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Viernes
3 de junio de 2005
Pascal
Lamy será nuevo director general de la Organización
a partir de septiembre
La
OMC ante la nueva coyuntura
Por
Alberto Miguel Arruti
El
próximo 1 de septiembre, el nuevo director general de la
Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, asumirá
la totalidad de sus funciones y de sus responsabilidades. Pese a
estar ratificado su nombramiento por el Consejo General de la Organización,
una serie de disposiciones burocráticas le impiden ponerse
al frente del puesto hasta septiembre.
Y
¿qué es lo que se va a encontrar? Evidentemente, un
mundo en un total cambio, que ni el analista más sagaz se
atrevería a pronosticar con un mínimo de probabilidades
de llegar a acertar. En cuanto a la siderúrgica se refiere,
se encuentra con un mercado atomizado que, siguiendo las pautas
del capitalismo, conviene unificar, al menos, en algún sentido.
Frente
a esta situación, un gigante, Arcelor, que es el mayor productor
de acero del mundo y que lucha por abrise paso en otros continentes,
fuera de Europa. Hace unos años, no muchos por cierto, las
trabas arancelarias, que puso el Gobierno de Bush para que no se
introdujese, o se introdujesen menos, productos siderúrgicos
en la gran nación americana, ocasionó multitud de
quebraderos de cabeza a la OMC: La eterna lucha contra la llamada
enmienda Byrd, declarada ilegal por la OMC y la lucha contra el
dumping por parte de la Comisión Europea.
Como
se sabe, el dumping consiste en vender por debajo del precio
de coste con lo que la competencia libre, que es la base y el ideal
de cualquier economía liberal desaparece. La
construcción naval, de la que es líder Corea del Sur,
tiene pendientes una serie de litigios relacionados, más
o menos, con el dumping, pero lo cierto es que la primacía
de la construcción naval ha pasado a Extremo Oriente.
Luego,
el caso de China. Lo difícil que es la competencia con esta
enorme potencia, con sueldos bajos y, en muchas ocasiones, con condiciones
laborales auténticamente lamentables. Aparecen así
unos precios con los que Europa no puede competir. Por si todo esto
fuese poco, el fantasma de la deslocalización. La gran empresa
europea tiende, en muchas ocasiones, a instalarse en China o en
India o, cuanto menos, en los países de la antigua Europa
del Este. En este panorama, la sociedad del bienestar, base de la
organización de los avanzados países de la Europa
del Norte, y tendencia general, de todos los países de Europa,
hace crisis y Keynes se convierte en un icono más.
Estos
son algunos de los problemas a los que se tiene que enfrentar Pascal
Lamy, desde el primer día, que se siente en su despacho.
Y podríamos citar otros muchos más. Por ejemplo, Rusia
lleva ya 12 años negociando su adhesión a la OMC,
frenada por EEUU. Además, la Ronda de Doha queda parada,
en sus negociaciones, por la eliminación de los aranceles
y subsidios agrícolas. Las tensiones con los países
menos desarrollados, agrupados en el llamado G-90, quieren que su
peso en número se refleje en la toma de decisiones. Son mayoría
entre los 148 países miembros de la OMC.
Lamy
tiene una gran experiencia curtida en la Unión Europea. Pero
tiene fama, sobre todo frente a los países menos desarrollados,
de intransigencia y de dureza. Es evidente que le conviene matizar
este perfil.
Pero
así son las cosas, cuando nos quedan tres meses para que
la OMC cambie de director general y, con ello, se abra una nueva
etapa para la Organización.
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