Viernes 19 de agosto de 2005

 

DESDE EL MALECON CON...

Cuba, con el enemigo en casa

Por Aurelio Pedroso
(La Habana)

 

Los cubanos de estos últimos tiempos que optan por poner un pie en polvorosa y largarse, lo mismo para Alaska que para la distante Australia, ya no emplean tanto como primer argumento el bienestar real o ficticio que han logrado parientes o amigos que en su momento emprendieron una salida internacional con incierto derrotero.

Para la historia ya ha quedado aquella vieja foto que debía ser mostrada a principios de los sesenta en la más absoluta clandestinidad donde aparecía el tío recostado en un coche casi nuevo y de fondo un espléndido chalé. “To’esto es mío, familia. Y de ustedes cuando vengan”. Además de la foto, solían agregarse un par de cuchillitas de afeitar o varios chicles para los niños, que no perdieron la mandíbula de puro milagro porque lo masticaban semanas enteras.

Comprobado está que hoy por hoy no es tanto el cantar de tan peculiares sirenas, como los zarpazos de los monstruos terrestres que detrás de un buró hacen todo lo posible por amargarle el día a día a la gente. Tan peligrosos o más que una escuadra de marines gringos anunciando su entrada por Malecón con almuerzo en Varadero.

Si alguna vez en realidad entrara en Cuba la “made in USA” Tele Martí para “informar” y de paso subvertir un poco no el orden, sino el desorden, nunca tendría más efectividad que, por ejemplo, un individuo de oficio “despachador” que tarda más de 48 horas en enviar un equipo de reparaciones eléctricas a un edificio émulo de una discoteca donde bombillos y equipos electrodomésticos danzan hasta colapsar al compás de lo que ellos denominan técnicamente como “fluctuaciones del voltaje”

El grano-desastre aún no ha salido y una displicente telefonista intenta calmarle diciéndole que no se preocupe usted, que asumimos las averías. Algo parecido en términos de mercadotecnia a un hipotético anuncio hospitalario que rece “muérase, que luego lo resucitamos”.

Esta cuadrilla de burócratas, de funcionarios de pequeña monta pero que son capaces de enviarlo a uno al cardiovascular más cercano, ya fueron retratados en su tiempo por ese inmenso de las letras españolas llamado Mariano José de Larra, con su famoso y vigente “Vuelva usted mañana”, sólo que aquí en Cuba bien pudiera resultar que la vuelta sea dentro de seis meses o un año.

Me confesaba un ofuscado vecino ya jubilado: “Pero si es que yo no me meto con nadie. Ni salgo de la casa. Soy como una hoja seca a merced del viento. En esta semana he tenido problemas con los del gas, luego con los de la electricidad y ahora con los del teléfono. La indolencia es total. Por suerte aquí recogieron las armas porque es para llegar con una ametralladora y ‘cepillárselos’ a todos”.

Los del teléfono. Etecsa, la empresa mixta cubano-italiana ha decidido cambiar los números telefónicos en una zona de El Vedado. Vienen los técnicos, mueven cables, destapan cajas y al vecino lo dejan sin tono. Lo más natural del mundo es que alguien en la compañía acepte el reporte por vía precisamente telefónica. Pues no, en reparaciones le dicen que debe presentarse en persona ante los del departamento comercial. Y ahí está el hombre con el corazón recién operado saltándole como bala perdida por la caja torácica.

El día a día es un auténtico Vía Crucis. Y la cruz que hay que echarse en hombros es la incapacidad para solucionar un problema elemental, “querido Watson”. Asumir lo absurdo como cotidiano pudiera conducir a la ciudadanía de esta isla a un estado de pena hacia abajo.

Que luego no le carguen las culpas al imperio porque si bien es cierto que no les paga a estos funcionarios, los premia cada día por agriarles la existencia a los que nunca creyeron que la foto del tío, el Ford y la residencia eran verdaderamente de su propiedad.

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