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Miércoles
17 de agosto de 2005 Las hordas de desempleados argentinos contrarias al Gobierno de Kirchner y aglutinadas en los denominados movimientos piqueteros han tomado de nuevo las calles del país. Quieren, entre otras cosas, que las ayudas sociales lleguen a todos los ciudadanos sin empleo. Pero el Gobierno austral no está dispuesto a atender estas demandas. Según algunos observadores consultados por Americaeconomica, el presidente Kirchner se encuentra en una encrucijada. Varias asociaciones de piqueteros han iniciado una semana de protestas que culminarán el viernes a las 15:00 de la tarde (hora en Argentina) con un acto en la Plaza de Mayo frente a la Casa Rosada, sede del Gobierno de Kirchner. En esta plaza ayer y hoy se concentran una veintena de organizaciones de desocupados argentinos bajo unas 40 carpas en demanda de un incremento de los planes sociales que tuvieron su réplica en varias ciudades de Buenas Aires en las que, además, se organizaron marchas de protesta. Las movilizaciones irán acompañadas también de los clásicos bloqueos de calles y cortes de carretera. Paciencia. El Gobierno de Kirchner ya ha anunciado que no atenderá las demandas de los piqueteros y que, a pesar de los trastornos que estas protestas generan en la población, no intervendrá para impedirlas. En este sentido, el ministro del Interior, Anibal Fernández, ha pedido paciencia a los ciudadanos y un poco de comprensión para evitar que las movilizaciones degeneren en actos de violencia. El presidente argentino no olvida las consecuencias de la muerte de dos piqueteros, Maximiliano Kosteko y Darío Santillán, durante el Gobierno de Eduardo Duhalde, unas muertes que obligaron a anticipar las elecciones. Algunos observadores consultados por este diario destacan que la situación provocada por los piqueteros mantiene a Kirchner en una encrucijada. En general, según aseguran estas fuentes, la sociedad reprueba tanto las manifestaciones piqueteras como "la actitud pasiva" del Gobierno: "Se trata de un tema que perjudica la imagen positiva de la Presidencia de Néstor Kirchner, quien no quiere cometer el error de su antecesor (Eduardo Duhalde), pero al mismo tiempo es sensible a la opinión pública por lo que se encuentra con un dilema respecto a cómo resolver esta cuestión". Política de desgaste. Otros expertos explican que el actual Gobierno defendió lo que llamó 'una política de desgaste' que consistió básicamente en tolerar las protestas, los cortes de calles y las manifestaciones sin reprimir tratando de minimizar las consecuencias negativas para el resto de la población, y por otro lado, siguió dando subsidios a los desocupados para reducir la conflictividad social. Estos analistas consideran que la estrategia fue un éxito porque cada vez son menos los piqueteros que van a las manifestaciones, pero advierten que "provocan el mismo caos de tránsito que cuando eran numerosos lo que provoca en la sociedad mucho mal humor". De hecho, este "mal humor" lo están aprovechando los 'duhalistas' en su enfrentamiento con Kirchner en el seno del Partido Justicialista y de cara a las próximas elecciones legislativas. La ex primera dama argentina, Hilda González de Duhalde, ha pedido mano dura contra los piqueteros en contra de la estrategia defendida por el Gobierno para atraer hacia su candidatura a los sectores sociales más descontentos con la pasividad de la Administración. El ministro de la Presidencia, Alberto Fernández, ha sido el encargado de defender la postura del Ejecutivo. A su juicio, los datos avalan que la estrategia seguida por el Gobierno es acertada: "En enero de 2002 hubo 3.000 casos de piquetes y hoy hay 80 casos al mes. Esto demuestra que el camino elegido no es el malo".
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