Viernes 22 de abril de 2005


Ecuador, nuevo ejemplo de cómo los políticos utilizan la opinión pública para cambiar el Gobierno

El poder de los movimientos sociales

Por Americaeconomica.com

La oposición ecuatoriana ha demostrado que las movilizaciones ciudadanas pueden ser decisivas para cambiar la situación política de un país. Desde hace meses ha llevado a cabo una campaña de desgaste contra el Gobierno que ha provocado la huida del país de Lucio Gutiérrez. No es algo nuevo. Carlos Mesa, en Bolivia, llegó a la Presidencia de la misma forma en octubre de 2003 cuando Sánchez-Lozada dimitió y él, como vicepresidente, asumió su cargo.

El poder de las manifestaciones bien lo conoce Lucio Gutiérrez. En el año 2000, él mismo encabezó un movimiento indígena y militar que derrocó al corrupto e impopular Gobierno del democristiano Jamil Mahuad. Estos hechos le propiciaron una buena imagen que utilizaría cuando se presentó a las elecciones unos años depsués. Dos años más tarde, fundó el partido Sociedad Patriótica 21 de Enero, lanzando su candidatura presidencial basada en la lucha contra la corrupción y definiéndose como centro-izquierdista. Entonces contaba con el respaldo de muchos grupos sociales, entre ellos los indígenas. Ahora estos colectivos le han retirado su apoyo, después de que Gutiérrez diera un giro en su política hacia el control de todos los poderes del Estado. Estos grupos le definieron como un "dictador".

El poder que utilizó Gutiérrez en el año 2000 se ha vuelto en su contra. Guayaquil se levantó contra él el pasado mes de enero. Estas protestas se extendieron a Quito y se prolongaron hasta el mes de abril, cuando el enfrentamiento entre las fuerzas de orden público y los ciudadanos desencadenaron en una oleada de violencia insostenible. Los cabecillas de las protestas lograron lo que pretendían, el derrocamiento de Gutiérrez.

También en el mes de enero, en Santa Cruz (Bolivia) miles de ciudadanos se levantaron contra el Gobierno de Carlos Mesa, dirigidos por organizaciones sindicales y los partidos socialistas. Los cruceños consiguieron que sus peticiones, entre ellas la autonomía de la región, fueran respondidas.

Una nueva oleada de movilizaciones sacudió a Bolivia un mes más tarde. Las fuerzas sindicales del país exigían que el Gobierno revocara el decreto que aumenta el precio de los carburantes. Según los analistas, el desarrollo "potencialmente violento" de las movilizaciones podría desembocar en una nueva crisis semejante a la que ya vivió Bolivia en octubre de 2003.

Las protestas se iniciaron en las ciudades de Santa Cruz y El Alto y se hicieron más fuertes a raíz de que el presidente, Carlos Mesa, anunciara, en un mensaje televisado, que dimitiría si la huelga indefinida derivaba en actos violentos.

En marzo pasado, Mesa presentó su renuncia al cargo como presidente de la República, pero el Congreso no la aceptó. Los acuerdos con la oposición templaron los ánimos, pero todavía el problema no está solucionado. La Ley de Hidrocarburos podría generar nuevos problemas a Mesa.

México es testigo también del poder de las movilizaciones. No es una casualidad que el alcalde de Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, recurriera a los ciudadanos y no a la justicia en el tema de su desafuero, consciente de que lidera las encuestas de intención de voto en el país.

Enfrentado desde siempre al presidente Fox, del Partido Acción Nacional (PAN), el alcalde capitalino ha protagonizado varios rifirrafes con el mandatario que, en algunas ocasiones, le ha valido las críticas incluso de su propio partido. Obrador considera que el llamado "Gobierno del cambio" que anunció Fox no se está llevando a cabo y le acusa de continuar con la misma política que el Gobierno anterior del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó en México durante 70 años. Pero Obrador se muestra en todas sus acciones muy seguro de sí mismo, conocedor de su popularidad.

El desafuero de López Obrador fue pedido por la Procuraduría General de la República (PGR) en mayo de 2004.

Para Obrador, estos hechos tienen un motivo político y no jurídico, ya que lo que se pretende es apartarle de la candidatura a las elecciones presidenciales de 2006.

Cuando el Congreso aprobó su desafuero, el alcalde convocó una multitudinaria manifestación que alarmó a la comunidad internacional ante una posible crisis social. Las cosas, sin embargo, se han calmado y, aunque las voces que apoyan a Obrador todavía son numerosas, las protestas han cesado. Habrá que esperar al desenlace judicial para saber si la historia vuelve a repetirse.


Algunos Estados de la región latinoamericana podrían seguir el ejemplo de estos países. Nicaragua puede ser la siguiente. Algunas medidas poco populares del Gobierno para contrarrestar el alto precio del petróleo, que se plasmaron en el incremento de las tarifas del transporte público, unido a la tensión política por la falta de respaldo del presidente Enrique Bolaños en el Congreso, de mayoría sandinista y liberal, están provocando que los ciudadanos salgan a las calles para expresar su malestar con el Ejecutivo. ¿Dará resultado esta vez?.

   

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