Viernes 24 de junio de 2005


El presidente brasileño cancela una cumbre con Kirchner y Chávez para negociar la reforma de su Gabinete

Lula promete castigar a los corruptos

Por María Blasco

El presidente brasileño, Lula da Silva, ha adoptado esta semana otra estrategia para defender a su Gobierno de las denuncias sobre presuntos sobornos. Ha decidido hablar. Se ha pronunciado en público dos veces. La última, en la televisión pública en un mensaje a la nación en el que aseguró que ahora surgen más escándalos porque su Administración los investiga, no porque hayan aumentado los casos de corrupción. El mandatario latinoamericano ha comenzado las consultas para renovar su gabinete, un proceso que le ha obligado a cancelar su cita en Caracas con el presidente argentino, Néstor Kirchner, y su homólogo venezolano, Hugo Chávez.

La esperada cumbre del 'eje del mal' no se producirá esta semana debido a los problemas de Lula para viajar. Las tres administraciones ya se han puesto a trabajar en la búsqueda de otra fecha para celebrar el encuentro que más morbo provoca en Washington. Mientras, Lula sigue intentando desactivar la crisis de su Gobierno y negocia con los partidos que le apoyan y con sus ministros una amplia reforma ministerial que le permita acabar su mandato con tranquilidad. Al cierre de esta edición, no había ninguna novedad sobre el asunto pero se esperaba que de un momento a otro realizara un anuncio con el nombre de sus nuevos hombres.

Aunque su primera opción ha sido una mujer. El primer sacrificio de la crisis fue el de su jefe de la Presidencia, José Dirceu, quien ha sido sustituido esta semana por la ministra de Energía y Minas, Dilma Rousseff, que, supuestamente tiene un perfil más técnico que político. Aunque quizá algo haya cambiado en la ministra. Sus primeras declaraciones públicas han generado polémica en el Gabinete. A Rousseff no se le ocurrió otra cosa que asegurar que aumentar el superávit fiscal primario era algo innecesario y que limitaba la capacidad de crecimiento del país.

Primer asalto. El ministro de Economía, Antonio Palocci, ha contestado rápidamente y ha defendido la ortodoxia económica. Palocci también ha reconocido que la actual crisis política no ayudará a la evolución de la economía brasileña. Este primer asalto Rousseff-Palocci ha acabado en empate y no ha logrado, a pesar de su interés, desviar la atención del asunto principal: los casos de corrupción. Pero quizá, la intención de Rousseff no sea esa sino otra bien distinta. A lo mejor sus palabras son el pago por un apoyo.

Un día antes de que la ministra de la Presidencia decidiera (casi sin venir a cuento en las actuales circunstancias) hablar sobre economía, Lula recibió el inestimable respaldo de casi 50 organizaciones sociales, entre ellas el Movimiento Sin Tierra (MST), un influyente grupo que ayudó a Lula a llegar al poder, y la poderosa Central Única de Trabajadores (CUT), en la que tiene sus orígenes la carrera del actual presidente. En un comunicado en apoyo de Lula que titularon 'Carta al Pueblo Brasileño', estas asociaciones lanzaron un contundente grito contra la desestabilización política del Gobierno y la corrupción. Pero también había otro mensaje.

Pidieron cambios en la política económica del Ejecutivo. En su misiva aseguran que la sociedad no va a soportar los actuales tipos de interés, los más altos del mundo, con el pretexto de combatir la inflación y advirtieron que "la población no apoya el mantenimiento del superávit primario mientras los bancos engordan". También solicitaron que los recursos públicos sean invertidos en garantizar derechos constitucionales como el empleo, un salario mínimo digno o la salud. Quizá el presidente esté dispuesto a pagar el precio por el apoyo de estas organizaciones, la base de su electorado.

Además de este respaldo, Lula también ha recibido esta semana la palmada en el hombro de un espontáneo, el ex presidente de EEUU Bill Clinton. El ex mandatario estadounidense aseguró esta semana en México, donde acudió a dar una conferencia, que Lula es un líder responsable que ha conseguido que Brasil haga negocios con el resto del mundo. Unas palabras que, en la situación actual, tienen un gran significado.

Las elecciones. Más aún cuando las elecciones presidenciales están tan cerca. Se celebrarán en 2006 y todos en Brasil, desde la oposición al Gobierno, hacen referencias a ellas continuamente. También lo ha hecho Lula. En su primera intervención pública tras la crisis afirmó que las personas que se están dedicando a destapar las denuncias se sienten "incómodas" ante la posibilidad de que sea reelegido. Los movimiento sociales que lo apoyan han copiado el argumento y aseguran que "las élites han iniciado, a través de los medios de comunicación, una campaña de desmoralización del Ejecutivo y del presidente Lula" de cara a las elecciones, ante lo cual afirman que lucharán contra "cualquier intento de desestabilizar al Gobierno legítimamente elegido patrocinado por sectores conservadores y antidemocráticos".

El ambiente es muy tenso, tanto que en el Congreso los diputados han acabado la semana a puñetazos. El pasado miércoles se organizó en la Cámara baja una batalla campal. Ese era el día que eligió José Dirceu para debutar en su cargo de diputado tras renunciar a la cartera de la Presidencia. Todo comenzó cuando un grupo de diputados empezó a silbarle y abuchearle mientras le pedían que diera alguna explicación sobre su presunta relación con los sobornos. Pero el diputado del PT no atendió a sus demandas y comenzó el lío.

Algunos parlamentario incluso llegaron a entregarle una bolsa de basura y dinero, un gesto que hacía referencia a esos presuntos sobornos. El presidente de la Cámara intentó poner orden. Pero no hubo nada que hacer. La sesión se interrumpió en tres ocasiones y finalmente las fuerzas de seguridad tuvieron que desalojar la sala.

Un día después, Lula hizo su segunda declaración pública. Él sí habló de corrupción. Fue en el mencionado mensaje en la televisión y radio pública. En él intentó transmitir la idea de que su Gobierno perseguirá a los corruptos allá donde se escondan y también mostró su confianza en que las comisiones parlamentarias que investigan las denuncias esclarezcan los hechos.

Se le olvidó explicar por qué él y el Partido de los Trabajadores (PT) se opusieron con tanto ímpetu cuando estalló la crisis a que fuera el Congreso quien investigara el asunto. Parece que una vez que el PT y sus aliados consiguieron el control de la comisión de Correos, que investiga el primer escándalo de la actual saga, las reticencias desaparecieron.

Lista de corruptos. El presidente brasileño grabó su mensaje para que esta esperada aparición en los medios de comunicación públicos no interfiriera en su agenda. Ayer se iniciaron las negociaciones para renovar el Gabinete. Las audiencias comenzaron a las 9:00 horas de la mañana, cuando recibió al secretario de Comunicación del Gobierno, Luiz Gushiken, quien el día anterior también pasó a formar parte de la lista de los presuntos corruptos.

Mauricio Marinho, ex ejecutivo de Correos (la empresa estatal en la que empezaron las denuncias de sobornos), ha asegurado que el Partido de los Trabajadores (PT) y Gushiken interfirieron en los contratos de publicidad de la empresa y en la concesión de patrocinios. Estas declaraciones las realizó durante su comparecencia en la comisión parlamentaria que investiga los casos de corrupción en la empresa estatal.

Después de Gushiken, Lula se reunió con el secretario del Consejo de Desarrollo Económico y Social, Jacques Wagner. Por la tarde las audiencias se reanudarán a las 15:30 horas con una entrevista con la nueva ministra de la Presidencia, Dilma Rousseff. Luego se reunió con el secretario de Coordinación Política y Asuntos Institucionales, Aldo Rebelo, y por último, a las 18:00 horas con el ministro de Economía, Antonio Palocci.

Y mientras el mandatario hablaba con su equipo, los tribunales seguían trabajando. La Corte Suprema dio otro disgusto al Gobierno brasileño tras decidir abrir una nueva investigación sobre los casos de corrupción. El máximo órgano judicial ordenó al Congreso investigar el famoso caso de los bingos en el que está involucrado Waldomiro Diniz, el ex asesor de Dirceu. Este escándalo provocó el primer terremoto político en el Gobierno de Lula en marzo de 2004, cuando Diniz apareció en un vídeo presuntamente tratando de sobornar en 2002 (cuando era director de la Lotería de Río de Janeiro) a Carlos Augusto Ramos, un empresario del sector de juegos. El vídeo que salió a la luz mostraba cómo Diniz discutía posibles sobornos con Ramos para financiar campañas electorales del Partido de los Trabajadores (PT) y de otras formaciones políticas.

Malas noticias. Ha habido otras malas noticias a lo largo de la semana. Hace unos días las denuncias de corrupción realizadas por el presidente del Partido Laborista, Roberto Jefferson, fueron apoyadas por las declaraciones de Fernanda Karina Somaggio, la ex secretaria privada del hombre que presuntamente ejercía de intermediario entre el Partido de los Trabajadores (PT) y los diputados sobornados, Marcos Valerio.

Según contó Somaggio en la revista Istoé, Valerio se encontraba en hoteles de Brasilia y Sao Paulo con miembros del PT, entre ellos, el tesorero, Delubio Soares, y también estaba en constante comunicación con Dirceu. Valerio sería el encargado de entregar el dinero procedente de las arcas del PT a los parlamentarios a cambio de su apoyo al Gobierno.

Pero Somaggio no pudo mantener sus acusaciones ante la Policía Federal (PF) y la ex secretaria negó todo lo dicho anteriormente en la entrevista. Sin embargo ahora se ha vuelto a retractar y ha asegurado en el Journal Nacional que lo que dijo en un primer momento es cierto y que posteriormente lo negó porque había sido amenazada.

Jefferson también ha seguido hablando en los medios de comunicación. En una entrevista concedida al diario Journal do Brasil, Jefferson insistió en sus denuncias y ratificó sus acusaciones contra Dirceu, a quien atribuyó la autoría intelectual de los sobornos realizados por el PT a parlamentarios de otros partidos aliados para asegurarse su apoyo al Gobierno en el Congreso. Jefferson aseguró que gracias a sus denuncias 10 ó 15 diputados perderán su mandato, entre ellos el ex ministro de la Presidencia.

Hace casi dos meses que estallaron los escándalos y ahora parece que las posiciones de la oposición y el Gobierno están más definidas. En el primer caso, la estrategia es seguir aireando las denuncias, reproduciendo la lista de los ministros corruptos y malmetiendo en las comisiones de investigación. Mientras que la Administración ha optado por defenderse planteando cambios en el Gabinete para que los nombres de los supuestos implicados no entorpezcan la reelección de Lula, al tiempo que mima a sus votantes con declaraciones económicas 'subversivas'. De momento, como ha asegurado Palocci, todos pierden porque "la crisis no ayudará a la economía.

   

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