El
Premio Nobel de Economía de 2001, Joseph Stiglitz,
ha vuelto a atacar al FMI. Lo ha hecho en una conferencia
en Sao Paulo (Brasil) en la que ha defendido la forma en
la que el Gobierno argentino ha gestionado el proceso de
reestructuración de la deuda en suspensión
de pagos y su actitud rebelde frente a las exigencias del
organismo que dirige el español Rodrigo Rato. Stiglitz
ha continuado su periplo por Argentina donde al cierre de
esta edición se encontraba reunido con el presidente
austral, Néstor Kirchner.
En
el encuentro también participan el jefe de Gabinete,
Alberto Fernández. Esta tarde está previsto que el
premio Nobel participe en un seminario titulado "El
consenso de Buenos Aires. Una nueva agenda para América
Latina", en el que también intervendrán
la senadora Cristina Fernández, esposa de Kirchner,
y el secretario adjunto de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU), José Ocampo.
Es
de suponer que Stiglitz aproveche este escenario para repetir
algunas de las ideas expresadas en Sao Paulo y que seguro
serán del agrado del público. El que fuera
asesor del ex presidente de EEUU Bill Clinton entre 1993
y 1995 y economista jefe del Banco Mundial (BM) entre 1997
y 2000 defendió la gestión de Kirchner en
el proceso de reestructuración de la deuda en default
y criticó la labor del FMI. Todo un apoyo para
un mandatario que siempre, al menos en público, mostró
su disconformidad con las recetas del organismo y que todavía
tiene pendiente la firma de un acuerdo con el Fondo; pacto
que, de momento, se mantiene en un segundo plano entre las
prioridades de la Administración austral ante la
cercanía de las próximas elecciones legislativas
del mes de octubre.
Stiglitz,
además, defendió los controles de capitales
impuestos recientemente por Argentina para evitar los movimientos
especulativos y comparó la actitud del Gobierno
austral frente a la ortodoxia económica que sigue
el Ejecutivo brasileño de Lula da Silva.
Durante
su conferencia en Sao Paulo, el economista abogó
por una nueva estructura en Latinoamérica que tenga
en cuenta la igualdad social y el empleo y que establezca
un equilibrio entre el papel del Gobierno y el del mercado.
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