Los
bonos argentinos indexados a la inflación han sido
en los dos últimos meses las estrellas del mercado.
Los controles de capitales impuestos por Kirchner, de los
que estaban exentos estos títulos en el mercado primario,
y la aceleración de los precios, los convirtieron
en una buena alternativa de inversión. Pero las cosas
han cambiado. Ahora su cotización está a la
baja.
Estos
bonos no sólo se los rifaban los inversores en el
mercado primario, sino que su demanda en el secundario también
fue muy elevada lo que provocó en el mes de julio
un incremento de su cotización del 20%. Según
una información publicada por el diario argentino
La Nación, esta tendencia se ha roto en
los últimos días y acumulan un descenso de
entre el 4% y el 8%.
Las
causas de estas caídas son básicamente tres,
según los expertos consultados por el mencionado
diario: la lógica toma de beneficios tras las ganancias
acumuladas, la aparición de otras buenas alternativas
de inversión y las menores expectativas de incremento
de los precios.
Entre
esas opciones para colocar el dinero se encuentra el dólar,
que acumula unas ganancias frente al peso del 1,25% en agosto
y cuya cotización el Gobierno argentino está
dispuesto a mantener elevada para evitar precisamente presiones
inflacionistas, y la Bolsa, cuyo índice Merval se
ha revalorizado un 1,88% en lo que va de mes.
La
inflación. La reducción de las expectativas
de inflación ha provocado que los mayores descensos
en la rentabilidad de los títulos indexados a los
precios -al índice de Coeficiente de Estabilidad
de Referencia (CER)- se concentre en los plazos más
cortos ya que a largo plazo es más complicado aventurar
qué evolución tendrá la inflación.
En
lo que va de año, y a pesar de los esfuerzos de la
Administración austral, la inflación ha crecido
por encima de las previsiones del Gobierno. En junio, se
situó en el 0,9% y el crecimiento acumulado en la
primera mitad del año fue del 6,1%. Y en julio el
crecimiento fue ya del 1%. Es probable que las medidas tomadas
por el Ejecutivo ayuden a desacelerar en los próximos
meses el aumento de los precios, lo que justificaría
el actual movimiento de los inversores respecto a la deuda
indexada a corto plazo. Si no lo consigue será complicado
que esta variable macroeconómica
logre mantenerse a final de año en el 10,5%, el máximo
que se ha fijado el Gobierno.
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