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Viernes
5 de agosto de 2005
El
presidente brasileño anuncia su reelección cuando
las denuncias de corrupción y algunas presiones internacionales
condicionan su futuro político
EEUU
presiona a Lula
Por
Americaeconomica.com
Lula afronta una situación complicada. El
Gobierno de EEUU se ha propuesto como objetivo dejar 'fuera de juego'
al presidente brasileño. Para conseguirlo, ya ha dado los
primeros pasos y ha enviado a un emisario con un mensaje. Ha sido
el secretario del Tesoro de EEUU, John Snow, que ha realizado una
visita oficial al país, quien ha dejado ver que Brasil podría
tener un mejor presidente: el actual ministro de Finanzas, Antonio
Palocci.
Washington
concede a Palocci todo el mérito de los avances económicos
que Brasil ha conseguido en los últimos tres años,
cuando el Gobierno de Lula tomó las riendas del país.
Tras esta embestida estadounidense y el cada vez más tenso
clima político del país por las denuncias de corrupción
que acechan al Partido de los Trabajadores (PT), Lula ha lanzado
su contraataque y ha confirmado que se presentará en las
próximas elecciones presidenciales.
Las
intenciones de EEUU podrían ser evitar que Brasil consiga
tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas (ONU). Una aspiración que el país latinoamericano
comparte con Alemania, India y Japón, el denominado Grupo
de los Cuatro (G-4). Washington no está interesado en la
entrada de estos paises en la organización, ya que juntos
representan unos intereses muy alejados de las líneas de
actuación que pretende EEUU.
La
Casa Blanca ha elegido una opción oportunista e intenta aprovechar
la crisis política que ha desatado el escándalo de
los supuestos sobornos del PT a diputados de otros partidos aliados
para que votaran a favor de las iniciativas del Gobierno en el Congreso.
Aunque todavía no se ha conseguido demostrar la implicación
de Lula en esta trama corrupta, la incertidumbre pesa demasiado
sobre la reputación del presidente brasileño.
Una
situación inesperada para EEUU, pero de la que está
dispuesto a sacar partido. El Gobierno de Bush no quiere que se
cree un grupo organizado de países con economías emergentes
en el seno de la ONU. Este sería el caso del G-4. De momento,
la primera potencia mundial ya ha conseguido una alianza con China
para detener las reformas en el Consejo de la ONU. Estos dos países
han formado un poderoso bloque en contra de una posible ampliación
que diera cabida a los nuevos aspirantes. Pekín que en principio
estaba dispuesta a apoyar a Alemania, Brasil y La India no quiere
que Japón esté en el Consejo de Seguridad.
Pero
las pretensiones estadounidenses van más allá. EEUU
no sólo busca cerrar la puerta de la ONU a Brasil, también
quiere que la política de este país cambie de rumbo.
Para ello ya ha elegido a un nuevo hombre, a Palocci. Esta conclusión
es la que ha dejado patente el Tesoro Público de EEUU. Aunque
Snow ha viajado a Brasil para escenificar que Washington da un apoyo
incondicional a Lula en estos momentos de crisis, muchos observadores
creen que el abrazo de EEUU tiene otras intenciones muy distintas
a las declaradas.
Según
la retórica oficial, perfectamente transmitida por Snow,
el éxito de las reformas económicas que ha realizado
el Gobierno brasileño debe imponerse a las sospechas de corrupción.
Sin embargo, las constantes referencias al desgaste que este escándalo
podría tener para Lula revelan que EEUU apuesta por que sería
mejor que se retirara de la escena política.
Sólo
un día después del fin de la visita de Snow a Brasil,
el mismo mensaje se volvía a repetir. Esta vez, un grupo
de expertos procedentes de las filiales brasileñas de los
principales bancos de inversiones estadounidenses coincidie con
la opinión real, pero no revelada, del secretario del Tesoro
de EEUU. Estos expertos, en una conferencia organizada por el Consejo
de las Américas, han asegurado que el escándalo de
corrupción está afectando a la economía, por
eso, han hecho una nueva previsión de crecimiento económico
de sólo el 2,5% para este año.
Pero
además, los mismos analistas han declarado que las constantes
denuncias de corrupción están paralizando la actividad
del Gobierno brasileño. Una situación que va a traer
consigo muchas dificultades para poner en marcha nuevos proyectos
como la esperada reforma tributaria. Una de los participantes en
este foro fue la representante de Standard & Poor´s en
el país, Regina Nunes, que ha anunciado que su agencia no
mejorará la calificación del crédito brasileño,
también a causa de esta crisis de corrupción. Un cúmulo
de afirmaciones que, de nuevo, recomiendan a Lula que olvide la
reelección.
Todos
estos acontecimientos cercan a Lula. Pero el presidente brasileño
ha sorprendido a todos y ha anunciado que piensa volver a presentarse
a las próximas elecciones presidenciales. En su ciudad natal,
Guaranhuns, rodeado de sus vecinos, lanzó una advertencia
a sus opositores en el Congreso y a sus críticos internacionales
y aseguró que tendrán que "aguantarle" durante
cuatro años más, porque el pueblo brasileño
quiere su reelección.
A pesar
de la respuesta del presidente brasileño, la situación
a la que hace frente es muy delicada. Tanto si se confirma su implicación
en los sobornos, como si no, Lula va a perder mucha legitimidad
frente a los electores.
La
Comisión Ética del Congreso, que lleva a cabo la investigación
sobre este caso, no ha conseguido hasta el momento ningún
resultado. Tampoco se ha demostrado la implicación de Lula
en este escándalo, a pesar de las insistentes denuncias de
los miembros del partido laborista. Sólo existe una suma
de muchas acusaciones pero sin ninguna prueba. Así se puso
de manifiesto en la comparecencia más esperada de esta semana,
la del ex ministro de la Presidencia José Dirceu.
Quien
fuera la mano derecha de Lula ha negado una por una todas las acusaciones
del diputado Jefferson. Tal y como estaba previsto, la intervención
de Dirceu se convirtió en una verdadera lucha dialéctica
con el diputado laborista, en la que se lanzaron mutuamente insultos
y descalificaciones. Más allá de esta discusión,
la sesión no aportó nada revelador para el desenlace
de esta complicada situación política.
Al
mismo tiempo, las denuncias de este escándalo se siguen cobrando
más renuncias. Esta semana se han sumado dos nuevas bajas
a la larga lista. Una relación que va engordando desde junio
pasado, cuando Jefferson acusó al gobernante Partido de los
Trabajadores (PT) de pagar a legisladores a través de un
sistema de sobornos supuestamente financiado por el publicista Marcos
Valerio Fernandes.
En
los últimos siete días han caído Manoel Severino
do Santos, el hasta ahora presidente de la Casa de la Moneda de
Brasil, y Valdemar Costa, presidente del Partido Liberal (PL), aliado
de Lula. Ambos han dejado su cargo tras admitir que recibieron dinero
del famoso publicista.
Por
el momento, EEUU, Lula y la oposición brasileña han
jugado su primera partida. Pero es de esperar que cada uno de ellos
prepare nuevas estrategias. Lo que ocurra en la Comisión
Ética del Congreso brasileño será decisivo.
De ello podría depender el futuro político del presidente
brasileño y del país.
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