Viernes, 25 de agosto de 2005



AMÉRICA EN FOCO

Uruguay: ejemplo a seguir

Por Juan Varde
(Buenos Aires)

 

La nueva Administración de la República Oriental del Uruguay ha demostrado su maduración democrática, dando un ejemplo de lo que debe ser la sana convivencia política, al destacar los éxitos del anterior gobierno, al que reemplazó meses atrás y que representaba otro color político.

Efectivamente, el Gobierno del Dr. Tabaré Vázquez, elevó al Congreso uruguayo la rendición de cuentas de la gestión de su predecesor, Jorge Batlle, del Partido Colorado, en la que con conceptos no exentos de elogios destacó la recuperación económica, la creación de empleo genuino y el control de los precios a partir de permitir la libre flotación de la moneda.

A pesar de que el ascenso de la izquierda al poder, inédito en el país sudamericano, llevó a algunos de sus dirigentes -especialmente los de la izquierda radicalizada- a referirse de manera reiterada a la pesada herencia recibida, sin embargo el Gobierno de Vázquez se colocó por encima de las rencillas coyunturales y rescató los resultados positivos de las políticas instrumentadas por el Gobierno colorado, recordando cómo se enfrentó la profunda crisis económica y financiera que llegó a estremecer los cimientos de Uruguay en el año 2002, tras el colapso argentino a fines de 2001.

La actual administración uruguaya subrayó la recuperación del sistema financiero como consecuencia de los avances logrados por las autoridades económicas en la reestructuración de la deuda pública y enfatizó que en el año 2004 se consolidó el proceso de recuperación y que la producción tuvo un fuerte crecimiento del 12,3%.

El dinamismo de la actividad económica posibilitó un sensible aumento de los puestos de trabajo y una acentuada mejora de algunos indicadores del mercado laboral, como por ejemplo la creación de más de 65.000 puestos de trabajo.

La destacable actitud que ha demostrado el Gobierno uruguayo dista demasiado de la arraigada costumbre a la que nos tienen habituados la mayoría de los gobiernos de la región, que no dejan pasar la oportunidad en acusar a sus predecesores de haberles dejado una pesada herencia, en lugar de administrar y gestionar como corresponde.

Este claro ejemplo de madurez política debería de ser imitado, a efectos de consolidar la convivencia democrática y fortalecer las instituciones. Sólo pretendemos que de una buena vez el resto de gobernantes se lo proponga.

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