Miércoles 28 de junio de 2005

La autoridad bursátil londinense decide “castigar” a Citigroup

Las ventas masivas de bonos europeos realizadas por los operadores de Citigroup en agosto de 2004 siguen siendo investigadas por varios supervisores de los mercados europeos.

Aunque uno de ellos, la Autoridad Bursátil Británica (FSA) ya ha concluido el proceso en marcha.

No ha habido sanción, la FSA y el banco han llegado a un acuerdo y la entidad financiera estadounidense pagará 25,4 millones de dólares para que concluya la investigación.

Sin admitir culpabilidades por supuesto.

El Citi sigue afirmando que aquella operación de agosto se debió a un error informático.

Algo que muy pocos operadores de los bancos rivales creen.

Y también muy pocas autoridades económicas europeas.

Pero, el banco aún no está libre del pecado cometido hace un año.

Las autoridades bursátiles de Italia, Bélgica y Portugal prosiguen las investigaciones.

No obstante, esta decisión de la FSA puede considerarse casi una segunda victoria en este proceso para el banco estadounidense que el 31 de marzo de este año vio cómo la Fiscalía alemana archivaba el caso ante la imposibilidad de demostrar que la acción fuera ilegal.

Algo que no pensaban ni el Gobierno, ni el supervisor bursátil alemán.


Segundos. Aquel 2 de agosto del pasado año, los operadores de la mesa europea de deuda de Citigroup vendieron en cuestión de segundos deuda pública de distintos países europeos por valor de 12.400 millones de euros, una cantidad equivalente al volumen medio que suele moverse en estos mercados cada mes.

Cuatro minutos después el banco realizó una recompra de parte del papel puesto en circulación a un precio mucho menor, sólo 4.000 millones de euros.

Pero esta no es la jugada completa. Antes de realizar la “macroventa”, los operadores de Citi habían comprado una importante partida de futuros sobre deuda europea, apostando por un precio muy similar al conseguido.

Etica y dinero. Aquel 2 de agosto, los operadores de Citi vendieron, en unos segundos, deuda pública europea por valor de 12.400 millones de euros, para recomprar al cabo de unos minutos bonos por valor de 4.000 millones a un precio mucho más bajo.

 

 

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