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Viernes
26 de agosto de 2005
El
ex presidente peruano ha decidido presentarse como candidato a las
elecciones presidenciales de 2006
Fujimori
vuelve a la carga
Por
Víctor López
El
ex presidente peruano Alberto Fujimori ha decidido que se inscribirá
como candidato para las próximas elecciones presidenciales
del país en noviembre de 2006. Legalmente cumple los requisitos
de la Constitución de 1993 que él mismo estableció,
ya que nació en Lima, es mayor de 35 años y ha transcurrido
por lo menos una legislatura desde su salida del poder en 2000.
Sin embargo, parece ser que hay un elemento clave en su vida que
ha olvidado: está acusado de haber autorizado la muerte de
15 personas en Perú, tiene 20 juicios pendientes por corrupción
y se encuentra actualmente refugiado en Japón, mientras que
el Gobierno de Alejandro Toledo lucha insistentemente por conseguir
su extradición.
Para
que Fujimori pueda volver a recuperar el Poder Ejecutivo del país
todavía tiene que superar unos cuantos obstáculos.
Antes de que su candidatura en los comicios sea real, el Jurado
Nacional Electoral deberá aceptar su propuesta que, parece
ser, se convertirá en un trabajo difícil, sobre todo,
porque el Congreso de Perú aprobó en 2001 una ley,
amparada por el Tribunal Constitucional, que inhabilita las funciones
del ex presidente por un periodo de diez años.
Las formaciones
políticas de Perú están tranquilas ante las
pretensiones fujimoristas. Así lo ha hecho saber
el líder del Partido Arprista Peruano (PAP), Alan García,
quien ha declarado, que a pesar de las trabas legales para la aceptación
de la candidatura del ex presidente, le gustaría enfrentarse
a Fujimori para derrotarle y demostrar que ya no tiene el apoyo
de la población. Pero no todos los miembros del PAP parecen
estar tan calmados. El diputado aprista, Víctor Velarde,
tuvo la intención de presentar un proyecto de ley que impidiese
la inscripción de Fujimori en la candidatura. Rápidamente,
Alan García desautorizó la iniciativa del parlamentario
con una alusión histórica. Según declaró,
sería romper la tradición electoral peruana, ya que
algunos aspirantes políticos han hecho campaña desde
la cárcel.
El resto de
agrupaciones no se ha pronunciando oficialmente todavía,
pero Fujimori considera la posibilidad de que se haya producido
un pacto secreto entre el Partido Aprista, Unidad Nacional (UN)
y Acción Popular (AP) para cerrarle el paso a las elecciones
presidenciales.
Mientras tanto,
a Alan García le ha surgido un nuevo frente de combate en
la batalla contra Fujimori: un grupo de trabajo del Congreso de
Perú investigará la semana que viene al líder
aprista, sospechoso de haber negociado la solución de los
procesos judiciales de Vladimiro Montesinos, ex jefe de los servicios
secretos de Fujimori, por enriquecimiento ilícito, corrupción,
colusión y hecho pasivo. Así lo ha declarado Hilberto
Martínez, ex miembro del PAP que se separó de la formación
para trabajar como congresista independiente.
Este grupo
de trabajo fue aprobado por el Pleno del Legislativo en diciembre
de 2004 con 77 votos a favor, (de un total de 120) de los cuales
22 pertenecen a la formación aprista cuando se debatieron
las resoluciones del informe elaborado por la comisión investigadora
de los casos de corrupción entre 1990 y 2000. Fuentes internas
del PAP han asegurado a Americaeconomica.com que no existe
ningún nexo de unión y que el único objetivo
de Benítez es ganar notoriedad y protagonismo.
La supuesta
negociación se habría producido a finales de 2000
cuando García se encontraba exiliado y Montesinos huía
de las autoridades peruanas tras el escándalo de corrupción
en el régimen fujimorista. El líder del PAP retornó
en enero de 2001 después de que la Corte Suprema determinara
la prescripción de las causas pendientes contra él
y anulara las órdenes de detención.
La lucha
por la extradición. Fujimori no es el único
que tiene interés en volver a Perú. El Gobierno de
Alejandro Toledo solicita desde hace tres años su 'vuelta
a casa' mediante la extradición del ex presidente, refugiado
en Japón desde noviembre de 2000 y amparado por su doble
nacionalidad, concedida por tener padres japoneses. La primera petición
se realizó el 13 de junio de 2002 en la que se acusaba al
mandatario de haber autorizado la muerte de 15 personas en 1991
y la segunda, el 25 de junio de 2003, para que Fujimori respondiese
por el pago de 15 millones de dólares (12 millones de euros)
para permitir que Montesinos se fugara a Panamá.
Aunque hay otros
siete expedientes preparados, el Poder Judicial está esperando
a que Japón emitaalguna respuesta. Pero la única contestación
que se ha obtenido desde el país asiático han sido
las declaraciones que el miércoles hizo el embajador nipón
en Lima, Hitoshiro Ishida, quien considera que en la demanda de
extradición los indicios para cumplir la petición
no son suficientemente claros. Según Ishida, el pasado mes
de junio Japón solicitó al Gobierno de Perú
que acreditase con pruebas los cargos penales atribuidos a Fujimori,
algo que, hasta la fecha, aún no se ha producido.
Entre los círculos
políticos peruanos se critica al país nipón
por alargar el proceso con pretextos. Por eso han decidido dar otro
paso más: el Ejecutivo estudia la posibilidad de llevar la
demanda de extradición del ex presidente ante la Corte Internacional
de la Haya, según ha anunciado esta semana el titular de
Justicia, Alejandro Tuledo. Ahora, la iniciativa tendrá que
ser presentada ante el Consejo de Ministros para que determinen
el proceso a seguir.
Desde el exilio,
Fujimori sostiene que todo el proceso seguido en su contra es una
venganza política, con acusaciones basadas en relatos de
terceros que no han aportado pruebas objetivas en contra suya. Ha
contratado como su abogado defensor a César Nakazaki, quien
patrocina también legalmente a un numeroso grupo de procesados
por sus vinculaciones con la corrupción imperante en el régimen
Fujimorista.
El brazo
derecho de Fujimori ante la ley. Una Sala Penal Anticorrupción
peruana inició el pasado 18 de agosto el primer juicio por
crímenes contra la humanidad del jefe de los servicios secretos
del ex presidente Fujimori, Vladimiro Montesiones. El procesado,
a quien se le acusa de dirigir matanzas y desapariciones durante
la pasada década, podría ser condenado a 35 años
de prisión.
Montesinos,
cuya mayor condena hasta el momento ha sido de 15 años, se
enfrenta además a casi un centenar de juicios por cargos
que incluyen corrupción, usurpación de funciones,
tráfico de armas y enriquecimiento ilícito.
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