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Viernes
29 de julio de 2005
El
impacto del Protocolo de Kioto en la sociedad española afecta
sobretodo al sector eléctrico
El
dióxido de carbono por las nubes
Por
Alberto Miguel Arruti
Del
Protocolo de Kioto se ha hablado mucho ayer. Y se seguirá
hablando y escribiendo, porque está causando profundos quebraderos
de cabeza a la industria española. No entramos en el debate
sobre el cambio climático. Son muchos los científicos
que opinan sobre el mismo y le atribuyen grandes desgracias, que
traerá a nuestro planeta. Pero también hay científicos,
y de mucho prestigio, que ponen en duda el cambio climático,
al menos el actual. La Tierra, según ellos, ha experimentado
a lo largo de su historia muchos y diversos cambios climáticos.
Y nuestro planeta sigue. Y detrás de todo esto del Protocolo
de Kioto se esconden, según estos mismos científicos,
oscuros intereses económicos y políticos.
Pero
dejemos esta disputa a un lado. El Protocolo ha sido aceptado por
la Unión Europea. Y, en consecuencia, por España.
Hace un año nuestro Gobierno calculaba en unos 90 millones
de euros la inversión empresarial necesaria para la compra
de derechos en emisiones contaminantes. En este momento, esta carga
se ha multiplicado por tres. Lo que representa más de 270
millones. Si, además, tenemos en cuenta el déficit
total de dióxido de carbono frente a la petición más
amplia formulada por las empresas, la inversión total para
cumplir el Protocolo alcanza los 472 millones de euros. Dicho de
otra forma, cinco veces más que la previsión, que
había hecho el Gobierno.
El
Protocolo afecta, sobre todo, al sector eléctrico. Y también
al refino de petróleo, a la siderurgia, a las industrias
del cemente y de la cal, a las del vidrio y cerámica, a las
del papel y cartón y a otras más. Si nos referimos
solamente a la industria siderúrgica, la asignación,
según el Gobierno, de millones de toneladas de CO2, era de
11,23. En cambio, la petición de este sector, es de 12,30,
la diferencia es de 1,07. Hace un año, el precio de la tonelada
de CO2 era de 10 euros. Ahora, es de 30 euros. Luego el coste, en
millones de euros, hace un año, era de 10,7. Ahora lo es
de 32,1. Un razonamiento similar podríamos hacer para los
otros sectores de empresas afectados por el Protocolo. Empresas
como Arcelor, Acerinox, en el campo de la siderurgia, y Unión
Fenosa, Gas Natural, Vidrala, Cementos Molins, y otras muchas se
encuentran en esta difícil coyuntura. Las causas de esta
subida del precio son múltiples. Podríamos citar la
fuerte sequía en Europa, los altos precios del petróleo,
carbón y gas, la escasez de derechos en la industria europea
y los registros nacionales, que han permitido entrar a las compañías
en la bolsa de dióxido de carbono en el último momento,
como algunas circunstancias, que pueden explicar esta subida de
precios.
Según
el Plan Nacional de Asignación (PNA) de emisiones, cada instalación
(hay 957 instalaciones incluidas en el Plan) recibió, en
el pasado enero, una cifra de derechos de emisión, que no
puede superar. Si sus emisiones son mayores, la empresa debe acudir
al mercado europeo. Esta es la situación tal y como se presenta
en este momento. Basta su enunciado para comprender que es preocupante.
En
cuanto al sector eléctrico, el Protocolo parece llamado a
actuar sobre los precios de la luz y a modificar la actual estructura
de la tarifa eléctrica, porque su coste no podrá reacer
exclusivamente sobre las empresas.
No
se tiene todavía claro cómo será el impacto
contable del Protocolo. Aunque el Comité de Normas Internacionales
de Contabilidad (IASB) emitió a finales del pasado año,
una guía sobre esta cuestión.
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