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Viernes
29 de julio de 2005
Las
tensiones financieras dividen al mayor sindicato de EEUU
El
dinero de los trabajadores Por
J. Jameson Hasta
mañana no será oficial, pero ya puede darse por descontado. La AFL-CIO,
la mayor federación sindical de EEUU que representaba hasta ahora a 10
millones de trabajadores, un 12,5% de la población activa, será
abandonado por el 30% de sus afiliados. Justo antes del Congreso en que está
histórica Confederación, cumple su 50 aniversario. Los
trabajadores del gremio de la logística, los Teamsters, que dirige James
Hoffa, fueron los primeros en manifestar su disposición a abandonar la
Confederación, tras ellos los del Sindicato de Servicios, en total tres
de los diez millones de afiliados con que contaba hasta ahora AFL-CIO formarán,
a partir del Congreso constituyente del próximo mes una nueva unión.
Hoffa,
poseedor de un apellido histórico en el sindicalismo de clase estadounidense
asegura que para su organización ha sido muy duro tomar esta determinación,
pero que los actuales dirigentes de AFL-CIO no han querido negociar sobre bases
sólidas de cambio y que la situación era insostenible para ellos.
No querían la ruptura pero no veían posibilidades de mejorar.
Al
fondo de la discrepancia, los analistas políticos estadounidenses intuyen
un serio debate sobre el dinero que controlan los dirigentes de la confederación
que puede acabar teniendo un impacto decisivo en la política nacional y
que beneficiará, sobre todo al Partido Republicano. La
escisión es, según quienes defienden esta opinión, perjudicial
para los intereses del Partido Demócrata que puede perder en la batalla
una de sus principales fuentes de financiación electoral. No sólo
eso, también uno de sus grandes aportadores de efectivos humanos. Y
es así, porque precisamente las diferencias presupuestarias referentes
al uso que se le daba dar a las subvenciones, las cuotas y las ganancias financieras
de los fondos de pensiones asociados han provocado el cisma en un sindicato que
maneja un presupuesto propio de 125 millones de dólares, pero que tiene
potestad sobre una cantidad real que multiplica por veinte la oficialmente reconocida,
según los expertos consultados. Batalla.
Los disidentes culpan al actual secretario general de AFL-CIO, John Sweeney, que
será reelegido mañana, de no haber usado ese presupuesto para proporcionar
servicios a los afiliados, motivo por el que el número de trabajadores
sindicados ha caído desde 1995, el año en el que llegó al
cargo, desde el 15,5% de la población activa al 12,5% actual. Creen
que el dinero gastado en los partidos políticos no ha redundado en beneficios
tangibles para la afiliación y que buena parte de él debería
haberse utilizado en otras cosas, desde la construcción de viviendas sociales
a las promociones y descuentos en créditos y servicios sanitarios. Lazard.
Los disidentes abogan por la modernización del sindicalismo como vía
para volver a entroncar con la población laboral. Una modernización
a la que sí se ha abierto paso en otras federaciones, como la de los trabajdores
del motor que han conseguido funcionar con mucha mayor autonomía.
En el actual
proceso de negociación entre General Motors y los sindicatos para intentar
reducir los costes sanitarios, por ejemplo, la Unión de Trabajadores del
Motor, que representa al 16,9% de los empleados de la compañía,
ha contratado al banco de inversión Lazard para que les asesore. Hay mucho
dinero en juego y la posibilidad de encontrarse con un escenario plagado de huelgas
y reestructuraciones de plantilla, si no hay acuerdo. Aunque ese escenario no
afecta ahora sólo a la gran empresa de automoción de Detroit.
Los anuncios de próximas reestructuraciones de plantilla han vuelto con
fuerza al mercado laboral estadounidense durante los últimos dos meses.
En junio, según los datos del informe mensual de la consultora Challenger
Gray &Christmas, las empresas estadounidenses anunciaron su intención
de despedir a 111.000 trabajadores, lo que convirtió al pasado mes en el
peor en el último año y medio. En lo que llevamos de julio,
y sólo considerando las intenciones manifestadas por algunas grandes empresas,
el número supera los 90.000 en las reestructuraciones anunciadas por por
Sprint, Nextel, International Paper, HP, Northwest, Kodak, Ford y Kimberly.
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