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Después de un mes y medio de tensas
negociaciones entre los poderes políticos y las alcaldías,
el Ejecutivo boliviano ha conseguido el visto bueno del Congreso y,
finalmente, presentará una nueva oferta a las alcaldías
sobre la coparticipación fiscal del impuesto de hidrocarburos.
Ayer, el Pleno del Congreso desestimó la propuesta
del Gobierno para que las alcaldías recibieran el
60% del 32% del Impuesto Directo a los Hidrocarburos que
ingrese el Estado. Pasadas unas horas de discusión,
se ha acordado que el porcentaje que se destine a los municipios
sea del 50%. Una proposición sobre la que se tendrán
que pronunciar hoy los representantes de la Federación
de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM).
El
presidente de la Comisión de Hacienda en el Congreso,
Hugo Carvajal, ha sido el encargado de anunciar a la prensa
el nuevo acuerdo entre el Ejecutivo y el Legislativo. Según
Carvajal, la nueva propuesta establece que del 32% de los
impuestos sobre los hidrocarburos, unos impuestos que representan más
de 400 millones de dólares (324,24 millones de euros)
al año, la mitad se destinará a los municipios, mientras
que el otro 50% se ingresará en el Tesoro General
de la Nación.
Del
50% que no ingresaría en las arcas del Estado, un
75% sería para las provincias, otro 20% para los
municipios y el restante 5% para las universidades.
A
lo largo de esta tarde, la Comisión Técnica
del Congreso se reunirá con los representantes de
la FAM, a los que explicará los pormenores del nuevo
proyecto de Ley. Al cierre de esta edición no se
conoce ninguna opinión de ninguno de los representantes
de la Federación.
El
Gobierno de Rodríguez quiere firmar la paz con las
alcaldías, que amenazan con protestas desde hace
semanas para reivindicar un aumento de los recursos actuales
que reciben procedentes de la extracción de
hidrocarburos. Una petición que sólo se ampara
en la Ley Tributaria, donde se contempla que el 25% de los
impuestos sobre los hidrocarburos es el porcentaje que se debe
entregar a los municipios. De seguir todo tal y como está
encauzado, esta será la próxima reforma
fiscal del presidente Rodríguez antes de que deje
su cargo y se celebren las elecciones anticipadas en el
próximo mes de diciembre.
El
ambiente es de máxima tensión. Por un lado
la redistribución del Impuesto Directo a los Hidrocarburos
no ayuda a resolver el déficit del Tesoro General
de la Nación, que asciende a 3.700 millones de dólares
(3.075 millones de euros).
Pero
el Gobierno boliviano tiene una deuda pendiente con los
municipios, que han aceptado hasta final de año recibir
tan sólo el 12,5% de los impuestos. Una cesión
que no están dispuestos a prolongar una vez que empiece
2006. Razón por la cual quieren zanjar
esta cuestión cuanto antes, sin dejar pasar el tiempo
y sin esperar a que se configure un nuevo Gobierno.
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