La
semana comienza mal en Brasil, con un nuevo aliado del Gobierno
en la cuerda floja, y no uno cualquiera, sino el presidente
del Congreso, Severino Cavalcanti. Varios diputados de la
oposición han pedido su renuncia hasta que se aclare
su posible implicación en los casos de corrupción.
Si
Cavalcanti, el presidente del Partido Progresista (PP),
es obligado a dimitir, la capacidad del Gobierno para sacar
adelante sus iniciativas en la Cámara baja quedará
muy limitada. El Partido Progresista (PP) estableció
una alianza con la Administración de Lula cuando
Cavalcanti accedió a la Presidencia del Parlamento
derrotando al candidato de Lula.
La
situación se complica todavía más debido
a la crisis institucional que sacude al Partido de los Trabajadores
(PT) que lidera el presidente brasileño. Algunos
de sus miembros han amenazado con abandonar esta formación
política debido a la falta de decisión a la
hora de castigar a los dirigentes acusados de corrupción.
Algunos observadores creen que el punto de inflexión
será el 18 de septiembre, cuando se celebren las elecciones
internas del partido.
Otro
que también ha abandonado su formación política
es el vicepresidente de Brasil, José Alencar, quien
este fin de semana ha anunciado su intención de desvincularse
del Partido Liberal (PL), formación que también
ha sido salpicada por los escándalos. Alencar ha
justificado su decisión, entre otras cosas, en la
necesidad de dejar al partido que decida en total libertad
si continúa apoyando o no al Gobierno de Lula después
de que algunos de sus miembros se hayan estado replanteando
en los últimos días su colaboración
con la Administración brasileña en el Congreso.
Los
extranjeros se van. Mientras tanto, y a pesar de
que Lula ha seguido insistiendo hoy en la buena marcha de
la economía, los datos comienzan a mostrar el cansancio
de los inversores ante esta brutal crisis política
que lleva ya más de tres meses dando disgustos al
Gobierno.
En
agosto, el flujo de capitales extranjeros en la Bolsa de
Valores de Brasil fue negativo. Durante el mes pasado, los inversores foráneos compraron acciones por
valor de 12.218 millones de reales (4.185 millones de euros)
y vendieron títulos por 12.338 millones (4.226 millones
de euros), por lo que el saldo negativo fue de unos 120
millones de reales (41 millones de euros) a final de mes.
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