Viernes 22 de abril de 2005


El presidente pronunció anoche su sexta conferencia de prensa desde su reelección

Bush presenta un nuevo plan de reforma de la Seguridad Social

Por Peter Kent

En la noche de ayer (hora de Nueva York) George Bush aprovechó una conferencia de prensa televisada en directo, la sexta desde que fue reelegido, para relanzar ante los estadounidenenses su plan de reforma de la Seguridad Social.

Aunque, según quedaba patente hoy en las opinión generalizada de la prensa estadounidense, la propuesta promocionada ayer, tiene muy poco que ver con el esquema que defendía al principio. A pesar de que el presidente eludió entrar en las cifras concretas de su nuevo esquema, sí aseguró que en las flamantes líneas maestras de su proyecto se contemplarán mecanismos correctores para que los ciudadanos más pobres no se jubilen con ingresos que les sitúen por debajo de la pobreza.

También que el Estado estaría ahí para asegurar que los jubilados del futuro no se vean obligados a retirarse en unas condiciones de clara inferioridad con respecto a los que lo hacen en estos momentos. Bush no se extendió demasiado a la hora de hablar del papel que las cuentas de capitalización individual, a la chilena, van a jugar en la nueva propuesta. Según los analistas, dio la impresión de que estos instrumentos financieros, que antes eran la parte fundamental de su plan, están destinados ahora a representar un papel secundario, complementario y, quizá, optativo.

Además, algunos creadores de opinión aseguraban hoy que daba la impresión de que el presidente desea retirarse un tanto de la escena. Lógico, aunque la mano tendida a la negociación que pareció mostrar ayer pueda parecer un rasgo de gran estadista, también tiene otra lectura: el presidente ha fracasado.

Estrategia para recuperar popularidad. Los resultados de la ofensiva individual emprendida por Bush para defender en directo su plan de reforma de la Seguridad Social no han podido ser más negativos. No sólo ha tenido que cambiar su discurso. Además, su aceptación popular sigue estancada. Poca cosecha para un proyecto político que en su declaración de intenciones tras ser reelegido, había convertido en su principal prioridad.

Los imparables avances del principio, sólo fueron un espejismo. El arranque del tremendo esfuerzo presidencial por hacer llegar su mensaje a los estadounidenses, o al menos a sus líderes de opinión, de un modo cercano y directo hizo, en los primeros compases de la larga gira en la que han quedado pocos estados por visitar y pocas manos que estrechar, que la deteriorada aceptación de sus políticas, llegó a estar en un 43%, se elevara un poco. Justo hasta el 47% en el que se ha quedado desde entonces.

Paulatinamente, los estrategas de la Casa Blanca intentaron introducir sobre la marcha algún giro en la idea inicial de explotar la carismática presencia del político y su tradicional ventaja en las distancias cortas. Sobre todo cuando se hizo patente la evidencia de que buena parte de los congresistas y senadores republicanos se mostraban poco dispuestos a apoyar el plan de privatización parcial de la Seguridad Social que defendía con tanto esfuerzo el inquilino de la Casa Blanca.

Por suerte, para Bush, los democrátas carecen de una figura pública concreta capaz de materializar la rentabilidad política que se desprende de la pérdida de atractivo de las propuestas presidenciales.
Gracias a ello se ha podido urdir un nuevo plan. En algunas “blogs” políticas ya se habla de él: hacer recaer sobre las Cámaras la responsabilidad de la reforma de la Seguridad Social.

Ayer, en la conferencia de prensa televisada, el presidente ya dejó entrever esta estrategia cuando aseguró que los parlamentarios debían trabajar para asegurar la protección social.

Un llamamiento a la negociación que, de momento, no parece haber conmovido a los críticos. En ninguno de los dos partidos que se reparten los escaños. Quizá no tengan la intencion de caer en la trampa. Cómo explicaba hoy un comentarista televisivo al equipo de la Casa Blanca le va a costar muy cara esta ley. Y, tal vez, las concesiones que tenga que hacer no se reflejen precisamente en este texto.

   

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