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Viernes
13 de mayo de 2005
Colombia
estudia eliminar las inversiones forzosas mientras Venezuela las
refuerza
Las
amargas quejas de los banqueros latinoamericanos
Por
Gema Velasco
En
la década de los noventa el volumen medio de crédito
otorgado en Latinoamérica equivalía a menos del 30%
del PIB de la región, una cantidad muy pequeña que
casi nunca tenía como destino los sectores más desfavorecidos
o las pequeñas empresas. Ante esta situación, muchos
Gobiernos optaron por imponer inversiones forzosas a los bancos,
unas obligaciones que hoy se mantienen. Pero, además, también
son comunes otras prácticas de "represión financiera"
como los encajes o la aplicación de impuestos sobre determinadas
transacciones. Los banqueros protestan.
Los
expertos del sector bancario consultados por este diario coinciden
en destacar que la actitud "dirigista" de muchos de los
gobiernos latinoamericanos es "absurda" y que se trata
de una "política económica anacrónica
e ineficiente". Pero a pesar de las críticas y del enfado
de las entidades financieras estas medidas encaminadas a alentar
la actividad crediticia no sólo se mantienen sino que se
refuerzan. Ese es el caso de Venezuela.
El
presidente Hugo Chávez se ha apoyado en los bancos para financiar
sus programas sociales y el crecimiento económico. Aunque
la participación de las entidades financieras no es voluntaria.
Los bancos deben destinar obligatoriamente el 14,5% de su cartera
de créditos al sector agrario, un porcentaje que se incrementará
a partir del mes que viene al 16%. El 3% tiene que dirigirse a microcréditos,
pero se espera que la nueva Ley de Bancos, que debe aprobarse antes
de agosto, incluya un aumento de esa cuota hasta colocarla entre
el 5% y el 10%.
Presiones.
En el sector hipotecario, la nueva regulación aprobada
este año obliga a los bancos a conceder el 3% de la cartera
total a la compra de vivienda principal (préstamos a largo
plazo) y el 7% a la construcción de casas (a corto plazo).
Pero además, el Banco Central de Venezuela acaba de establecer
los nuevos tipos de interés máximos que podrán
aplicar las entidades financieras en los créditos libres.
Por ejemplo, en el caso de las operaciones a través de tarjetas
de crédito esa tasa se reduce del 37% actual al 28%, en linea
con el que se aplica en los países industrializados. Y al
mismo tiempo se establece también la remuneración
mínima que deben ofrecer a los 10 millones de cuentas bancarias
que existen en Venezuela que tendrá que ser al menos de un
6,5% frente al 5% anterior.
Pero
eso no es todo. Fuentes bancarias aseguran a este diario que la
pequeña y mediana industria está presionando al Gobierno
para que obligue a los bancos a concederles créditos. En
concreto, piden que se establezca una cuota del 5%. De momento,
Chávez no ha actuado pero en el sector se teme que lo haga
en cualquier momento.
Además,
el turismo también está en la mente del mandatario
latinoamericano. El Gobierno venezolano ya ha declarado en alguna
ocasión que pretende convertirlo en el motor económico
de Venezuela por delante incluso del sector petrolero. Según
asegura un analista financiero venezolano a Americaeconomica,
en breve se aprobará la nueva Ley del Turismo en el país,
y en ella se incluirá también un porcentaje obligatorio
que será destinado a esta industria. No se sabe cuál
será esa cuota pero podría rondar el 3%, según
otras fuentes.
En
total, sólo con lo aprobado hasta ahora, el Estado dirige
en Venezuela el 29% de la cartera de créditos pero pronto
podría llegar al 40%. Los banqueros se quejan: "En Venezuela
siempre han existido préstamos obligatorios a la agricultura,
pero nunca estuvieron en porcentajes tan elevados y, sin duda, son
los más altos de toda la región".
Los
lobbies. Los
que así se lamentan no tienen en cuenta que la base electoral
de Chávez está precisamente entre la población
rural. Esa es su fuerza y hay que mimarla. Lo mismo le ocurre a
Lula. En Brasil, según fuentes bancarias, el "lobby
del sector rural es muy poderoso y esta circunstancia ha provocado
que el Gobierno ni se haya planteado eliminar las inversiones forzosas
al sector agrario" a pesar de las amargas lamentaciones de
los banqueros. Hay que recordar que la influencia de los votos en
las zonas agrarias fue vital para el triunfo de Lula en las elecciones
de 2003.
Las
entidades financieras de este país están obligadas
a transformar en créditos al sector rural el 25% de los depósitos
a la vista y, además, también fija el tipo de interés
que debe aplicarse, el 8,75%. Fuentes bancarias brasileñas
recuerdan que los tipos de interés de referencia (tasa selic)
están actualmente situados en el 19,5%. Sin embargo, quizá
no debieran estar tan descontentos ya que está diferencia
se compensa con creces con la rentabilidad sacada a otro tipo de
operaciones. Cobran de media, por ejemplo, un 75% de interés
por un crédito al consumo.
Fuentes
del Banco Central (BC) explican a este diario que, además,
los bancos deben destinar el 65% de los depósitos a plazo
a hipotecas y el 2% de las cuentas a la vista a préstamos
a pequeños empresarios (microcréditos). Hay más.
Las entidades están obligadas a colocar en cuentas de la
autoridad monetaria una cantidad de dinero en relación a
sus pasivos (encajes). Ese porcentaje es en Brasil ronda al 100%
frente, por ejemplo, al 2% que se aplica en la Unión Europea
(UE).
En
definitiva, según los datos de cierre de marzo de 2005, en
el sector financiero brasileño había 74.187 millones
de reales (23.612 millones de euros) en cuentas corrientes, 45.585
millones (14.508 millones de euros) en depósitos a plazo
y 290.473 millones (92.452 millones de euros) en créditos
de libre disponibilidad. Los préstamos 'direccionados' sumaban
180.832 millones de reales (57.555 millones de euros) y los depósitos,
127.520 millones (40.587 millones de euros), lo que significa, según
explica un economista brasileño a este diario, que "entre
unas cosas y otras hay más dinero dirigido de forma obligatoria
que crédito libre en el país, un hecho que es completamente
absurdo".
Estas
mismas fuentes aseguran que se trata de una medida económica
anacrónica e ineficiente y que "si se eliminara habría
crédito más barato para todos y no sólo para
algunos escogidos".
Los
encajes que aplica el BC existen por motivos fiscales, lo mismo
que el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF). Sin embargo,
en este último caso sí que los banqueros han conseguido
que el Gobierno de Lula sea más receptivo y ante sus continuas
quejas se ha comprometido a reducirlo hasta su total eliminación.
Y eso a pesar de que una de las primeras cosas que hizo el presidente
cuando llegó al poder fue subir este gravamen un 0,38%.
No
obstante, a pesar de las quejas de los banqueros, lo cierto es que
al sector no le va nada mal con Lula. De hecho, la semana pasada
el presidente de la Federación Brasileña de Bancos
(Febraban), Marcos Cipriano, afirmó que "el Gobierno
está haciendo lo que queremos" y aseguró que
el presidente no tendrá problemas para ser reelegido en las
elecciones de 2006.
Al
contrario . En
Colombia, el Gobierno de Álvaro Uribe ha aceptado comenzar
a desmontar el sistema de inversiones forzosas en el sector bancario,
pero, de momento, no quiere tocar el ITF (cuatro por mil) porque
es uno de los impuestos que más contribuyen a engrosar la
recaudación fiscal.
Según
explican algunos economistas colombianos, "el Gobierno introdujo
en la década de los noventa algunas inversiones forzosas
a cargo de los bancos para cubrir parcialmente los costos fiscales
de la crisis financiera (que estalló en 1982) y estableció
un impuesto a las transacciones (ITF) destinado también a
cubrir esos costes". Ese gravamen tuvo al principio un carácter
temporal pero no sólo se ha mantenido sino que se ha ido
incrementando desde el dos por mil inicial al cuatro por mil actual.
Esta
misma semana, el ministro de Hacienda colombiano, Alberto Carrasquilla,
ha reconocido que hay que revisar los costes regulatorios del sistema
financiero colombiano y que es necesario eliminar las inversiones
crediticias obligatorias que tienen las entidades financieras, centradas
fundamentalmente en el sector agrario e hipotecario. Fuentes del
Ministerio de Hacienda explican a este diario que se ha planteado
la necesidad de hacer desaparecer estas obligaciones "porque
encarecen los costes operativos de las entidades e inciden en las
tasas de captación y de colocación de los créditos
y, en general, en los costos de los servicios financieros que se
cobran al público".
Pero
el asunto va despacio. Según estas mismas fuentes, "ha
comenzado a estudiarse y todavía ni siquiera se ha pedido
la opinión a los bancos".
Fuentes
de la Asociación Bancaria de Colombia (Asoban), aseguran
que si finalmente el Gobierno lleva acabo su plan para desmontar
estas obligaciones "supondrá un gran alivio para los
bancos puesto que forzarles a colocar recursos por debajo del precio
de mercado implica un coste muy alto en términos de margen
de intermediación". Se calcula que los bancos pierden
al año por este tipo de inversiones 500.000 millones de pesos
(167 millones de euros), lo que representa el 2,3% del PIB del país.
Las
entidades financieras colombianas están obligadas a suscribir
los denominados Títulos de Reducción de Deuda (TRD),
activos destinados a efectuar los abonos sobre los saldos vigentes
de las deudas individuales para la financiación de la vivienda
a largo plazo. En estos títulos tienen que invertir el 0,68%
al año de los depósitos durante 6 años a partir
del 2000. Por lo tanto, a partir de 2006 esta obligación
desaparecerá. Y además, tienen que adquirir obligatoriamente
Títulos de Desarrollo Agropecuario (TDA) para fomentar el
sector agrario. Los banqueros colombianos consideran que estas obligaciones
"van en contra de las tendencias internacionales de liberación
de los sistemas financieros".
Contraste.
Teniendo
en cuenta los ejemplos de Venezuela, Brasil y Colombia podría
deducirse que los gobiernos de izquierda latinoamericanos, como el
de Chávez y Lula, son más proclives a introducir y mantener
controles sobre las inversiones de los bancos y los de centro derecha,
como el de Uribe, son más receptivos a eliminarlos. Pero Argentina,
donde su presidente, Néstor Kirchner, aunque es el líder
del Partido Justicialista se ha sumado a la oleada socialdemócrata
que se está imponiendo en la región, es una excepción.
Fuentes
del Banco Central (BCRA) explican a este diario que "prácticamente
la totalidad del crédito está liberado en Argentina
y los bancos tienen libertad para otorgar créditos a quien
crean conveniente", aunque reconocen que sí pueden existir
algunas normas que indirectamente puedan tener incidencia como las
que existen para restringir la concentración de créditos
a los clientes, "pero estas normas tienen que ver más
con el riesgo y la supervisión que con un intento de orientar
el crédito".
Por
supuesto, en este país también existen encajes. Actualmente
la cantidad de dinero que las entidades financieras deben inmovilizar
en cuentas del BCRA es el equivalente al 20% de los recursos ajenos
frente al 23% del año anterior. Y el polémico Impuesto
a los Débitos y Créditos Bancarios, más conocido
como 'Impuesto al Cheque' que grava con 1% las transacciones financieras
y que tanto disgusta a los banqueros argentinos. Kirchner se ha
comprometido a eliminarlo progresivamente, pero, de momento, no
se ha decidido a hacerlo. En los primeros cuatro meses del año,
el fisco consiguió gracias a este gravamen más del
2% de la recaudación total, 750,8 millones de pesos (204
millones de euros), un 31,3% más que durante el pasado año.
Tampoco
hay que olvidar, según algunos observadores, que los diferentes
gobiernos argentinos han recurrido a los bancos en muchas ocasiones
para obtener financiación a través de colocaciones
de deuda forzosa.
Además,
aunque el Ejecutivo argentino no ha optado por dirigir la cartera
de crédito de los bancos, sí que ha puesto en marcha
varias iniciativas para incentivar la concesión de préstamos
a determinados sectores, especialmente a las pymes. Entre
otras cosas, ha activado una línea de subsidios para financiar
con una tasa más baja a estas empresas. El Gobierno organiza
una licitación y los bancos presentan sus ofertas de tipos
de interés y condiciones para posteriormente otorgar cupos
de esa línea. Además, el BCRA ha flexibilizado las
normas para facilitar el crédito a las pymes ampliando
el tipo de garantías que pueden presentar como aval.
Parece
que las entidades financieras en Latinoamérica son grandes
aliadas de los gobiernos, aunque sea de forma forzosa y a pesar
de las continuas lamentaciones de los banqueros, unas quejas que
han encontrado eco en los organismo internacionales. Tanto el Banco
Mundial como el FMI han iniciado una cruzada para obligar a que
se eliminen estos controles. Pero esta misión, según
algunos observadores, no tendrá éxito hasta que las
variables macroeconómicas y la evolución de los sistemas
bancarios y de valores lo permitan. También habrá
que estar pendientes de las presiones que puedan ejercer las agrupaciones
rurales, un sector que hoy por hoy tiene un gran peso en el subcontinente.
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