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Viernes
24 de junio de 2005
Las
multinaciones de China, al asalto del mercado estadounidense
Peligro
amarillo
Por
James Jamenson
Ya
es oficial. La empresa petrolera China CNOOC ha realizado una oferta
por la compañía californiana Unocal de 18.500 millones
de dólares. Una cantidad que supera en 1.900 millones la
suma que la firma estadounidense Chevron había ofrecido anteriormente
por la misma empresa.
En el texto de la oferta CNOOC ha tenido sumo cuidado y ha incluido
dos cláusulas con las que espera sortear la oposición
que la mayoría republicana en el Congreso y el Senado ha
desarrollado contra esta operación, desde muchos días
antes de que se concretase el presunto interés de la petrolera
china por adquirir a la californiana.
Una actitud que fuentes del mercado neoyorquino sitúan en
el terreno de la “baja política”. Quienes defienden
esta opinión recuerdan que en 2006 habrá elecciones
al Congreso y el Senado y que ambas instituciones se encuentran
ahora en el momento más bajo de su historia: más de
un 70% de los ciudadanos de EEUU rechaza la labor que están
desarrollando los parlamentarios. Y en un momento como este, en
que las incertidumbres económicas se ceban sobre el empleo
manufacturero poco cualificado agitar la bandera nacionalista puede
ser una opción.
Pero CNOOC, al menos, cuenta con el apoyo tácito de los sindicatos
de Unocal. Los directivos de la compañía china han
anunciado que si triunfa su oferta, no habrá despidos ni
reestructuraciones. Los 6.600 empleados de Unocal mantendrán
su puesto de trabajo, un compromiso que por cierto no había
adquirido la estadounidense Chevron.
Además, desde la compañía china se ha asegurado
que todo el petróleo que produzcan en EEUU se venderá
exclusivamente en este territorio. Aun así, muchos parlamentarios
estadounidenses han calificado de desastrosa la posibilidad de que
“una petrolera estadounidense quede bajo el control del Gobierno
chino”. Aseguran que es malo para la economía y peor
para la seguridad nacional. Y la amenaza del veto sigue latente.
Sobre todo porque el 66% de las reservas de Unocal se encuentran
localizadas en el exterior, principalmente el Golfo de México
y el Mar Caspio. Y China es ya el segundo consumidor mundial de
crudo. Un rival demasiado potente, al menos en el futuro, y cuyas
exportaciones textiles son famosas en el país por haber destruido
miles de puestos de trabajo en EEUU. Aunque quizá no sea
cierto.
Por lo menos eso piensa el presidente de la FED, Alan Greenspan,
que el pasado jueves en el Comité de Finanzas del Senado
aseguró que imponer límites o subir los aranceles
a las exportaciones chinas no arreglaría el problema del
déficit comercial estadounidense, porque las importaciones
llegarían desde otros lugares en los que se mantuvieran las
ventajas competitivas que las posibles sanciones a China pudieran
hacer perder al gran país asiático.
Pero la lógica tiene poco que ver con el actual entorno de
sentimientos nacionalistas exacerbados. No sólo se trata
de que CNOOC quiera robarle la cartera a Chevron. Los chinos parecen
decididos a entrar en el mercado estadounidense a golpe de talonario.
Y eso no es fácil de asimilar para un sector de la población.
Esta misma semana, los fondos de EEUU Blackstone y Bain, junto a
Haier, la mayor fabricante china de artículos para el hogar,
ofrecieron 1.250 millones por Maytag, empresa del mismo sector,
por la que Ripplewood sólo pagaba 1.120 millones. Y Maytag
es todo un símbolo. La empresa de electrodomésticos
que representó la llegada de la tecnología al hogar
en los sesenta. Un verdadero orgullo para las amas de casa estadounidenses,
una compañía bandera que puede dejar de exhibir por
el mundo los símbolos de las barras y las estrellas.
El Gobierno de Pekín apoya las ofertas de CNOOC, y Haier,
y recuerda a Washington que la apertura no puede exigirse si no
se practica. También que hay muchas compañías
chinas controladas, directa o indirectamente, por empresas de EEUU.
La historia tiene precedentes. La primera alerta
del interés de las empresas chinas por compañías
estadounidenses se produjo en 2002. Aquel año China Netcomp
compró la filial asiática de Global Crossing por 1.000
millones de dólares. Pero entonces, nadie se inquietó.
La empresa de EEUU tenía problemas y el movimiento de Pekín
fue entendido en términos amistosos.
Sin embargo en diciembre de 2004, las cosas cambiaron. El anuncio
de IBM de que iba a vender su división de fabricación
de ordenadores personales, muy poco rentable, en los últimos
tiempos, a la empresa China Lenovo por 1.250 millones de dólares
provocó también una tormenta en el Parlamento que
pudo resolverse al final a favor de la operación.
Ahora no será tan fácil, la lucha de los dos grandes
titanes por las reservas de petróleo del mundo es un campo
de batalla muy duro y muy amplio. Todo puede pasar.
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