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Viernes
3 de junio de 2005
El
PIB brasileño crece menos de lo previsto por el efecto del
incremento de los tipos de interés
Más
problemas para Lula
Por
María Blasco
Lula
no está en su mejor momento. La semana pasada fueron los
escándalos de corrupción los que cercaron a su Gobierno
y ahora, la presión generada por la constatación de
que la subida de los tipos de interés ha comenzado a afectar
al crecimiento. Además, varios ministerios están en
huelga. Los funcionarios quieren más sueldo. Y para colmo
su vecino y aliado argentino, Néstor Kirchner, se atreve
a llamarle en público "elitista". No sólo
fuera, también dentro pierde amigos. En el mes de mayo, la
popularidad del mandatario latinoamericano cayó por tercer
mes consecutivo.
Parece
que finalmente tenían
razón los empresarios, sindicatos e incluso algunos miembros
del propio gabinete de Lula cuando aseguraban que la política
monetaria del Banco Central (BC) pasaría factura al crecimiento
económico del país. En el primer trimestre del año,
el PIB creció un 2,9%, el menor aumento desde 2003, y una
cifra muy por debajo de la que manejaban los mercados e inversores,
3,6%.
Pero
lo peor podría estar por llegar todavía. A pesar de
que Lula no ha perdido su sonrisa y ha asegurado que el dato no
está mal y que la economía "volverá a
sorprender este año", algunos expertos creen que el
crecimiento del primer trimestre todavía no refleja las consecuencias
de los continuos aumentos de la tasa selic. De hecho, y por muy
tranquilo que esté el mandatario brasileño, el Gobierno
ha tenido que
reconocer la evidencia y ha reducido su previsión de PIB
para este año desde el 5,2% hasta el 4,9%.
Algunos observadores consideran
que la desaceleración del PIB tendrá un reflejo negativo
en el prestigio del Gobierno. De hecho, no ha hecho falta esperar
para comprobarlo. Según una encuesta difundida esta semana
por el Instituto Sensus, la popularidad de Lula se redujo en el
mes de mayo por tercera vez consecutiva. El
porcentaje de brasileños que apoya al mandatario latinoamericano
ha descendido desde el 60,1% en abril hasta el 57,4% de mayo. También
el Gobierno ha salido mal parado. Ahora sólo apoya su gestión
el 39,8% de la población frente al 41,9% del mes anterior.
De la encuesta
también se desprenden otras conclusiones. Por ejemplo, que
la corrupción es el principal motivo de vergüenza para
los brasileños. Los escándalos en Correos y en algunos
ministerios parece que también tienen algo, o mucho, que
ver con el nuevo revés de Lula en las encuestas.
Presiones.
Según
afirman algunos observadores, es muy probable que con estos resultados
(los de popularidad y de crecimiento económico) en la mano
sea la propia Administración de Lula la que se encargue de
presionar al BC para que relaje su política monetaria restrictiva
y de esta forma estimular el crecimiento.
Aunque la decisión
es complicada. La obsesión de la autoridad monetaria es mantener
controlada la inflación. Todo indica que, de momento, lo
consigue, pero es probable que se le escape de las manos si el Gobierno
comienza a acceder a la presión social que existe en demanda
de incrementos salariales. Los últimos en unirse han sido
los empleados públicos que exigen un incremento del sueldo
equivalente a la pérdida del poder adquisitivo acumulado
desde que llegó al poder, lo que, según el sindicato,
podría traducirse en un aumento del 150% en algunos casos.
El pasado jueves
comenzó una huelga indefinida que está afectando a
los organismos oficiales y a carteras como la de Hacienda, Trabajo
y Agricultura.
También
los empresarios están tensos. El último dato de PIB
ha acabado de convencerles de la inconveniencia de mantener durante
tanto tiempo una política monetaria restrictiva. El
presidente de la Federación de Industrias de Sao Paulo, Paulo
Skaf, considera que la economía brasileña no tiene
ya más fuerza, e incluso ha pronosticado que en poco tiempo
la variación del crecimiento será negativa. Entre
los sindicatos, la sensación no es mejor. En un comunicado,
la central obrera Forza Sindical asegura que el último dato
de PIB es una pésima noticia para los trabajadores.
Los
mercados. En
la Bolsa, tampoco los inversores parecían demasiado optimistas.
Cuando se conoció el dato de PIB, el Ibovespa perdió
casi un 1%, mientras que en los mercados de divisas el dólar
recuperaba terreno frente al real a marchas forzadas. Ese día
se revalorizó un 1,55%, la mayor subida del año, y
ha continuado avanzando durante los días siguientes.
Aunque el comportamiento
del real no sólo está influenciado por el dato de
PIB. Hay otros motivos para su caída porque también
hay otras variables que están defraudando.
El director
de política monetaria del BC, Rodrigo Azevedo, ha anunciado
que la entidad podría comenzar a comprar dólares tras
dos meses de inactividad en el mercado local. El objetivo sería
incrementar las reservas internacionales. Aunque, en la práctica,
lo que se conseguirá es frenar la revalorización del
real. En los últimos 12 meses, la cotización de la
moneda local subió un 32% frente al dólar, lo que
ha perjudicado las exportaciones.
De
hecho, esta evolución de las ventas al exterior ya ha comenzado
a reflejarse en cifras. Esta semana se ha conocido que el superávit
comercial del mes de mayo ascendió a 3.452 millones de dólares
(2.805 millones de euros), lo que supone una caída del 10,9%
respecto a abril. Esta es una de las consecuencias de la debilidad
de la moneda estadounidense. Su depreciación ha provocado
que las importaciones crezcan a mayor ritmo que las exportaciones.
Quizá
la nueva estrategia del BC y un posible freno en el incremento de
los tipos de interés (19,75%) puedan ayudar a revertir la
tendencia y a conseguir cerrar el año sin que la desaceleración
haya causado estragos en el Gobierno.
Corrupción.
Aunque no parece tan claro que Lula consiga hacer olvidar
los últimos escándalos que han estallado en su Administración.
Más que nada, porque la oposición no está dispuesto
a permitirlo. De forma que mientras se intenta revertir la tendencia
negativa de algunas de las variables macroeconómicas clave
del país, el Gobierno tiene que estar gestionando de la mejor
manera posible estos nuevos casos de corrupción para que
no entorpezcan el camino del presidente brasileño hacia la
reelección.
De este último
asunto se está encargando con gran dedicación el presidente
del Partido de los Trabajadores (PT), José Genoino. La pasada
semana, con Lula en Japón, tuvo mucho trabajo para desactivar
esta nueva bomba, pero en estos últimos días, con
el mandatario brasileño ya en el país y controlando
directamente la situación, la intensidad de su trabajo no
se ha reducido demasiado.
Hace unos días,
Genoino, indignado con los reportajes que acusan al Gobierno de
corrupción,
divulgó un comunicado en el que afirmaba que las acusaciones
son falsas. En
la nota, Genoino explica que los reportajes realizados por la revista
Veja y el diario Folha de S. Paulo contienen especulaciones
que no son verídicas y desarrolla 30 puntos que considera
que debe conocer el público.
En primer lugar,
explica que el PT no decide sobre los nombramientos de los cargos
públicos y destaca que en el caso de las empresas estatales
los puestos de dirección están ocupados por profesionales,
muchos de los cuales ya ocupaban cargos de responsabilidad con el
anterior gobierno.
El
presidente del partido afirma que "el PT repudia las acusaciones
realizadas por varios reportajes (...). Son mentiras irresponsables
que buscan perjudicar deliberadamente al PT y al Gobierno".
Además, asegura que
el PT apoya una amplia investigación por la Policía
Federal y el Ministerio Público (y no por el Congreso) en
el caso de Correos y entiende que "cualquier desvío
en la conducta de los funcionarios públicos (...) debe ser
investigado y debidamente sancionado en el caso de que resulte inculpado".
Por último,
el presidente del PT concluye que los resultados de la lucha contra
la corrupción del Gobierno de Lula son incontestables y no
pueden ser ocultados por informaciones no verídicas y especulaciones
con objetivos inconfesables. Aunque, al parecer, según las
encuestas, estos logros sí pueden ponerse en duda.
Kirchner.
Lula
también tiene problemas fuera del país. Aparte de
los conflictos comerciales que tiene con Argentina, su principal
socio en el Mercosur, el Gobierno de Kirchner ha arremetido duramente
contra él por su aspiración de sentarse en un puesto
permanente en el Consejo de Naciones Unidas (ONU) en representación
de Latinoamérica. Su malestar es conocido, pero por primera
vez ha sido expresado con contundencia y en público.
El canciller
Rafael Bielsa calificó esta semana la postura de Lula de
"elitista y poco democrática". Mientras, el mandatario
brasileño calla en público pero ha trascendido su
reacción en privado. Lula ha dicho que "hay que tener
bolas para bancar (soportar) a los argentinos". Estas
palabras las habría pronunciado Lula en una cena con sus
ministros antes de partir de Japón y fueron publicadas en
varios diarios brasileños, aunque unos días después
desde el Gobierno se aseguró que se trató de un error
de traducción.
Parece que el
camino de Lula hacia la reelección está ahora más
salpicado de obstáculos que hace unos meses. Tiene muchos
frentes abiertos, pero no hay que olvidar que, aún con todos
los problemas, gobierna todavía, tras tres años en
el poder, con casi el 58% del apoyo de los brasileños.
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