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Viernes,
24 de junio de 2005
Aprobado
Por
Juan Varde
(Montevideo)
Aprobado
en el primer balance luego de 100 días de gestión del presidente
uruguayo Tabaré Vázquez, el que recogió más
apoyos que críticas, lo cuestiona la izquierda radicalizada, pero
lo apoya el FMI.
Con el aval unánime de los directores del FMI, con cuestionamientos
de militantes de la izquierda dura que sienten que se están arriando
banderas históricas, con el reconocimiento de miles de pobres,
con la marcada cautela de los sindicalistas y la expectativa del sector
empresarial, el presidente uruguayo ha cumplido cien días al frente
de la primera administración de izquierda en la historia.
Marcados por críticas, por el agradecimiento de quienes empezaron
a cobrar un subsidio en dinero, por las llamadas de los sindicalistas
que advierten que la política económica es poco generosa
en aumentos salariales, y por la atenta mirada de los empresarios al rumbo
económico, inquietos por la oscilación de las autoridades
entre posiciones encontradas de los partidos y grupos que conforman la
coalición Encuentro Progresista Frente Amplio.
El nuevo Gobierno ha tratado de cumplir sus promesas principales, como
el plan de emergencia contra la pobreza, a investigación sobre
los casos de desaparecidos, pero también se ha preocupado en dar
señales a los empresarios sobre seguridad y condiciones favorables
a la inversión privada.
El panorama interno se ve complicado no con los partidos de la oposición,
blancos y colorados, sino con las divergencias que sorprenden desde su
propia coalición de izquierda.
El principal cuestionamiento surge en el tratamiento dado por el Gobierno
al endeudamiento de productores rurales y de familias que tomaron créditos
en dólares antes de la devaluación, medios de prensa de
izquierda han sido críticos por lo que le exigen al nuevo Gobierno
el cumplimiento de principios que se enarbolaron durante décadas
de oposición y consideran que no se está concretando en
acciones el cambio propuesto.
Vázquez, sin embargo sostiene que su gestión se muestra
marcadamente opuesta a lo hecho por colorados y blancos y pone en juego
su popularidad para revindicar su acción de Gobierno.
La historia uruguaya nos ha reflejado una coherencia política,
reflejada en actitudes, que han diferenciado sus pasos a la de países
de la región, por su futuro, deseamos que se repita.
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