Viernes, 3 de junio de 2005

 

Antonio Flores, presidente de la Hispanic Association of Colleges and Universities (HACU)

“Sólo el 11% del más de medio millón de estudiantes extranjeros que cada año estudia en EEUU proviene de Latinoamérica”

Por Miguel Humanes (Santa Fé, Nuevo México)

El primer ejecutivo de HACU no ceja en su empeño por aumentar la participación de los estudiantes latinoamericanos (11%) entre los aproximadamente 600.000 alumnos universitarios extranjeros que estudian anualmente en EEUU. Los puestos de liderazgo en las multinacionales y la Administración estadounidenses siguen siendo un coto casi vedado para esta comunidad. Flores defiende la necesidad de que las empresas inviertan más en las universidades y propugna la creación de consejos mixtos entre ambas partes para buscar soluciones a las necesidades de la economía y la sociedad. El presidente de esta importante organización académica también explica por qué repentinamente siete centros españoles se han adherido a HACU en el último año y medio.

 

- La participación de latinos entre los miles de estudiantes que realizan cursos en EEUU cada año, sigue siendo insatisfactoria para usted. ¿Qué se puede hacer?

- En EEUU se reciben entre 500.000 y 600.000 estudiantes extranjeros todos los años y de ese total, solamente el 11% proviene de Latinoamérica (un 2% de México) y lo que yo estoy proponiendo es que eso cambie, que haya más oportunidades para estudiar en EEUU para estudiantes de América Latina e inclusive también que vayan a Europa, claro. Pero que a la vez los estudiantes hispanos de aquí, de EEUU, participen más en estudios internacionales y vayan a estudiar semestres o cursos completos en otros países, incluyendo España desde luego. Actualmente, EEUU envía al extranjero unos 160.000 estudiantes, de lo cuales desgraciadamente sólo un máximo del 3% es hispano. Y queremos cambiar eso.

- También hay pocos hispanos en EEUU en los puestos directivos de multinacionales, en las altas esferas de la Administración, ¿no es así?

- Efectivamente. Se trata, en mi opinión, de problemas estructurales que requieren cambios de fondo. Por ejemplo, en cuanto a los puestos de liderazgo en las rectorías (de las universidades), HACU tiene un programa mediante el cual cada año becamos a 10 personas, que son directores de facultad o vicerrectores, para que se preparen mejor y compitan por puestos de rectores. Ese programa lo lanzamos hace apenas tres años y ya está empezando a producir resultados; de hecho, algunos de estos “becarios” ya se han colocado como rectores. Pero lamentablemente como nuestra población está creciendo tan rápidamente, la proporción no mejora sustancialmente porque el número total de estudiantes y de instituciones está creciendo muy rápido. Es un desafío, pero lo estamos afrontando.

- En el último año y medio, aproximadamente, siete centros universitarios españoles se han adherido a HACU, ¿a qué se debe esta repentina atracción?

- Yo creo que han confluido una serie de factores. Las instituciones de España están viendo con mucha simpatía la oportunidad de colaborar con nuestras universidades en EEUU para que haya más intercambios estudiantiles, a la vez que crezca la colaboración académica. Todo esto ya ha dado sus frutos puesto que algunos de nuestros estudiantes están yendo a estudiar a universidades españolas. También están surgiendo interesantes oportunidades en la colaboración académica que puede surgir entre investigadores de uno y otro lado del Atlántico en áreas de interés común.

- ¿Y qué hay del binomio universidad-empresa? Los universitarios suelen acabar sus estudios con poca experiencia del ‘mundo real’...

- Sí, en eso estamos avanzando. Las empresas deben invertir mucho más en la universidad para que crezca la reciprocidad entre las decisiones que las universidades toman sobre sus programas y la naturaleza de los mismos. Entonces tiene que fortalecerse esa inversión porque ahora es muy limitada. Insisto, hay que invertir en ampliar y mejorar programas de estudio y sobre todo crear los programas que las empresas necesitan para los puestos de trabajo de más capacitación. También debe haber más oportunidad de diálogo entre los ejecutivos de las empresas y los de las universidades, que creen consejos mixtos para analizar las necesidades de la industria, de la sociedad, y expliciten los requerimientos para que esas necesidades sean bien cubiertas por las universidades de una manera digamos... conjunta, y no prescrita, porque las universidades reaccionan a veces muy negativamente cuando simplemente se les dice: “tienes que hacer esto porque es lo que necesitamos”. Debe producirse un diálogo continuo y sustantivo al respecto, y eso no ocurre mucho aquí, en el contexto de EEUU. Y además la política educativa de EEUU debe alentar mucho más esas dos líneas de trabajo: la inversión privada en las instituciones académicas y el acercamiento entre los directivos empresariales y universitarios. ¿Cómo? A través, por ejemplo, de estímulos fiscales para la inversión y en segundo lugar mediante incentivos directos de inversión también gubernamental en la formación de ese tipo de consejos mixtos así como apoyos, asesorías, para que éstos se celebren debidamente.

- La brutal discriminación que sufrieron los latinos (y otras comunidades) en EEUU en décadas pasadas ya no existe, pero sí que se da otro tipo de ‘marginación’, como por ejemplo que resulte tan difícil disponer de ordenadores con eñes, acentos...

- Sí, a eso yo lo llamaría “neocolonialismo lingüístico” por parte de los que producen el software y el equipo de cómputo en general, que aquí son en su mayoría Microsoft y otras empresas norteamericanas, que no han desarrollado suficientemente esa sensibilidad e imaginación para darse cuenta de que hay un mercado cultural que requiere que existan otros programas que sí permitan utilizar el idioma rápidamente. Ahí surge un nicho interesante para las empresas de software españolas, que podrían comercializar con éxito sus programas en el cada vez mayor mercado hispano de EEUU. Dígales que se animen y vengan (y sonríe).

 

 

   

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