Viernes 8 de julio de 2005


El presidente del mayor sindicato de Brasil será el nuevo ministro de Trabajo

Lula vuelve a buscar el apoyo de los suyos

Por María Blasco

La crisis política ha obligado al presidente brasileño, Lula da Silva, a cambiar la cara a su Gobierno. El mandatario ha recurrido a su aliado de centro derecha, el Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), para fortalecer al Ejecutivo. Ahora controla cuatro ministerios y la izquierda, de momento, pierde fuerza en el nuevo Gabinete. Pero Lula no ha olvidado a los suyos en esta reforma. Un giro estratégico ha puesto al frente del Ministerio de Trabajo al presidente del mayor sindicato de Brasil. La organización en la que Lula inició su andadura política.

El dirigente de la Central Única de Trabajadores (CUT), Luiz Marinho, ha sido el último fichaje de Lula. Un hombre que no aparecía en ninguna quiniela, controlará uno de los ministerios claves del Gobierno, el de Trabajo. Lula demuestra así que mantiene intacta su capacidad de reacción a pesar de todos los golpes que está recibiendo. El presidente brasileño ganó las elecciones con dos promesas: acabar con la corrupción y reducir el desempleo.

Es obvio que la primera no la ha conseguido. Y la segunda tampoco, todavía. Por eso los sindicatos han criticado duramente su gestión económica. Pero a pesar de todo en esta crisis han permanecido al lado del presidente y se han movilizado para demostrar al país que siguen respaldándole. Su apoyo ha sido recompensado.

Marinho sustituye en el cargo a Ricardo Berzoini, del Partido de los Trabajadores (PT), quien pasará a alimentar al grupo 'petista' en el Congreso con el objetivo de reforzar la posición del Gobierno en las Cámaras.

Próxima salida. El próximo en salir será probablemente Luiz Gushiken (PT), ministro de la Secretaría de Comunicación de Brasil y amigo personal del presidente Lula da Silva. Gushiken podría acompañar a partir del lunes al ex titular de la cartera de la Presidencia José Dirceu y a Berzoini en su destierro del Gobierno. De hecho, algunos miembros del PT quieren que asuma el cargo de secretario general del partido en sustitución de Silvio Pereira, quien dimitió la semana pasada, junto al tesorero, Delubio Soares, cuando ambos se vieron salpicados por la ola de denuncias que inauguró hace ya más de un mes el presidente del Partido Laborista (PLB), Roberto Jefferson.

Gushiken es la última 'víctima' de las denuncias de corrupción. Esta semana se han hecho públicos unos informes que revelan que la facturación de una empresa suya, de la que se desvinculó cuando accedió a la cartera de Medios, se ha incrementado casi un 600% desde que Lula está en el poder. La compañía en cuestión es Globalprev, una consultora del área de seguros. Según datos de la Secretaría de Finanzas de Indaiatuba, la ciudad de Sao Paulo en la que tiene su sede esta firma, en 2002 había facturado 151.000 reales (52.894 euros) y entre enero y mayo de 2004 los ingresos ascendieron a 968.000 reales (339.087 euros), un 540% más.

Además, se ha conocido que la publicidad de empresas estatales insertadas en una revista de un cuñado suyo se ha incrementado de forma alarmante en el mismo periodo. Jefferson también ha contribuido a la caída en desgracia de este ministro al asegurar que los próximos escándalos que van a surgir relacionados con los fondos de pensiones están muy relacionados con Gushiken. Los fondos señalados son el de Petrobras y el de los funcionarios del Banco Central de Brasil (Previ). También se ha relacionado a Gushiken con el caso de Correos, el primero que estalló.

Cambio de jefe. Gushiken ya ha puesto a disposición de Lula su cargo. Se espera que acepte su dimisión tras la reunión de la Directiva Nacional del PT convocada para este fin de semana. No será el último cambio.

Hay otro ministerio que podrían cambiar de jefe, el de la Seguridad Social, actualmente controlado por un miembro del PMDB, Romero Jucá, envuelto en un caso de malversación de fondos. Su salida dejaría a los aliados de Lula con tres ministerios, aunque es posible que en alguno de los cambios que se anuncien recuperen el peso actual en el Gobierno.

Jucá no sería el único miembro del PMDB que pierde su puesto en esta 'operación destape'. El líder de esta formación política en el Congreso, José Borda, dimitió esta semana tras aparecer en la lista negra de Fernanda Karina Somaggio, la ex secretaria del publicista Marco Valerio, presunto intermediario en el esquema de sobornos del PT a varios diputados con dinero de empresas estatales. Antes de renunciar a su cargo, Borda aseguró que no recibió dinero de Valerio. Sólo admitió que el publicista había estado presente en varios encuentros con el PT en los que el PMDB estaba negociando su acceso a cargos públicos.

Parece que entre Somaggio y Jefferson no van a dejar ni un diputado limpio, ni en el PT ni en la base aliada, lo que complica el plan de Lula de utilizar al PMDB como pieza clave en su estrategia de garantizar la gobernabilidad del país. No obstante, los miembros del partido de Lula ganan, de momento, con mucho, a los del PMDB en este escabroso ranking.

Matizaciones. Y eso preocupa al partido aliado. El PMDB ha aceptado apoyar al Gobierno. Pero ha matizado su respaldo. El partido centrista ha prometido fidelidad a Lula y a su Ejecutivo pero no se ha comprometido a defender al Partido de los Trabajadores (PT). De esta forma, y por lo que pudiera pasar, toman distancia del presunto núcleo de corrupción ante las elecciones generales que se celebrarán en 2006. Una distancia que no es suficiente para un amplio sector del PMDB que ha solicitado a la dirección que no acepte ningún cargo en la Administración. El enfrentamiento entre ambas corrientes ha generado una grave división en este partido que ha contribuido a enrarecer el clima político del país.

En las actuales circunstancias, sólo la oposición puede aprovechar este barullo. Y lo está haciendo. Según denuncia el PT, se están dedicando a airear los escándalos para dañar la imagen del Gobierno y conseguir que Lula no se presente a la reelección.

También el PMDB, primera fuerza política en el Congreso y segunda en el Senado, sale ganando, de momento, con esta situación. Su peso político ha aumentado en el Gobierno en detrimento del maltrecho PT. Lula ha incorporado a su Gabinete a tres hombres de esta formación.

El presidente de la eléctrica pública Eletrobras, Silas Rondeau, será el nuevo titular de la cartera de Minas y Energía que dejó vacía Dilma Rousseff cuando pasó a ocupar el Ministerio de la Presidencia tras la dimisión de José Dirceu. El diputado Saraiva Felipe estará al frente del Ministerio de Salud y el senador Helio Costa, del de Comunicaciones.

Lula prepara más cambios. Además de la posible salida de Romero Jucá del Ministerio de la Seguridad Social, hay otra cartera que podría sufrir modificaciones e incluso desaparecer, la de Coordinación Política dirigida por Aldo Rebelo, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), también aliado del Gobierno. Pero las especulaciones en este caso, de momento, no se confirman porque en los ambientes políticos brasileño se hablaba hasta el viernes por la noche de la posibilidad de que Rebelo fuera el sustituto de Berzoini.

Empresas estatales. Las empresas estatales también están bajo sospecha y es muy posible que tras la reunión de el Directorio Nacional del PT sean sustituidas las cúpulas de Petrobras y de la compañía de infraestructuras Infraero.

Con esta reforma, Lula pretende poner fin a esta crisis que tantos disgustos le está costando y que tanto daño está haciendo a su imagen. Las posibilidades de defensa son pocas. Muchos observadores no entienden cómo es posible que haya permanecido ajeno a tanta corrupción como está surgiendo a su alrededor. Aunque sea inocente, algo en lo que la mayoría de los brasileños confía y de lo que están convencidos incluso miembros de la oposición, es difícil no dudar de su capacidad para cumplir con una de sus promesas electorales: acabar con los abusos de los funcionarios y miembros del Gobierno.

En cualquier caso, todavía cuenta con un gran apoyo popular. Entre ellos el de una multitud de organizaciones sociales y el de los sindicatos. Todos ellos esperaban del presidente un cambio en la política económica. Giro que parece que Lula está dispuesto a dar y que contribuirá a tranquilizar los ánimos en el seno del PT, en el que convive un grupo mayoritario que defiende la política ortodoxa que ha asumido Lula y uno marginal, pero muy influyente, que exigen al presidente que vuelva a sus origenes, unas raíces que tiene, precisamente, en el movimiento sindical brasileño.

   

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