nunca dos días iguales".
Cosechó
también grandes éxitos de público y de crítica
con "Maribel y la extraña familia", donde la prostitución
es tratada con una particular delicadeza. Nos encontramos en la
antítesis de Picasso o de Sartre. No hay aquí nada
vicioso. Todo es sencillo, natural y tremendamente humano. Es "la
condición humana", que diría Malraux, pero sin
tragedia y con sencillez. El teatro de Mihura es un "microcosmos",
de pequeñas pasiones, de figuras sin mayor relieve, las que
nos encontramos todos los días en la calle o en el metro.
Pero sin ninguna pretensión intelectual, sin la menor petulancia.
(Mihura aburrido de los estudios, empezó a trabajar, en principio,
en la administración de un teatro: el Rey Alfonso).
Mihura es un
defensor radical del individualismo y un indagador de la psicología
profunda de la mujer. Parafraseando al Marqués de Bradomín
de Valle Inclán, se definía como "soltero, perezoso
y sentimental". Con frecuencia, los personajes femeninos tiene
mayor consistencia en su teatro que los masculinos. Como se ha dicho,
la mayor atracción, que ejerce la mujer sobre el hombre,
consiste en aceptar y comprender que es algo distinto a la condición
masculina y que es muy difícil conocer y limitar esas diferencias.
A ese enigma, a ese misterio, se ha asomado Mihura con curiosidad,
con delicadeza y con amor.
ESP
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