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Viernes
8 de julio de 2005
La
deuda con el Fondo podría generar dificultades a partir de
2006
Los
problemas de Argentina sin el FMI
Por
Americaeconomica.com
El
Gobierno argentino insiste en transmitir su capacidad para salir
adelante sin la ayuda del FMI. Este es uno de los mensajes más
reiterados en estos momentos previos al inicio de las negociaciones
para la firma de un acuerdo con el organismo que dirige Rodrigo
Rato. Sin embargo, los expertos no lo tienen tan claro. Moody's
cree que si no hay pacto, el país tendrá serios problemas
para cumplir sus compromisos de pagos a partir de 2006.
El vicepresidente
de Moody's para Latinoamérica, Mauro Leos, aseguró
en una rueda de prensa celebrada esta semana que la deuda que mantiene
Argentina con el FMI es un problema serio que "pesa en términos
de caja". Actualmente, los compromisos del país austral
con el organismo ascienden a unos 14.000 millones de dólares
(11.738 millones de euros). Leos
cree que el asunto crítico es la reestructuración
de esta deuda, "si la renovación de estos vencimientos
es baja, las cosas se complican". No
obstante, este analista explica que los problemas no se verán
este año, ni probablemente el que viene, sino a partir de
2006.
La alarma encendida
por Moody's ha rebajado bastantes grados el optimismo que existe
en el país tras constatarse que se ha iniciado un proceso
de recuperación después de salir de la bancarrota
tras más de tres años en suspensión de pagos.
Algunos periódicos argentinos llegan incluso a augurar un
nuevo default en el caso de que Argentina no llegue a un
acuerdo con el FMI, y eso que, en los últimos días,
el Gobierno ha reiterado a través de varios de sus ministros
que el país no necesita al Fondo. De hecho, su visión
del problema es completamente diferente.
El secretario
de Coordinación Técnica del Gobierno, Leonardo Madcur,
aseguró esta semana que una demora en el acuerdo no sería
problema, y anunció que no se descarta, si fuera necesario,
la publicación de un decreto de emergencia para elevar el
tope de recaudación fijado en el Presupuesto. Así
se dispondría de más dinero para hacer frente a los
compromisos.
El secretario
de Finanzas, Guillermo Nielsen, reforzó la idea que quiere
transmitir el Gobierno respecto a su situación con el FMI
y aseguró que "puede haber vida sin el FMI", algo
que, a su juicio, quedó demostrado cuando el organismo abandonó
al país durante el proceso de reestructuración de
la deuda.
Apetito.
Además, si el pacto no se alcanza antes de octubre,
la Administración Kirchner tiene preparado un plan que consistirá
en recurrir a los mercados locales en busca de financiación.
El Gobierno se ha animado a tomar esta iniciativa sólo unos
meses después de acabar el proceso de reestructuración
de la deuda en suspensión de pagos, porque es consciente
de que los inversores tienen mucho interés en comprar títulos
en pesos. Hay varios motivos que están alentando esta actitud
tan positiva por parte de los mercados.
La inflación,
a pesar de los esfuerzos del Gobierno, aumenta en el país
austral. Los expertos esperan un incremento del 10,3% en 2005 frente
a la previsión del Banco Central de la República Argentina
(BCRA) situada en estos momentos en el 9,8%. Y los títulos
que está licitando el Gobierno Nacional (Boden) están
todos ellos vinculados al alza de los precios, de forma que este
papel se convierte en un refugio muy seductor para escapar de la
disminución del poder adquisitivo.
Pero, además,
el peso
se está revalorizando frente al dólar (3% en lo
que va de año) y la previsión es que esta tendencia
se mantenga en el corto y medio plazo, de forma que esta deuda se
convierte en un buen mecanismo para conseguir rentabilidades atractivas
en la divisa estadounidense porque en el momento de cambiar esos
pesos se tendrán que entregar más dólares.
Hay aún
más razones. Y en esta ocasión la actitud del Gobierno
ha sido la clave. El Ejecutivo ha aprobado varios decretos para
frenar los movimientos de capitales especulativos Uno de ellos establece
un encaje del 30% sobre los fondos que se invierten en el país,
tanto de extranjeros como de residentes. Pero de esta restricción
quedan liberados los capitales que se colocan en licitaciones en
deuda pública o del sector privado no financiero. De esta
manera, estos papeles se convierten en un mecanismo legal para evitar
los controles impuestos por Kirchner.
Alicientes.
Estos alicientes no han pasado inadvertidos a los inversores.
El Gobierno argentino se animó el pasado jueves a realizar
su segunda subasta de deuda pública (la primera fue en mayo)
desde la salida del default. Licitó 1.000 millones
de pesos (291 millones de euros) en Bonos del Gobierno Nacional
a amortizar en 2014 (Boden 2014) y destinados a cancelar vencimientos,
por lo que no supondrá un crecimiento neto de la deuda, según
informó el Ministerio de Economía.
Los títulos
ofrecen una rentabilidad del 15%, el resultado de aplicar un tipo
de interés del 5,51% más la inflación prevista
para final de año. El premio es suculento, pero no lo es
menos que el de hace a penas dos meses, cuando la tasa mínima
(tasa de corte) que exigieron los inversores para comprar este papel,
fue del 6,51%. La operación resultó un gran éxito.
La demanda superó
la oferta en 8,7 veces. Y dadas las circunstancias, el Gobierno
de Kirchner no está dispuesto a dejar pasar esta oportunidad.
Ha dejado a los inversores con hambre para que piquen en su próximo
cebo. Hoy
mismo ha anunciado que el lunes repetirá la jugada y colocará
en el mercado local una tercera serie de Boden 2014 por otros 1.000
millones de pesos.
Pero no es este
el único recurso de la Administración Kirchner para
afrontar la sequía de fondos que se avecina si no hay acuerdo
con el FMI. También
podrá utilizar parte del superávit fiscal previsto.
Según cálculos de Economía, ese excedente será
de 19.000 millones de pesos (5.531 millones de euros), 4.800 millones
(1.397 millones de euros) más de lo presupuestado. Y Argentina
debe desembolsar al FMI antes de octubre 3.000 millones de dólares
(2.515 millones de euros).
Entre unas cosas
y otras parece que el país dispondrá sin problemas
de estos recursos. Pero esto no quiere decir que el Gobierno austral
renuncia a firmar un acuerdo con el FMI. A pesar de las advertencias,
de las críticas al Fondo y de las muestras de autosuficiencia,
las autoridades siguen apostando por un acuerdo.
De hecho hay
prevista una reunión clave la próxima semana. Según
ha anunciado el FMI, el próximo viernes día 15 se
reunirá el Consejo Directivo del organismo para decidir si
inicia las negociaciones con Argentina y, en su caso, cuál
será el marco del posible pacto. Y el día 18, según
informa la prensa local, una delegación argentina liderada
por Nielsen tiene pensado viajar a Washington para comenzar las
conversaciones con el organismo. Kirchner tiene claro, a pesar del
duelo que mantiene con el FMI, que no se puede cerrar ninguna puerta.
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