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Viernes
26 de agosto de 2005
Los
mercados confían en la inocencia del ministro de Economía,
Antonio Palocci
Lula
pide calma
Por
Maria Blasco
De
nuevo, otra semana de infarto en Brasil. El presidente brasileño,
Lula da Silva, ha tenido que hacer frente al nervisiosismo generalizado
que se ha desatado en el país tras la inclusión en
la lista negra de los posibles corruptos del hombre que maneja las
riendas económicas del país, Antonio Palocci. El mandatario
ha pedido calma y al menos los inversores se han tranquilizado.
No sin antes constatar que el 'delator' de Palocci tiene como única
prueba las confidencias de un amigo ya fallecido.
La semana comenzaba mal para el Gobierno brasileño. Los inversores
mostraron su disgusto y preocupación ante la aparición
de una
nueva denuncia que relacionaba al ministro de Economía con
los casos de corrupción. El abogado
Rogerio Buratti, ex asesor de Palocci cuando éste era alcalde
de Ribeirao Preto, afirmó que el ministro de Economía
recibía en esa época dinero de una empresa (Leos &
Leos) que luego era entregado al Partido de los Trabajadores (PT).
Pero
Lula se apresuró a cerrar filas en torno a su ministro, quien,
además, reaccionó de forma muy rápida y en
seguida realizó unas declaraciones públicas en las
que proclamaba su inocencia. Palocci admitió haber recibido
dinero de Leos & Leos y otras empresas para la campaña
electoral, unos recursos que, según aseguró, se declararon
a las autoridades.
Una
tregua corta. Los mercados le creyeron y se relajaron el
lunes. Pero la tregua duró poco tiempo. Bastó el anuncio
de que Barotti tenía que testificar ante la comisión
parlamentaria (CPI) que investiga el caso de los bingos para que
huyeran despavoridos de la bolsa. Una muestra de la extrema sensibilidad
que existe actualmente entre los inversores. Temían que el
ex colaborador de Palocci pudiera presentar pruebas en contra de
Lula.
El
pesimismo fue, además, nutrido por declaraciones alarmistas
como las del presidente del Congreso, Severino Cavalcanti, quien
afirmó que "en el momento en que desconfiemos en el
hombre que dirige nuestras finanzas (en referencia a Palocci), el
país se irá a la bancarrota".
Lula
salió de nuevo a defender a su ministro. En esta ocasión,
su alegato se basó en la gestión económica
y se dedicó a respaldar las medidas tomadas
por Palocci que más disgusto generan entre su electorado
y los empresarios, como los elevados tipos de interés (tasa
selic). El presidente aseguró que la actual tasa selic, situada
en el 19,75%, es la que el país se puede permitir y afirma
que "la gente piensa que al ministro Antonio Palocci no le
gustaría hacer eso (reducirla), pero la tasa no baja porque
no se trata de una cuestión de tener ganas".
Sin
embargo, la calma a los mercados no llegó hasta que Buratti
declaró en la CPI y se comprobó que, como en otras
ocasiones, no había pruebas sólidas que relacionaran
a Palocci con los casos de corrupción. El ex asesor del ministro
ratificó las acusaciones de corrupción realizadas
ante el Ministerio Público y la Policía Federal, pero
aportó como única prueba las confidencias que le realizó
un amigo suyo que fue asesor de Palocci en su época de alcalde,
Ralf Barquete, fallecido en 2004.
Los
inversores respiraron tranquilos y finalmente la Bolsa brasileña
y el real acabaron la semana con signo positivo. Desde el lunes
y hasta el viernes el índice Ibovespa acumulaba -al cierre
de esta edición- una revalorización del 1,6% mientras
que el real subía frente al dólar un 1,23%.
Las
cuentas de Lula. Pero hubo más malas noticias. El
Tribunal de Cuentas del país ha decidido realizar una auditoría
sobre los gastos realizados con tarjetas oficiales por parte de
los poderes del Estado. Y el primero en ser investigado será
Lula y su esposa, Marisa Leticia Rocco. La oposición está
convencida de que existen gastos no aclarados relacionados con los
escándalos en el seno del PT y del Gobierno.
Según
el Tribunal de Cuentas, entre enero y junio de este año,
los gastos de la Presidencia a través de tarjetas de crédito
sumaron cuatro millones de reales (1,3 millones de euros). La investigación
intentará determinar si tal y como sospechan los partidos
de la oposición algunos de esos movimientos están
relacionados con los casos de corrupción.
Esta información se conocía el mismo día que
eligió Lula para realizar un llamamiento de tranquilidad
a la población a través de un comunicado conjunto
realizado por los representantes de los poderes del Estado. El documento
fue redactado en el Palacio de Planalto y lo firmaron, además
del mandatario brasileño, el presidente del Senado, Renán
Calheiros; el titular del Congreso, Severino Cavalcanti; el del
Tribunal Supremo Federal, Nelson Jobim, y el procurador general,
Antonio de Souza.
En el escrito
se destaca las propuestas presentadas por Lula contra el lavado
de dinero, unas iniciativas que tienen como objetivo impedir la
financiación de actividades ilegales y los proyectos para
perfeccionar el sistema político brasileño. Esta nueva
reglamentación seguramente será aprobada antes de
las elecciones de 2006.
Cae
la popularidad de Lula. A pesar de los intentos de Lula
y de su Gobierno por mostrar firmeza contra la corrupción
y sus protagonistas, los brasileños empiezan a tener serias
dudas sobre su inocencia. Eso se desprende de la brusca caída
que ha sufrido su popularidad. Según la última encuesta,
sólo el 29% de los consultados califica su Administración
como buena frente al 37% de hace tan sólo un mes. La reelección
de Lula en los comicios de 2006 se complica.
Más aún
si se tienen en cuenta los graves problemas del PT que lidera el
mandatario brasileño. El próximo 18 de septiembre
esta formación política celebra elecciones internas
y dos hombres de la misma corriente en el seno del partido están
enfrentados: el actual presidente interino, Tarso Genro, y el ex
ministro de la Presidencia José Dirceu, salpicado por los
escándalos. La lucha por asumir el máximo cargo del
PT se ha radicalizado esta semana tras el ultimátum dado
por Genro a Dirceu.
Según
aseguraba la prensa brasileña, Genro ha decidido no presentarse
en estos comicios si Dirceu no desiste de pelear en las elecciones
internas. De momento, el ex ministro de la Presidencia y ex hombre
fuerte de Lula no ha dado ninguna respuesta.
La lucha de
poder entre estos dos hombres comenzó a raíz de los
casos de corrupción. Genro fue nombrado por Lula como presidente
interino del partido pero es Dirceu quien consigue imponer su criterio
en prácticamente todas las votaciones. Una de ellas, clave
para entender la disputa, se celebró a finales de junio.
Genro defendía, en contra de la opinión de Dirceu,
que los parlamentarios del PT envueltos en los escándalos
de corrupción no pudieran disputar elecciones en 2006. Ganó
Dirceu, lo que irritó al presidente del PT y a sus seguidores.
Guerra
en el PT. Ambos contrincantes forman parte de la misma
corriente dentro del PT, la denominada del Campo Mayoritario, de
la que forman parte, entre otros, Lula, Palocci, el ex presidente
del PT José Genoino, o el ex tesorero del partido Delubio
Soares. Estos dos últimos alejados han sido alejados de sus
respectivos cargos por su presunta implicación en los casos
de corrupción.
Las peleas internas
en el seno del PT son habituales, pero no lo es que se produzcan
dentro de la misma corriente. Según asegura la prensa brasileña,
los diputados afines a Genro no descartan una división del
Campo Mayoritario para concurrir por separado a las elecciones del
PT. Estas disputas están agravando la situación generada
a raíz de los escándalos de corrupción y debilitando
al mayor partido de izquierdas de Latinoamérica de cara a
los próximos comicios.
En cualquier
caso, parece que a Lula no le preocupa todavía demasiado
lo que pueda ocurrir en las próximas elecciones presidenciales.
En sus últimas declaraciones asegura que todavía no
ha decidido si presentarse o no a la reelección. No es algo,
según sus palabras, "que me ocupe la cabeza".
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