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Viernes
19 de agosto de 2005
El
Gobierno quiere que las entidades bancarias financien el déficit
fiscal del país
La
rebelión de los bancos de Puerto Rico
Por
Gema Velasco
La
dura batalla política que mantienen el Gobierno de Puerto
Rico y el Congreso -en manos de la principal fuerza de la oposición-
ha pillado en medio a los banqueros. La Administración de
Aníbal Acevedo pretende que sean ellos quienes financien
con un incremento de impuestos el déficit fiscal, un agujero
que ya le ha costado al país una rebaja de la calificación
crediticia y que se ha convertido en el eje de la pelea entre las
principales fuerzas políticas de la nación. Las entidades
financieras están muy enfadadas.
El
vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Bancos de Puerto
Rico (ABPR), Arturo Carrión, ha adelantado a Americaeconomica
que el próximo lunes 22 de agosto presentará
en el Congreso, bastión de la oposición, una ponencia
para explicar los motivos de su negativa a aceptar un incremento
de los impuestos al sector financiero. Fuentes bancarias explican
a este diario que una decisión de este tipo tendría
un efecto distorsionador en las cuentas de las entidades.
De
hecho, según han explicado algunos expertos, los inversores
están castigando
a los bancos puertorriqueños que cotizan en el mercado estadounidense
(en el Nyse o en el Nasdaq) debido al temor que suscita la posibilidad
de que el gobernador del país consiga finalmente que la Legislatura
de Puerto Rico (Congreso y Senado) apruebe un incremento de impuestos
al sector.
La
caída de las acciones. En este país, la puerta
de entrada del subcontinente al sistema financiero de EEUU, existen
14 bancos, y en el caso de la mitad de ellos sus acciones cotizan
en Nueva York. En lo que va de año, los títulos de
este conjunto de entidades han caído de media casi un 20%.
En este grupo se encuentra la filial del grupo español Santander
cuyas acciones se han depreciado un 16,6%. También está
presente en el país el BBVA, pero su subsidiaria puertorriqueña
no cotiza en Bolsa. En total, los dos bancos españoles controlan
en torno al 16% de la cuota de mercado en depósitos y créditos.
El
efecto en la cotización de un incremento de impuestos no
es lo único que preocupa a las entidades financieras. Los
banqueros están indignados no sólo con la propuesta
en si, sino con la fórmula ideada por el gobernador para
aplicarla y calificada por algunas fuentes bancarias consultadas
como "rara" y "poco recomendable".
El
proyecto de ley que el Gobierno de Acevedo ha enviado a la Legislatura
propone un impuesto adicional (lo que incrementaría la presión
fiscal sobre el sector desde el 2,5% actual hasta el 4%) que se
aplicaría durante los próximos dos años y con
el que se pretende recaudar 360 millones de dólares (295
millones de euros). Esta nueva tasa gravaría el margen de
intermediación, una idea que ha dejado descolocados a los
banqueros del país puesto que no es una práctica habitual
en ninguna nación desarrollada, y menos en EEUU, a cuyo sistema
financiero pertenecen los bancos de Puerto Rico.
Extrema
competencia. Este hecho les preocupa mucho. La vinculación
entre ambos sistemas ha generado una extrema competencia entre las
entidades de ambos países y los banqueros de la isla creen
que si se aplica el impuesto las firmas puertorriqueñas tenderán
a absorber su impacto para poder hacer frente a las estadounidenses,
lo que perjudicaría sus cuentas.
Según
comenta en su última publicación trimestral sobre
Puerto Rico el BBVA, la discriminación frente al resto de
entidades con las que compiten es triple puesto que el sector soportaría,
además de este nuevo gravamen, la contribución a las
ganancias y el impuesto sobre los dividendos.
Además,
podría haber otra consecuencia negativa para el sector en
general y para la economía del país. El impuesto podría
incentivar la realización de transacciones fuera del sistema
financiero, "lo que repercutiría negativamente sobre
la bancarización y aminoraría el efecto positivo que
el sector ejerce en el crecimiento económico", según
destaca el mencionado estudio.
Los
banqueros expondrán todos estos argumentos en contra de las
intenciones del Gobierno el próximo lunes en el Congreso,
del que depende que el proyecto del Ejecutivo se convierta en realidad.
Una suerte, sólo en principio, para las entidades financieras
ya que el partido de la oposición que controla el Parlamento
no parece que tenga ninguna intención de apoyar al Ejecutivo.
Complicaciones
políticas. De hecho, la complicada situación
política que vive el país es el origen de la actual
tensión en el sector bancario. El gobernador de Puerto Rico
fue elegido en diciembre de 2004 y pertenece al Partido Popular
Democrático (PPD), pero por primera vez en muchos años,
el control de la Legislatura cayó en manos de otro partido,
el Partido Nuevo Progresista (PNP).
Estas
son las dos principales formaciones políticas del país,
juntas se reparten el 90% del electorado, y la diferencia ideológica
fundamental entre ellas está relacionada con la forma de
entender su vinculación con EEUU. El
PPD quiere mantener el actual status quo, es decir, pretende
seguir siendo un Estado libre asociado de EEUU y mantener así
su autonomía fiscal y una cierta identidad cultural, mientras
que el PNP aspira a convertirse en un Estado más de EEUU.
La pelea entre estos dos partidos y el hecho de que uno esté
gobernando, pero sea el otro el que controla las Cámaras
es la principal baza con la que cuentan los bancos para impedir
a Acevedo conseguir que en el Congreso se apruebe el incremento
de impuestos. Aunque en estos momentos existe una gran presión
social a favor de los planes del gobernador que también tiene
su origen en el delicado equilibrio de fuerzas políticas
y en las discrepancias existentes entre el Gobierno y la oposición
a la hora de buscar soluciones al déficit público
que acumula el país.
El agujero
fiscal. El agujero fiscal comenzó a generarse a
raíz de la recesión de 2001 que afectó a EEUU
y de la que el vecino norteamericano consiguió salir bastante
mejor parado que Puerto Rico. Durante la anterior legislatura (2001-2004),
el gasto público creció a un ritmo muy superior al
crecimiento económico debido, entre otras cosas, a que a
finales de la década de los noventa hubo un cambio de política
y se concedió a los empleados públicos el derecho
de negociación colectiva, lo que dio origen a contratos laborales
más largos y costosos para las cuentas del país. Como
consecuencia, el Gobierno tuvo menos margen de maniobra para controlar
el gasto. Hay que tener en cuenta que el peso del funcionariado
en Puerto Rico no es despreciable: el Estado contrata el 20% de
la fuerza laboral de la nación.
Esta era la
situación cuando Aníbal Acevedo aterrizó en
el Gobierno del país en diciembre 2004. Un mes después,
las agencias de calificación internacional Moody's y Standard
& Poor's anunciaron que debido al déficit público
que soporta el país estaban analizando una reducción
del rating crediticio. Una amenaza que cumplieron en mayo
de 2005 tras constatar que el Gobierno, debido al bloqueo en el
Congreso, era incapaz de reconducir las cuentas públicas.
El Gobernador
había mandado dos meses antes a la Legislatura el Presupuesto
para el ejercicio fiscal (julio 2005-julio 2006) que incluía
el controvertido impuesto a la banca y otro a algunas entradas de
bienes hasta ahora libres de gravámenes con los que pretendía
reducir el déficit del 4% al 2% del PIB.
Pero al PNP
no le gustó la idea y presentaron un proyecto propio para
las cuentas del Estado que planteaba un gasto menor que el presentado
por el Gobierno de Acevedo y, además, impedía a la
Administración mover a discreción la partida de gastos
para gestionar su programa. Su objetivo era fulminar el agujero
fiscal en tan sólo un año.
Ni uno ni otro
se ha aprobado, por lo que se mantiene el presupuesto del año
fiscal anterior, que no sirve para acabar con la brecha en las cuentas
públicas.
El enfado
de los funcionarios. Ante esta situación el Gobierno
ha anunciado un programa voluntario para que los empleados públicos
se acojan a un plan de reducción de la jornada y el salario
del 20%. Un programa que, según dejó caer la Administración
Acevedo, podría convertirse en obligatorio. Esta es la baza
que ha utilizado el Ejecutivo para ganar la batalla a la oposición
y que podría complicar la vida a la banca puesto que los
sindicatos se han movilizado contra el plan del Gobierno para los
funcionarios, lo que en la práctica supone que han orientado
su protesta contra la Legislatura y su presupuesto. En su lugar
defienden las cuentas de Acevedo y su impuesto a los bancos.
Esta presión,
según algunos observadores consultados, es la que podría
obligar al PNP a reconsiderar su postura y desbloquear en el Congreso
el proyecto del Gobierno de Puerto Rico.
En cualquier
caso, sea cual sea la decisión final de la oposición,
hay una cosa segura. Este año el déficit público
(del 5,3% del PIB en 2004) disminuirá. Sólo hace falta
saber quién pagará ese agujero, si los empleados públicos
con su nómica o los banqueros de Puerto Rico con sus ingresos
del margen de intermediación. Ambos sectores están
dispuestos a pelear hasta el final y con todos los recursos a su
alcance para defender sus intereses.
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