Viernes 12 de agosto de 2005


La división del justicialismo vuelve a ser la clave de unas elecciones en Argentina

El duelo de las primeras damas

Por Américaeconomica.com

La esposa del actual presidente argentino, Cristina Fernández, parte como favorita para liderar la lista que el peronismo presentará al Senado por Buenos Aires en las elecciones legislativas del próximo 23 de octubre. Pero su marido, el presidene de Argentina, Néstor Kirchner, desconfía. Es lógico. La rival de Fernández es Chiche Duhalde.

Chiche ha reconocido que parte en desventaja, pero ha asegurado que ya dispone del 20% de los votos. Un porcentaje que podría aumentar con la nueva alianza 'contra natura' que ha formalizado con el mayor representante del viejo menenismo en Buenos Aires, Luis Patti. Un pacto que le podría aportar otro 6% adicional. A pesar de ello, los datos continúan favoreciendo a su principal rival, Cristina Fernández, pero la intensidad con la que Néstor Kirchner ha iniciado la precampaña muestran el miedo en las filas del presidente.

Nadie se explica cómo, pero es un hecho cierto. Carlos Menem conserva una gran popularidad en Argentina, a pesar de todas las irregularidades que se atribuyen a sus gestiones en el Gobierno. El abrumador triunfo de sus candidatos y del propio Menem en La Rioja, su provincia natal, donde ganó con el 80% de los votos, demuestran las posibilidades del ex mandatario en los comicios. Si las urnas le otorgaran el acta de senador, es muy probable que también iniciara un nuevo asalto a la Casa Rosada.

Kirchner teme esta rivalidad, todavía más cuando ha perdido el apoyo de quien fue su mentor, Eduardo Duhalde. La alianza entre los duhalistas y los menenistas en Buenos Aires, que podría extenderse a otras provincias, ha convertido en muy poco relevante el golpe de efecto con que su esposa, Cristina Fernández, inició esta carrera electoral. Otra traición. El gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, abandonó a Duhalde y a Chiche, a quienes probablemente debe su cargo actual, para pasarse al enemigo, al bando de Kirchner.

No obstante, el actual mandatario también sabe que la balanza puede inclinarse a favor de su esposa y de sus propios intereses si la economía no falla. Una vez más, el futuro del presidente pasa por el acierto de su ministro de Economía, Roberto Lavagna, un hombre neutral, al menos aparentemente, en estas luchas del justicialismo. Pero que también tiene una sombra: lo nombró Duhalde.

Una circunstancia que a veces Néstor Kirchner parece olvidar, cuando se refiere despectivamente a la situación económica que heredó de su antecesor, Eduardo Duhalde. Sobre este asunto, en un programa matinal de máxima audiencia que dirige la periodista estrella Mirtha Legrand, el flemático ministro se ha limitado a decir que preferiría que el presidente hiciera un discurso distinto, pero son argumentos que se emplean en las campañas electorales.

La principal preocupación histórica de los argentinos es la inflación. Los ciudadanos de este país han vivido subidas de precios espectaculares en tiempos no demasiados remotos e inflaciones interanuales de hasta el 1.500%. Aquel fue un momento especialmente delicado, cuando el presidente Fernando de la Rúa instauró el tristemente famoso "corralito", que impedía a los argentinos disponer del dinero que tenían depositado en los bancos.

Sin duda, el más perjudicado si apareciera la más mínima sospecha de que cualquiera de esos horrores pudiera volver a producirse sería Menem. Aunque los analistas creen que la política económica que llevó a cabo el Gobierno menemista fue el origen del caos posterior, también es cierto que en aquel momento, los argentinos tenían la sensación de que vivían en un país próspero.

Por eso, mientras Cristina Fernández se mantiene en un discreto segundo plano, su esposo y presidente, Kirchner, realiza una precampaña paralela. Los argumentos del presidente se basan en hacer pública la lucha contra la inflación que dirige Lavagna y que el Gobierno ampara.

Una estrategia en la que se utiliza como arma principal lo que ellos mismos denominan "dólar alto". Una técnica con la que intentan conseguir que el peso no se aprecie contra la divisa estadounidense. Algo que afectaría directamente a las exportaciones y podría provocar una entrada masiva de capitales financieros capaces de desestabilizar la economía argentina.

Todavía es pronto para pronosticar quien ganará las elecciones. Pero una cosa es segura. La suerte de la batalla está en manos de Lavagna.

 

 

 

 

 

   

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