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Viernes,
8 de julio de 2004
Carlos
Alberto Montaner, político y periodista cubano
“Voy
a tomar la balsa en la otra dirección”
Por
Norma Domínguez
El
político y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, conocido
por su oposicón frontal a Fidel Castro, estuvo en Argentina presentando
su nuevo libro “La libertad y sus enemigos". Después
de ser abuchado por una concentración de militantes de partidos
de la izquierda, a los que Montaner calificó de "enemigos
de la libertad", concedió a Americaeconomica.com
esta entrevista donde habla de su obra, del liberalismo y destaca los
beneficios de la "globalización".
En un repaso sobre la actualidad política de la región,
elogió el desarrollo de Chile y sostuvo que Centroamérica
quiere integrarse al Tratado de Libre Comercio con EEUU. Aseguró
también que el político nicaragüense de izquierdas
Daniel Ortega tiene muchas posibilidades de convertirse en presidente
y señaló, en alusión al líder sandinista,
que "es una persona bastante peligrosa, que no olvida y que cuando
regrese al poder va a hacer mucho daño".
Convencido de que Cuba va camino a la democracia, el escritor sostuvo
que volverá a su país cuando ya no gobierne Fidel Castro,
"en el primer avión, el primer día, y si no hay avión
en una cáscara de nuez, como decía Martí"
- Es paradójico
que cuando usted viene a Argentina a presentar su libro “La libertad
y sus enemigos” te encuentres con un manifestación en su contra…
- Así es,
en la puerta de la presentación del libro “La libertad y
sus enemigos” estaban “los enemigos de la libertad”,
dando gritos, tratando de impedir que las personas intercambiaran puntos
de vista, charlaran, razonaran… Trataron de agredir a Ricardo López
Murphy, un ex ministro de Hacienda. Había una especie de “cacería
de brujas”, por parte de estos grupos de gente intolerante que lo
que desean por todos los medios es que no haya un debate abierto sobre
nada. De todas formas eso no impidió que la presentación
se realizara. Dentro del auditorio había mil personas, con un enorme
entusiasmo por escuchar a los presentadores, que hicieron exposiciones
brillantes.
-
¿Has tenido problemas de este tipo en otros países?
- Me ha pasado antes.
Pero diría que Argentina es uno de los países donde está
más sistematizada la agresión al que tiene ideas diferentes.
Porque por una parte están estos “profesionales de la intolerancia”,
que daban gritos y propinaban insultos contra López Murphy, que
era un poco el “enemigo” a destruir. Y por otra parte, está
la Embajada cubana. Vi a gente, con las banderitas de Cuba, gritar a favor
del actual sistema cubano. Pero creo que son anécdotas desagradables
que no impiden nada.
-
Hablemos de su libro, aludiendo al título de tu obra “La
Libertad y sus enemigos”, ¿quiénes son esos enemigos
de la Libertad?
- Son los enemigos de la libertad económica y de la
libertad política. Hay una parte que tiene que ver con la educación.
Es decir, el mismo proceso de la globalización, que es uno de los
grandes caballos de batalla de los enemigos de la libertad. Entonces,
es muy gracioso, y a la vez trágico, que mientras los chinos dicen
que gracias a la globalización ellos han conseguido que por lo
menos 300 millones de sus habitantes hayan abandonado la pobreza, resulta
que los enemigos de la globalización en América Latina dicen
que ésta fue la que ha provocado la pobreza en nuestros países.
Algo ridículo, que va en contra también a lo que dice la
India, donde hay otros 200 millones de personas que se han convertido
en clase media, gracias precisamente a insertarse en los circuitos comerciales
internacionales. Es decir, los países que eran muy pobres y se
han convertido en países razonablemente prósperos, lo han
hecho en contacto (sea científico, técnico o financiero)
con el mundo empresarial.
-
¿Cuando habla de países que están en contra de la
globalización, se refiere a gobiernos?
-
Creo que en el fenómeno del desarrollo y de incorporarse al Primer
Mundo, la labor de la clase dirigente política es muy importante.
Creo que lo estamos viendo en Chile, que es el primer país latinoamericano
que va directo hacia el Primer Mundo, y esa es la consecuencia no sólo
de una especia de acuerdo general de la sociedad (que es muy difícil
de medir), sino del consenso de la clase dirigente, donde todos los partidos
políticos, desde la derecha civilizada de Joaquín Lavín
hasta la izquierda civilizada de Ricardo Lagos, el 95% del espectro político
chileno está de acuerdo en que el modo de desarrollar el país
es integrarlo y acercarlo al mundo desarrollado, para que participe de
esta gran fiesta económica, científica y técnica
de la globalización. Y han pasado los chilenos de 200 empresas
exportadoras, que tenían antes de la apertura, a 2.500 de esas
empresas, al tiempo que han reducido su cifra de pobreza del 42% al 18%.
-
Centroamérica y Sudamérica no parecen semejantes en cuanto
a sus corrientes y pensamientos políticos. ¿Qué piensa
usted de ésto, que recorre el continente y tiene una visión
bastante amplia y analítica sobre la región?
-
Centroamérica está más cerca del Cono Sur a los dos
grandes países que influyen directamente en la región, que
son los EEUU y México. EEUU desde el punto de vista económico
y México desde el punto de vista cultural (y también, en
menor medida, económico). Creo que hay una especie de acuerdo –que
se puede romper con el posible triunfo de los sandinistas en Nicaragua-,
y lo que parece hasta ahora es que toda Centroamérica quiere integrarse
al tratado de Libre Comercio con EEUU, Canadá y México,
y hay una voluntad de tratar de abandonar el subdesarrollo por ese método,
que ya ha sido probado tantas veces, que tiene que ver con aumentar el
comercio internacional y fomentar las relaciones con estos países.
- ¿
Cree que todas las naciones de este área tienen el mismo grado
de integración?
- Ahora, hay diversos
grados de integración y de estabilidad en estos países.
Hay países muy complicados como Guatemala, donde hay 20 etnias
(el 60% de la población) que no tienen nivel de integración
con el mundo económico occidental, y es muy difícil. Hay
otros países como Costa Rica, que procuran ser diferentes, y que
tienen más dudas en cuanto a la integración en el Tratado
de Libre Comercio porque hay grupos mercantilistas que quieren proteger
su mercado de una manera artificial, con barreras arancelarias.
-
Hace un par de años se empezó a hablar de un “giro
a la izquierdo en Sudamérica”. ¿Cree que un posible
triunfo de Daniel Ortega en Nicaragua podría llevar la tendencia
a Centroamérica?
-
Creo que si Ortega gana en Nicaragua, ese fenómeno es de difícil
que se traspase a otros países. Pero en Guatemala, la debilidad
de las instituciones hacen a esta nación muy permeable, y hay un
candidato que es Álvaro Colom, que tiene una cierta proclividad
hacia la izquierda, más por demagogia que por otra cosa. Aun así,
yo espero que el sentido común y la sensatez de los electores impidan
que el nuevo
eje revoltoso del “castro-chavismo” para complicar las cosas
en Centroamérica.
-
Hace poco destacaba que el “liberalismo” y la “corrupción”
no tienen nada en común…
-
Por supuesto que no. Hay que recordar en primer lugar que el liberalismo
siempre partió y es en esencia una reflexión sobre la importancia
y los valores de la libertad. En segundo lugar, es una propuesta que tiene
que ver con el “estado de derecho” y con la definición
de lo que es el estado de derecho y lo que son los gobiernos constitucionales
que se organizan de acuerdo a la ley. Y en tercer lugar, lo que tiene
que ver con las recomendaciones de carácter económico. Hemos
aprendido en la práctica que el mercado es mucho más eficiente
para asignar recursos que cualquier otro método de planificación.
Pero si hay algo que condena el pensamiento liberal es cualquier expresión
de la corrupción, porque es algo contrario a la esencia filosófica
de nuestro modo de entender las relaciones entre las personas.
-
Terminemos hablando de su país, Cuba. ¿Qué pasará
allí cuando Castro ya no gobierne?
- Creo que va a ser muy difícil que Raúl Castro
(que es el heredero natural de Fidel Castro) asuma el poder sin verse
obligado a hacer grandes modificaciones y empezar un proceso de cambio.
Raúl Castro es un hombre débil desde el punto de vista de
la imagen internacional. Creo que habrá que estimular en algún
momento a los reformistas del régimen, para que los demócratas
de la oposición, consigan llevar al país hacia el único
lugar que puede ir, que es hacia la democracia y la economía de
mercado.
-
¿Está dispuesto a volver a Cuba?
- En el primer avión,
el primer día. Y si no hay avión, en una cáscara
de nuez, como decía Martí. Yo tomaré
la balsa en la otra dirección.
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