Viernes, 10 de junio de 2005

 

Guillermo Torres, ministro de Hidrocarburos de Bolivia

ôLa nacionalización de los hidrocarburos es una solución imposible, impracticable e irreal"

Por Gema Velasco

Bolivia ha vivido dos semanas al borde de la guerra civil. La radicalización de las protestas sociales obligaron a Carlos Mesa a presentar su dimisión en un intento de pacificar el país. El ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Guillermo Torres, espera que la transición hacia un nuevo Gobierno sea pacífica pero advierte que el conflicto en el sector de los hidrocarburos debe solucionarse incluso antes de que se celebren las elecciones anticipadas anunciadas hoy porque las empresas extranjeras no pueden permanecer en el limbo durante seis meses. Y esa solución, a su juicio, no puede ser la nacionalización, tal y como demandan los campesinos, indígenas, mineros, sindicatos y partidos como el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales, porque Bolivia no tiene el dinero suficiente para hacerse cargo del sector. Ahora, a la persona que nombre el nuevo presidente del país, Eduardo Rodríguez, le tocará sentarse a negociar con las compañías.

- Uno de los desencadenantes de la actual crisis que vive Bolivia ha sido, una vez más, la Ley de Hidrocarburos, un texto sancionado hace meses en el Congreso tras arduas negociaciones. Pero los movimientos sociales han radicalizado sus posiciones y ahora demandan directamente la nacionalización de los recursos naturales, ¿qué es lo que ha pasado?

- Yo creo que en el actual conflicto la Ley de Hidrocarburos ha pasado a un segundo plano. Es cierto que los movimientos sociales han endurecido sus posiciones y ahora quieren la nacionalización de los hidrocarburos, pero en realidad esa posición es una consecuencia del surgimiento de otras dos demandas: la convocatoria de la Asamblea Constituyente (AS) y del referéndum autonómico. Ambos son asuntos muy conflictivos y son los que han acelerado todo el proceso.

- ¿Por qué son irreconciliables los intereses de los que demandan una AC y los que exigen un referéndum?

- El conflicto surge porque los manifestantes que piden el referéndum, solicitado por Santa Cruz (la región más rica de Bolivia y en la que se concentran la mayor parte de los recursos de hidrocarburos), quieren que se celebre antes de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, mientras que los pueblos de Occidente (La Paz) quieren primero la Constituyente. Aquí está el problema. Y en medio las organizaciones sociales han endurecido sus posiciones sobre el asunto de los recursos naturales y ahora quieren la nacionalización de los hidrocarburos.

- En este contexto, ¿cuál es el futuro de la Ley de Hidrocarburos?

- Yo tengo la esperanza de que triunfe la sensatez y de que lo que se ha conseguido en la Ley de Hidrocarburos se aplique. En estos momentos, estamos en el proceso de reglamentación de la Ley y estamos negociando con todos los sectores para llegar a un acuerdo. Queremos sacar en los próximos días dos decretos supremos. Uno de ellos sobre impuestos y regalías que establece lo mismo que se aprobó en la Ley (un impuesto del 32% y regalías del 18%) y que responde a lo que se votó en el referéndum. Quedarían por aprobar otros 61 para acabar de reglamentar el texto legal.

- Quizá no sea el mejor momento para anunciar estos decretos

- Nuestra responsabilidad es hacer los decretos. Si los que piden la nacionalización lo hacen por la vía legal y lo consiguen eso es otra cosa. Pero nosotros, como Gobierno, tenemos que hacer la reglamentación. No hacemos nada ilegal.

- ¿Cree posible que finalmente las organizaciones sociales consigan que se nacionalicen los hidrocarburos en Bolivia?

- Yo espero que no llegemos a la nacionalización porque no es conveniente para el país. En este momento, Bolivia no tiene la situación económica que le permita financiar el desarrollo del sector de hidrocarburos. Es imposible, impracticable e irreal. Yo creo que lo que se tiene que hacer es negociar con las empresas, que ya sabemos que no vienen aquí a hacer obras de caridad sino negocios. Pero su inversión es a largo plazo, los contratos son de 40 años, y deben ayudar a buscar una solución y contribuir a buscar salidas que generen un ambiente sostenible para su negocio.

- ¿Qué pasará con empresas como Repsol YPF si Bolivia nacionaliza sus recursos?

Se establecerá el monto de las indemnizaciones. Pero yo creo que las personas que exigen la nacionalización no saben lo que dicen ni lo que supone para el país. En cualquier caso, Bolivia respetará sus acuerdos, pero lo que sí pedimos a toda la comunidad internacional es comprensión porque deben entender que estamos al borde de la guerra civil. Repsol es una de las empresas que mejor se dan cuenta de la situación. Sus ejecutivos tienen buena predisposición para llegar a un acuerdo. No sería nada bueno para ninguna de las partes que el conflicto acabara en un litigio internacional. En primer lugar, Bolivia no tiene con qué pagar las probables multas o sanciones, y en segundo, somos conscientes de que el país tendría muchos problemas en el contexto internacional. Habría perjuicios para ambas partes. Es mejor un arreglo.

- Antes de que estallara hace un par de semanas la oleada de violencia en las calles, el Gobierno de Mesa estaba negociando con las petroleras extranjeras los contratos, ¿cómo ha quedado este asunto?

- Comenzamos la pasada semana las conversaciones con las compañías pero los problemas sociales han interrumpido este proceso. Esperamos que no haya ninguna empresa que mantenga una posición demasiado intransigente, aunque somos conscientes de que tal vez haya alguna compañía que piense que es mejor recurrir al arbitraje internacional. No obstante, en este momento, mi relación con las petroleras extranjeras es muy buena y estamos en constante comunicación. Las empresas nos mantienen informados en todo momento de los bloqueos que sufren y de las ocupaciones que se producen en las plantas. La relación es buena.

- ¿Cuándo se reanudarán las negociaciones?

- Una vez que haya pasado el problema y la crisis social remita, las partes tendrán que sentarse a negociar. Además, no hay que olvidar que las perspectivas de negocio en el país son muy buenas. El mercado para el gas boliviano está creciendo sobre todo por la demanda de los países vecinos como Brasil, Argentina, Paraguay o Chile. En estos momentos, los gobiernos de estas naciones están buscando alternativas debido a la situación actual en Bolivia. Pero no hay una opción más competitiva que la de nuestro gas. Además, hay que tener en cuenta que la energía cada vez es más escasa, por eso están subiendo los precios y no creo que se trate de algo coyuntural. Al contrario, creo que los precios se mantendrán elevados, entre otras cosas, por que el consumo de países como China o India es cada vez mayor. Por tanto, el sector de hidrocarburos de Bolivia tiene un gran futuro. Pero hay que pacificar el país y conseguir que todo el mundo se ponga de acuerdo en defender los intereses nacionales con racionalidad y en condiciones de equidad con las empresas.

- Un sector de las organizaciones sociales pretenden que el nuevo presidente convoque la Asamblea Constituyente, el referéndum autonómico y decrete la nacionalización de los hidrocarburos antes de que se celebren las elecciones generales. Parece demasiado para un Gobierno de transición.

- Es urgente solucionar el asunto de los hidrocarburos. El sector no puede permanecer en la incertidumbre durante seis meses (plazo máximo que establece la Constitución para convocar elecciones anticipadas) porque las empresas tienen que tomar decisiones de inversión. No puede quedar este asunto en el limbo. Y respecto a los sectores que piden la Constituyente y el referéndum, creo que van a seguir presionando para que se tome una decisión. Nosotros lo que pedimos ahora es una tregua porque existe en estos momentos una gran presión, sobre todo en La Paz.

- Durante estos días de mayor presión ¿ha hablado usted con el (ex) presidente Carlos Mesa?

- Hemos estado en contacto continuo. Todavía nosotros manejamos el Estado, no ha habido vacío de poder. Se producirá una transición normal y esperamos que pacífica. El nuevo presidente tendrá que elegir ahora su Gabinete y continuar la marcha normal.

- ¿Cuál es su estado de ánimo?

- Estoy preocupado por lo que pueda pasar en el país. Pero estoy tranquilo porque ha sido una época muy dura. A ver si, al menos en lo personal, termina esta situación. Yo estoy satisfecho porque creo que hemos hecho todo lo que hemos podido, todo el esfuerzo del que hemos sido capaces. Si nos hubiéramos ido antes, podría haber pensado que no se ha cumplido con la responsabilidad asumida. Pero en la adversidad hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos para intentar reconducir la situación. Todos los miembros del Gabinete de Mesa estamos satisfechos con lo que hemos hecho.
   

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