Miércoles 29 de junio de 2005

La crisis política divide al principal aliado
de Lula en el Congreso, el PMDB

El presidente brasileño, Lula da Silva, confiaba en que el Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB), su principal aliado y la primera fuerza política del Congreso, le ayudara a salir de la crisis y aceptara incrementar su presencia en el Gobierno para asegurar la gobernabilidad del país. Pero en lugar de eso, lo que parece que ha conseguido es dividir al PMDB agravando la sensación de crisis política que existe en el país.

Los medios de comunicación no se ponían de acuerdo sobre la actitud que mantendrá el PMDB frente a la petición de Lula. En algunos periódicos se aseguraba que esta formación política habría dado ya su respuesta al Gobierno: "No, gracias".

Sin embargo, otros afirmaban que ya estaba preparado el texto que divulgará hoy esta organización anunciando el apoyo de una amplia mayoría del partido a la Administración Lula para garantizar la gobernabilidad, lo que supone la participación del partido en el Gobierno.

Confusión. Quizá esas variadas versiones responden al hecho de que en el PMDB hay distintas corrientes de opinión, unas diferencias que se han hecho ahora más evidentes que nunca. Aunque en la página web del partido (www.pmdb.org.br) parecía primar al cierre de esta edición las posiciones en contra de la participación del PMDB en la Administración Lula. La formación de Río de Janeiro llega a decir no sólo que no quiere más cargos en el Ejecutivo sino que debe renunciar a los cargos que ocupa actualmente.

El PMDB, de ideología de centro derecha, ocupa dos ministerios, el de Comunicaciones y Seguridad Social, y Lula está dispuesto a entregarle otras dos carteras, entre ellas la de Minas y Energía, que ocupaba Dilma Rousseff hasta que fue nombrada ministra de la Presidencia en sustitución de José Dirceu. De momento, este asunto aún no está cerrado.

Pero Lula sigue utilizando todos los recursos posibles para gestionar la crisis e impedir que estos escándalos le impidan volver a ser reelegido en 2006. Según anuncia el diario O'Globo, el presidente brasileño probablemente anunciará hoy en una ceremonia en el Palacio de Planalto un paquete anticorrupción que incluirá la creación de un organismo que investigue los bienes de los empleados públicos, el envío al Parlamento de un proyecto de Ley para penalizar el enriquecimiento ilícito y la creación de organizaciones de control para investigar los gastos e ingresos de los ministerios.

Las investigaciones. Mientras tanto, las comparecencias en el Congreso para intentar aclarar los presuntos casos de corrupción continúan. Ayer, la ex secretaria de Marcos Valerio, ratificó en la Cámara baja que su ex jefe estaba presuntamente implicado en una red de sobornos del que formaban parte miembros del Gobierno de Lula y también confirmó de nuevo que hubo contactos periódicos entre Valerio y altos funcionarios de la Administración. Entre ellos citó al secretario general del Partido de los Trabajadores (PT) que lidera Lula, Silvio Pereira, el tesorero, Delubio Soares y José Dirceu.

Por otro lado, hoy el Gobierno de Lula ha recibido una buena noticia. El Tribunal Superior Electoral (TSE) ha archivado unas denuncias realizadas por el partido opositor de la Social Democracia de Brasil (PSDB) en las que acusaba al presidente brasileño de realizar propaganda electoral anticipada y el uso irregular de los medios de comunicación. En concreto, el partido del ex presidente Henrique Cardoso hace referencia a las intervenciones de Lula en la televisión y la radio públicas. La última la realizó la semana pasada con el objetivo de defenderse de las acusaciones y asegurar a los brasileños que castigará a todos los corruptos.

 

 

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