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Viernes
17 de junio de 2005
El
'superministro' José Dirceu, obligado a dimitir por las denuncias
de corrupción
Lula
reacciona
Por
G. V.
El
presidente brasileño, Lula da Silva, ha prescindido de los
servicios del hombre más influyente y combativo de su Gabinete,
el ministro de la Presidencia, José Dirceu. Las denuncias
de corrupción han acabado por obligarle a aceptar la dimisión
de su 'superministro' para calmar a la opinión pública.
Pero Dirceu no se ha ido con la cabeza baja. Al contrario, ha anunciado
que renuncia a su cargo para volver al Congreso desde donde atacará
a aquellos que pretenden desestabilizar el Gobierno. A partir de
ahora, el debate político en Brasil promete ser muy animado.
La
dimisión de Dirceu es sólo el principio. El presidente
brasileño está preparando una amplia reestructuración
ministerial que le ayude a sacudirse la mala imagen de su Gobierno
frente a sus conciudadanos y futuros votantes. Al fin y al cabo,
él no ha estado personalmente implicado en los casos de soborno,
e incluso el presidente del Partido Laborista de Brasil (PLB), Roberto
Jefferson, un aliado del Ejecutivo aunque parezca mentira, ha insistido
siempre en desvincular a Lula de estos escándalos. La primera
vez que le mencionó fue para asegurar que el presidente lloró
cuando se enteró de que le rodeaba una pandilla de corruptos.
Según
Jefferson, miembros del Partido de los Trabajadores (PT) -formación
que lidera Lula- pagaban mensualmente 12.000 reales (4.125 euros)
a parlamentarios de distintos partidos políticos para asegurarse
su apoyo al Gobierno. Dirceu y los ministros de Integración
Nacional, Ciro Gómez y el de Turismo, Walfrido Mares, estarían
al tanto de estos sobornos.
Pero
Lula está haciendo algo más que cambiarle la cara
al Gobierno para intentar salir airoso de la peor crisis sufrida
desde que llegó al poder en 2003. En sí misma esta
transformación es más estratégica de lo que
parece porque no sólo se trata de un gesto de cara a la galería
sino que, además, refuerza la posición del PT en el
Congreso, lugar donde se va a librar la verdadera batalla política
desatada tras las denuncias de Jefferson. No sólo Dirceu
se volverá a sentar en el banco del PT en la Cámara
baja, además, es posible, según algunos observadores,
que decida enviar a otros de sus ministros y actuales cargos públicos
con licencia de diputado al Parlamento para defender desde esta
posición al PT y al Gobierno.
Esa
será otra pelea, la más visible, pero hay una más
soterrada que ya ha comenzado y que se libra básicamente
desde las páginas de los diarios brasileños. Allí
Jefferson inició su andanada, y allí también
ha comenzado a ser despellejado por sus detractores.
Despellejado.
La estrategia es sencilla. El objetivo es desacreditarle
de cara a la opinión pública. Este sistema funciona
más veces de lo que parece, sobre todo en los tribunales.
El diario Folha
de Sao Paulo desvelaba esta semana, casualmente, los entresijos
de la vida empresarial de Jefferson. Al parecer, está vinculado
a la empresa Acqua Viti, dirigida por su yerno, Marcus Ferreira.
Y esta compañía quedó fuera de un rentable
proyecto impulsado por el Gobierno para sanear las aguas residuales
de varios estados. Estos datos por si solos se han convertido en
uno de los pilares de la defensa de los acusados por el dedo de
Jefferson: el líder del PLB pretende con sus denuncias vengarse
de Lula. Sin más.
Aunque tampoco
hay que escarbar tanto para encontrar un motivo. No hay que olvidar
que el propio Jefferson está implicado en un caso de corrupción
en la empresa estatal Correos. De hecho fue esta denuncia realizada
ahora hace un mes, por supuesto desde la prensa (Veja),
la que ha degenerado en todo este embrollo.
El problema
es que Jefferson, que, de momento no ha aportado ni una sola prueba,
no es el único testigo de los presuntos sobornos. Alguien
más ha hablado. Se trata de Fernanda Karina Somaggio, la
ex secretaria privada del hombre que presuntamente ejercía
de intermediario entre el Partido de los Trabajadores (PT) y los
diputados sobornados, Marcos Valerio. Según cuenta Somaggio
en otro medio de comunicación, la revista Istoé,
Valerio se encontraba en hoteles de Brasilia y Sao Paulo con miembros
del PT, entre ellos, el tesorero, Delubio Soares, y también
estaba en constante comunicación con Dirceu. Valerio sería
el encargado de entregar el dinero procedente de las arcas del PT
a los parlamentarios a cambio de su apoyo al Gobierno.
Mentirosa.
Pero también en este caso parece que el partido de Lula ha
encontrado un hueco por el que sembrar la duda. Según asegura
hoy el PT en su página web, Somaggio no ha podido
mantener sus acusaciones ante la Policía Federal (PF). El
jefe de Comunicación de la PF, Belo Horizonte, afirma que
la ex secretaria básicamente se dedicó durante el
interrogatorio a negar todo lo dicho anteriormente en la entrevista.
Así que Somaggio ha quedado como una mentirosa.
Mientras los
estrategas del Gobierno brasileño se dedican a desacreditar
a los acusadores, Lula ha
comenzado a colocar sus peones para ganar la batalla en la comisión
parlamentaria (CPI) que investigará a partir de la semana
que viene el caso de corrupción en Correos. Un miembro del
PT será el presidente de la CPI y un diputado del aliado
Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)
el relator.
El Ejecutivo
brasileño ha hecho valer su mayoría en el Parlamento
para conseguir el control de la comisión. De esta forma podrá
impedir que la oposición consiga su objetivo y haga extensivas
las pesquisas a otros escándalos de corrupción en
los que miembros del Gobierno están presuntamente involucrados.
Parece que tras
el descolocamiento inicial Lula ha comenzado a ganar algún
punto en esta particular guerra que ha enfrentado abiertamente al
Gobierno y a los partidos opositores, cuyos dirigentes se han encontrado
hecha la mitad de la campaña electoral y por adelantado.
Mal
rato. Claro que Lula no está dispuesto a dejar que
la oposición rentabilice en las urnas (las elecciones presidenciales
en Brasil son en 2006) el mal rato que está pasando. El mandatario
brasileño ha desenfundado una de sus armas favoritas, la
de la economía, para contrarrestar el efecto negativo de
los casos de corrupción.
No hay buenas cifras que presentar así que ha recurrido a
la puesta en marcha de lo que ha calificado como la "agenda
del bien" que incluye básicamente una reducción
de impuestos e incentivos fiscales a varios sectores económicos.
Las medidas
anunciadas beneficiarán a distintas áreas como la
construcción, informática y la industria del vino.
El presidente brasileño asegura que decisiones como ésta
transformarán a Brasil en una economía más
formal y más fuerte. Con esta propuesta se pretende dar un
poco de aliento al PIB del país, ahogado en estos momentos
por el efecto del incremento de los tipos de interés, aunque
sea a costa de una menor recaudación fiscal. El ministro
de Hacienda, Antonio Palocci, ha anunciado que el Estado dejará
de percibir este año en concepto de impuesto alrededor de
1.500 millones de reales (513 millones de euros).
Hay más
noticias agradables. Lula ha recibido en estos momentos tan duros
el apoyo del Banco Central de Brasil (BCV) que dirige Henrique Meirelles
que, por cierto, también está siendo investigado por
un presunto fraude fiscal. El BC ha decidido en su reunión
mensual celebrada esta semana frenar la escalada alcista de los
tipos de interés de referencia. Por primera vez en nueve
meses, la autoridad monetaria se ha apiadado de trabajadores, empresarios
y del Gobierno y ha mantenido la tasa selic en el 19,75%. Un respiro.
Esta vez Lula no ha tenido que enfrentarse a las críticas
de las federaciones industriales ni de los sindicatos.
Después
de todo parece que Lula será capaz de recomponer la compostura
aunque tendrá que emplearse a fondo para ganar la popularidad
perdida. Según una encuesta realizada por Mitofsky publicada
esta semana, el mandatario brasileño ya no es el que gobierna
con más apoyo en la región. De hecho está muy
lejos del primer puesto, en concreto en el número 13 con
un porcentaje de aprobación del 40%. Ahora el presidente
latinoamericano más mimado por sus conciudadanos es el uruguayo
Tabaré Vázquez (80%).
La situación
de Lula es complicada. Pero saldrá de ésta. Hay un
dato revelador. Desde el pasado 14 de mayo, día que se destapó
el escándalo en Correos hasta hoy, el índice Ibovespa
se ha revalorizado un 5,6% y el real se ha apreciado frente al dólar
un 4%. Los inversores tienen claro que la tensión política
que existe en estos momentos en el país no tumbará
al presidente brasileño. Ha perdido el favor de muchos de
sus ciudadanos, pero está claro que en Wall Street sigue
siendo el rey.
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