Viernes 15 de julio de 2005


Las firmas de larga distancia desaparecen ante el impulso de las baby bells

El fin de MCI y AT&T marca la era post-Ebbers en la telefonía de EEUU

Por Ryan O'Connelly

El sueño de Bernard Ebbers de controlar la telefonía de EEUU gracias a la amplia red de MCI, que fue adquirida a finales de los noventa por World Com, la compañía que el visionario texano levantó desde la nada a través de numerosas compras, se ha esfumado totalmente.

A estas alturas, las principales empresas de larga distancia del país, AT&T y la citada MCI, nombre que vuelve a recibir ahora el imperio caído del vaquero, están a punto de ser absorbidas por SBC y Verizon.
Según la mayor parte de los expertos, tanto AT&T como MCI han sufrido en sus cuentas la fuerte presión de la competencia desde la liberalización del sector que provocó una drástica caída de los precios en la larga distancia.

Sin ir más lejos, la vieja Ma Bell, todo un símbolo empresarial del país en épocas pasadas ha visto cómo sus ingresos no dejaban de caer trimestre a trimestre en los últimos cinco años.

Ante este escenario, las baby bells, especialmente Verizon y SBC se han constituido en los dos gigantes del sector gracias a sus numerosas adquisiciones.
Así, Verizon incluye a las antiguas Bell Atlantic, Nynex, GTE y ahora MCI, eso sí, en este caso, tras una dura pugna con Qwest.

Mientras, SBC es la resultante de las progresivas integraciones de Southwestern Bell, Pacific Telesis, Ameritech, Snet y AT&T. Sólo BellSouth permanece con las mismas dimensiones que tenía tras su segregación de AT&T en los ochenta, aunque, tras sucesivos fracasos en sus intentos de compras.

Claro que, el negocio no está muy claro, especialmente por la canibalización de numerosas líneas locales por parte de la telefonía móvil, y por la presión de la nueva telefonía por Internet (VoIP) que están desarrollando los gigantes del cable como Time Warner, Comcast, Cablevision o Cox. Sólo en 2004, las baby bells perdieron 4,3 millones de líneas fijas, el 5% del total. Y la tendencia sigue.

Los móviles y la expansión. Las baby bells han centrado su poder en los móviles. Cingular, filial de SBC y BellSouth, adquiró el pasado año AT&T Wireless, con el objetivo de competir con Verizon Wireless y Sprint, que a su vez está a punto de cerrar la compra de Nextel. Con ese objetivo, casi todas las operadoras de EEUU no han dudado en vender sus participaciones en el extranjero.

El ejemplo más cercano es de BellSouth, que vendió sus filiales estadounidenses a Telefónica por cerca de 5.400 millones de dólares en un intento desesperado de captar liquidez para financiar la citada operación de AT&T Wireless. Posteriormente, BellSouth se deshizo de su filial en Israel mientras que Verizon vendió sus actividades en Argentina.

Una larga historia. Bernard Ebbers empezó a crear su imperio en 1983 al fundar LDDS, antecesora de WorldCom. A partir de ahí comenzó una carrera de compras de empresas como Uunet o Compuserve, alcanzando su punto culminante en otoño de 1997 al lanzar una OPA sobre MCI derrotando a BT, que con un 20% del capital estaba en disposición de hacerse con el control de la empresa.

En 1999, MCI-WorldCom llegó a un acuerdo para adquirir Sprint. La operación, valorada en 120.000 millones de dólares, iba a dar lugar a la mayor operadora de EEUU, y suponía también el aterrizaje de Ebbers en el negocio de la telefonía móvil, sector que hasta entonces se le había negado. Pero las autoridades reguladoras estadounidenses bloquearon la fusión.

La pesadilla comenzó en julio de 2002 cuando, después de rumores y desmentidos que hundieron el valor en bolsa, WorldCom se declaró en quiebra provocando el mayor default de la historia.

La firma tenía una deuda de 41.000 millones de dólares (24.000 millones en bonos). La empresa, que tras declarar la quiebra tenía unos activos valorados en 107.000 millones de dólares, admitió que había inflado los ingresos en 11.000 millones durante los ejercicios 1999, 2000 y 2001. La bancarrota tuvo consecuencias funestas para los principales bancos estadounidenses que lideraban en ese momento el triste ránking de los acreedores: JP Morgan, Citigroup, GE Capital y Goldman Sachs, además de entidades extranjeras como Credit Suisse.











   

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