|
Viernes
29 de julio de 2005
El
Gobierno argentino intenta sin éxito frenar el alza de los
precios
El
fantasma de la inflación persigue a Kirchner
Por
Gema Velasco
Uno
de los miedos más profundamente instalados en la mente de
los argentinos está relacionado con el aumento incontrolado
de los precios. La inflación llegó en los años
80 y 90 a superar el 600%, con variaciones diarias traumáticas
para la población. Ahora las cosas son muy distintas, pero
los precios han iniciado una carrera alcista que trae viejos y malos
recuerdos. El Gobierno de Kirchner está luchando con todas
sus armas para controlar la situación. Pero, de momento,
no ha tenido éxito y el presidente comienza a perder popularidad.
En
junio, la inflación se situó en el 0,9% y el crecimiento
acumulado en la primera mitad del año es ya del 6,1%. Además,
el ritmo de incremento de los precios se está acelerando.
En la primera semana de julio fue ya del 0,8% y, según algunos
cálculos, a finales de mes podría colocarse en el
1,5%. Será difícil, si las cosas no cambian, que la
inflación logre mantenerse a final de año en el 10,5%,
el máximo que se ha fijado el Gobierno. Pero aún si
se consigue esa meta, esa tasa está muy lejos de la inflación
anual de en torno al 3% de principios de 2004 cuando tan sólo
había pasado medio año desde que Kirchner llegó
al poder.
La
situación preocupa mucho al Gobierno austral. Entre otras
cosas porque esto es algo que los argentinos no olvidan y en octubre
habrá elecciones legislativas. Pero, además, la Administración
Kirchner tiene al FMI presionando de cerca. En estos momentos, se
encuentran renegociando un acuerdo que permita al país reestructurar
su deuda con el organismo y entre las muchas cosas que preocupan
al Fondo que dirige Rodrigo Rato se encuentra la evolución
de la inflación.
Burbuja
financiera. Aunque hay más motivos. En este momento,
el 37% de la deuda argentina está denominada en dólares
e indexada a la evolución de los precios (tasa CER). Si la
inflación se desmadra, la factura podría ser muy costosa
para el Estado argentino. Según algunas estimaciones, los
6.700 millones de pesos (1.941 millones de euros) de Bonos del Gobierno
Nacional a amortizar de 2014 (Boden 2014) emitidos este año
en moneda nacional y vinculados a la tasa CER podrían convertirse
en 15.000 millones (4.346 millones de euros) en la fecha de vencimiento
si la inflación continúa por encima del 10% anual.
La
situación es complicada. Por eso Kirchner está empleando
todos los medios a su alcance para enderezar esta vital variable
macroeconómica. Con este objetivo, el Gobierno negó
recientemente un aumento de las jubilaciones del 10% y está
en negociaciones con diferentes sectores económicos para
impedir que suban los precios. Además, ha anunciado que este
año, y probablemente el próximo, no se volverán
a emitir títulos indexados a la inflación, los instrumentos
preferidos en estos momentos por los inversores extranjeros.
El
Ministerio de Economía realizó este último
anuncio esta semana. El objetivo es mantener el tipo de cambio en
el entorno de los tres pesos por dólar, una cotización
que el titular de esta cartera, Roberto Lavagna, se ha comprometido
a mantener en los próximos tres años.
Con
esta iniciativa, la Administración argentina pretende evitar
que estalle una peligrosa burbuja financiera en el país.
Al no emitir títulos en pesos indexados a la tasa CER se
evita que los inversores utilicen este instrumento para comprar
moneda doméstica con dólares y después, una
vez cobrada la rentabilidad ofrecida (16%, una tasa superior a la
inflación) en pesos, adquirir de nuevo dólares. Una
estratagema que, según teme el Gobierno, podría generar
la mencionada burbuja financiera y distorsiones en los mercados
de divisas, puesto que se producen presiones alcistas sobre el peso,
y sobre la evolución de la inflación, debido a que
para evitarlo el Banco Central de la República Argentina
(BCRA) se ve obligado a emitir más dinero con el fin de sostener
la cotización del dólar, lo que empuja los precios
al alza.
Multas
ejemplares. La influencia de estas medidas sobre la inflación
todavía está por ver. Pero, por si acaso, Kirchner
no se ha limitado a tomar decisiones de tipo técnico sino
que, además, ha comenzado a vigilar de cerca a las empresas,
a las que, en más de una ocasión, ha culpado del aumento
de los precios. Este acoso ha dado resultados.
Esta
misma semana, el Gobierno argentino ha impuesto una multa de
108 millones de dólares (89,88 millones de euros) a las cinco
principales empresas productoras de cemento del país (Loma
Negra y Cementos San Martín, Minetti, Cemento Avellaneda
y Petroquímica Comodora Rivadavia). Juntas acaparan el 80%
del mercado nacional y se las acusa de pactar entre ellas los precios
de venta y repartirse el mercado doméstico durante nada menos
que 18 años, entre 1981 y 1999. Una actitud que, según
Lavagna, provocó el aumentó de los precios en el sector
de la construcción durante esa década.
La
sanción ha sido ejemplar. Es la mayor que ha impuesto jamás
la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC).
Kirchner ha calificado la multa de "saludable"
porque se ha decidido siguiendo los procedimientos legales. Las
cementeras, como era de esperar, no están de acuerdo. Niegan
las acusaciones y han anunciado que recurrirán la sentencia.
Pero
no es esta la única sanción que se ha producido en
los últimos días por este motivo. El Ministerio de
Economía multó con 70 millones de pesos (20 millones
de euros) a cuatro empresas químicas que, al parecer, pactaron
los precios del oxígeno medicinal. Probablemente en las próximas
semanas se produzcan más decisiones de este tipo por parte
de las autoridades argentinas.
Menos
confianza. Los esfuerzos del Gobierno de Kirchner por controlar
la inflación no convencen, de momento, a los ciudadanos porque
todavía sus efectos no han llegado a sus bolsillos. De hecho,
las compras en los supermercados han comenzado a descender por culpa
del incremento de los precios. En el mes de junio, aumentaron un
7,8%, lo que supuso un descenso del 1,9% respecto a mayo.
La
decepción ciudadana también se aprecia en las encuestas.
El Índice de Confianza en el Gobierno (IGC) muestra en estos
momentos el registro más bajo desde que el presidente Néstor
Kirchner llegó al poder. Los responsables del estudio elaborado
por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina)
consideran que el malestar de los argentinos puede responder a varias
causas, entre ellas su descontento por el incremento de la inflación.
El ICG tiene
una escala que va de los cinco puntos (puntuación máxima)
a cero puntos (puntuación mínima) y se calcula mensualmente
sobre una muestra de 800 encuestas realizadas por teléfono
en las principales provincias del país. A los consultados
se les pregunta su opinión sobre cinco asuntos: la valoración
general del Gobierno, la preocupación por el interés
general, la eficiencia en la administración del gasto público,
la honestidad de los funcionarios y la capacidad para resolver los
problemas del país.
Este índice
se colocó el pasado mes en 2,07 puntos, lo que supone un
descenso del 10% frente al mes anterior. Se trata de la cuarta caída
consecutiva. La opinión de los argentinos empeoró
respecto a las cinco consultas realizadas. El responsable de la
elaboración del ICG, Sergio Berenstein, destacó en
declaraciones al diario La Nación la velocidad a
la que ha caído el índice entre marzo y julio, un
ritmo similar al que experimentó entre marzo y agosto de
2004, cuando las preocupaciones de los argentinos estaban fundamentalmente
relacionadas con la inseguridad.
Ahora
las cosas han cambiado. Según Berenstein, hay varios motivos
que podrían explicar la menor confianza que existe en el
Gobierno de Kirchner, entre ellas, la mencionada evolución
de la inflación. Pero también podría haber
comenzado a disgustar a los argentinos el peculiar estilo del presidente
y el hecho de que parezca que el Gobierno está en campaña
permanente. En las elecciones de octubre el mandatario argentino
tendrá ocasión de comprobar cuál es el actual
estado de ánimo de sus conciudadanos.
|